25 julio 2015

Objetivos prioritarios políticos y financieros brasileños en el punto mira de la NSA revelados por nueva publicación de WikiLeaks por Glenn Greenwald y David Miranda (The Intercept)

NSA’s Top Brazilian Political and Financial Targets Revealed by New WikiLeaks Disclosure 
por Glenn Greenwald y David Miranda (The Intercept
Objetivos prioritarios políticos y financieros brasileños en el punto mira de la NSA revelados por nueva publicación de WikiLeaks
«Datos clasificados como de alto secreto de la Agencia de Seguridad Nacional, compartidos por WikiLeaks con The Intercept, revelan que la agencia de espionaje de Estados Unidos espió los teléfonos móviles y otros dispositivos de comunicación de más de una docena de altos funcionarios políticos y financieros brasileños, incluido el de la presidenta del país, Dilma Rousseff, cuyo teléfono del avión presidencial estaba también incluido en la lista. La presidenta Rousseff  regresó ayer a Brasil después de un viaje a EE.UU., que incluyó una reunión con el presidente Obama, una visita que se había retrasado durante casi dos años por el malestar causado por revelaciones anteriores de espionaje a Brasil por la NSA.

Que el teléfono móvil personal de Rousseff había sido atacado con éxito por el espionaje de la NSA es algo de lo que ya se había informado anteriormente en 2013 por Fantastico, un programa de la cadena de televisión brasileña Globo Rede. Esa revelación -junto con otras revelando la vigilancia masiva de NSA a cientos de millones de brasileños, y el ataque a la petrolera estatal del país Petrobras y su Ministerio de Minas y Energía- causó un importante distanciamiento en las relaciones entre las dos naciones. Pero Rouseff sufre ahora de debilidad interna severa como resultado de varios escándalos y una economía débil, y al parecer ya no pudo resistir los beneficios prometidos por una visita de Estado de alto nivel a Washington.
Pero estas nuevas revelaciones se extienden mucho más allá de los anteriores y es probable que revitalicen las tensiones. Además de Rousseff, la nueva lista de objetivos de la NSA incluye algunas de las más importantes figuras políticas y financieras de Brasil, como el Secretario Ejecutivo Nelson Barbosa del Ministerio de Hacienda; Luiz Awazu Pereira da Silva, un alto funcionario del Banco Central de Brasil; Luiz Eduardo Melin de Carvalho e Silva, ex Jefe de Gabinete del Ministro de Finanzas; eñ jefe de economía y finanzas del Ministerio de Relaciones Exteriores, Luis Antonio Balduino Carneiro; el ex ministro de Asuntos Exteriores y el Embajador de los EE.UU., Luiz Alberto Figueiredo Machado; y Antonio Palocci, quien anteriormente desempeñó el cargo de Jefe de Gabinete y Ministro de Hacienda, tanto de Dilma como bajo el ex presidente Luiz Inácio Lula da Silva. 
Lo más notable acerca de la lista, publicada simultáneamente por WikiLeaks, es el predominio de los funcionarios responsables de los asuntos financieros y económicos de Brasil (los últimos cuatro dígitos de los números de teléfono que aparecen están suprimidos; haga clic para ampliar): 
Al lado de cada nombre en la lista, hay códigos que indican la finalidad de la vigilancia y el grupo de analistas dentro de la NSA responsable de ella. Los códigos aparecen bajo la columna titulada "TOPI", que significa "Oficina de objetivos de interés primario."
Junto a la mayor parte de los números de teléfono de los funcionarios del gobierno está el código "S2C42", una referencia a una unidad de la NSA que se centra en la inteligencia obtenida de los líderes políticos de Brasil. El mismo código se observó en el documento del que se informó anteriormente que revela la intervención de la NSA del teléfono móvil de Dilma:
Pero aún más revelador en esta nueva lista es la designación añadida a varios de los funcionarios atacados responsables de las cuestiones financieras y económicas. Muchas de estas personas tienen un código diferente al lado de su número de teléfono -S2C5- que se refiere a la "rama política financiera internacional" de la NSA. Los brasileños son particularmente sensibles al espionaje económico de EE.UU., tanto por razones históricas (como un sello distintivo del imperialismo estadounidense y su dominación en el continente) y debido a las preocupaciones económicas actuales (por eso, la historia del espionaje por la NSA de Petrobras fue la que tuvo más consecuencias de todas las historias de vigilancia anteriores). 
Varios funcionarios brasileños expresaron su indignación por las últimas revelaciones. Gilberto Carvalho, ex Jefe de Gabinete de Lula y un alto asesor Dilma, denunció con dureza el espionaje en una entrevista con The Intercept. Describió su reacción como de "máxima indignación", declarando los hechos una "violación de la soberanía de Brasil" que EE.UU. "no tiene derecho a hacer." Carvalho agregó que el hecho de que Brasil "trate de rehacer nuestra relación con los EE.UU. no disminuye de ninguna manera la gravedad de estas nuevas revelaciones".
Por su parte, Pereira da Silva del Banco Central dijo que su reacción era adherirse completamente a la dura denuncia de la vigilancia electrónica de la NSA que figura en el discurso ante las Naciones Unidas de Dilma en septiembre de 2013 pronunciado mientras que Obama esperaba en el pasillo para hablar. Ese feroz discurso fue ampliamente considerado en Brasil como un momento álgido del liderazgo de Dilma en el escenario mundial.
En declaraciones desde la tribuna de la Asamblea General, declaró que "manipular de tal manera los asuntos de otros países es una violación del derecho internacional y es una afrenta a los principios que deben guiar las relaciones entre ellos, sobre todo entre las naciones amigas." Condenó las vigilancia masiva estadounidense como una "grave violación de los derechos humanos y de las libertades civiles", y en una poca frecuente invocación a su propia historia personal como una rebelde contra la dictadura militar opresiva de su país, dijo: "como muchos otros latinoamericanos luché contra el autoritarismo y la censura, y no puedo sino defender, de manera intransigente, el derecho a la intimidad de las personas y de la soberanía de mi país. En ausencia del derecho a la intimidad, no puede haber verdadera libertad de expresión y opinión, y por lo tanto no hay democracia efectiva". 
Otros objetivos brasileños de la lista de la NSA que acaba de darse a conocer incluyen al veterano diplomático y autor André Amado, así como un funcionario actual del Ministerio de Asuntos Exteriores, Fernando Meirelles de Azevedo Pimentel. También incluye los números de teléfono "móvil" de varios de los objetivos clave junto con los números de su oficina. Y enumera los embajadores de Brasil en París, Berlín y Ginebra, apareciendo la "residencia" oficial de este último también como objetivo.
Las preguntas planteadas a la NSA no habían sido contestadas en el momento de la publicación. Antes de la revelación del espionaje a Petrobras, la NSA insistió al Washington Post que (énfasis en el original) "El Departamento ***no*** realiza espionaje económico en ningún ámbito, incluyendo Internet." En respuesta a la información sobre Petrobras, sin embargo, el Director de Inteligencia Nacional, James Clapper, dijo que "no es un secreto que la Comunidad de Inteligencia recopila información acerca de los asuntos económicos y financieros", pero afirmó no "usar nuestras capacidades de inteligencia en el extranjero para robar los secretos comerciales de empresas foráneas en nombre de -o dar la inteligencia que recolectamos a- las empresas estadounidenses". 
La lista obtenida por The Intercept gracias a WikiLeaks fue extraída de una base de datos de la NSA. Las fechas que aparecen en la misma indican que el espionaje de varios de los funcionarios comenzó a principios de 2011, pero otros fueron ya espiados por primera vez en 2010, mientras que Lula, el predecesor de Rousseff, aún era presidente. No hay indicios de que la vigilancia se haya detenido. Más que un documento singular creado en un solo día, la lista parece ser una lista global de objetivos continuamente compilada y actualizada por la NSA. La semana pasada, WikiLeaks publicó documentos similares que muestran la vigilancia de funcionarios políticos y financieros de Francia y Alemania, el espionaje se había llevado a cabo durante muchos años.»