19 diciembre 2015

Mis amigos filósofos por Imma Monsó (Filosofía en Lucha/El País)

Mis amigos filósofos
por Imma Monsó (Filosofía en Lucha/El País)
"El anteproyecto, aparte de proponer una drástica reducción de horas de filosofía, sustituye buena parte de éstas por "Educación para la Ciudadanía", materia que suena a catecismo de consignas predigeridas para conseguir mentes acríticas. Yo, de mis amigos filósofos, no aprendí consignas. Aprendí, por ejemplo, a distinguir entre conocer y pensar. Aprendí que en nuestras sociedades altamente burocratizadas puede ejecutarse cualquier acción, por malvada que sea, con tal de organizarla debidamente a través de los canales administrativos rutinarios. Dos ejemplos que forman parte de sistemas de ideas sólidos, creados por mentes con nombres y apellidos de nuestra historia de la filosofía (Kant, Max Weber, Arendt...). Ideas que nunca podrían entenderse a través de manuales de consignas, que es lo que acaban siendo asignaturas como las que se proponen en el anteproyecto.
Así pues, si el anteproyecto prospera, se condena a los estudiantes que quieran dotarse de herramientas para pensar por sí mismos a andar por ahí buscando amigos filósofos. Y dadas las circunstancias, no les será fácil encontrarlos. Claro que siempre les quedarán los libros. Pero sin la luz que las mentes bien organizadas proyectan sobre ellos, a algunas cabezas poco dotadas para la abstracción, como la mía, les resultarán abstrusos. Entonces, aparecerán los tontiastutos de siempre (por utilizar un término ferlosiano) y harán atractivas reducciones. Pero tiempo después ya nadie entenderá la fuente original, y se harán reducciones de las reducciones, y así hasta que sólo quede una idea suelta que ya no entenderá nadie, porque las ideas que no se relacionan con otras están condenadas al fracaso. Ferlosio, como buen pensador, no sólo es un gran inventor de términos. También lo es de títulos. Convendría recordar una frase profética con la que tituló, en el 93, una recopilación de artículos: "Vendrán más años malos y nos harán más ciegos". ¿No sería hermoso que, por una vez, los gestores del saber, en lugar de pasarse por el forro las ideas por las que se premia a las mentes privilegiadas, decidieran hacer caso de ellas? Sería, además, de sentido común. (Y, sin embargo, tan raro)".