03 agosto 2015

Las víctimas civiles de hoy en Yemen serán ignoradas porque Estados Unidos y sus aliados son los responsables por Glenn Greenwald (The Intercept)

Today’s Civilian Victims in Yemen Will be Ignored Because U.S. and its Allies Are Responsible 
por Glenn Greenwald (The Intercept
Las víctimas civiles de hoy en Yemen serán ignoradas porque Estados Unidos y sus aliados son los responsables
«En Fayoush, Yemen, esta mañana del 6 de julio, a las afueras de Adén "un ataque aéreo masivo" alcanzó un mercado y mató al menos a 45 civiles e hirió a otros 50. Los funcionarios dijeron a AP que "los cuerpos se esparcieron después del ataque." El bombardeo se llevó a cabo por lo que normalmente se conoce como una "coalición dirigida por saudíes"; rara vez se menciona en los informes de los medios de comunicación occidentales que EE.UU. está proporcionando un apoyo muy importante a esta guerra "dirigida por los saudíes" en Yemen, ahora en su quinto mes, que de manera repetida e irresponsable ha matado a civiles yemeníes.

Debido a que estas muertes de inocentes están en manos del gobierno de Estados Unidos y sus aliados despóticos, es muy predecible la forma en que se tratará en EE.UU. El perfil de ninguna de las víctimas aparecerá en los medios de comunicación estadounidenses; sería una sorpresa si tan siquiera se menciona a alguno por su nombre. Ninguna cadena de la televisión estadounidense entrevistará a sus afligidas familias. Los estadounidenses nunca llegarán a conocer cuales eran sus aspiraciones extinguidas al morir, o a los niños que simplemente se convirtieron en huérfanos o a los padres que ahora entierran a sus bebés. En Twitter no habrá un hashtag #FayoushStrong  convirtiéndose en tendencia en EE.UU. Será como si nunca hubiera sucedido: la ignorancia es la felicidad.
Este es el patrón que se repite una y otra vez. Sólo hay que ver el pétreo y frío silencio cuando el presidente Obama, semanas después de ganar el Premio Nobel de la Paz, ordenó un ataque con misiles de crucero en Yemen, con bombas de racimo, que puso fin a la vida de 35 mujeres y niños, cuya humanidad no fue reconocida en prácticamente ninguna noticia de los medios de comunicación occidentales.
Todo eso contrasta del modo más radical con la intensidad con la que se pone el foco sobre la víctima cada vez que un estadounidense o un occidental es asesinado por un individuo musulmán. De hecho, los estadounidenses acaban de pasar la última semana siendo inundados con "advertencias" melodramáticas del Gobierno de Estados Unidos -amplificadas acríticamente como siempre por sus medios de comunicación- avisándoles de que se enfrentaban al terrorismo del monstruoso ISIS en su días más sagrado: una "amenaza" que, como de costumbre, ha demostrado ser inexistente.
Este desequilibrio en los medios de comunicación es una herramienta vital de propaganda. En el paisaje mediático estadounidense, los estadounidenses son siempre las víctimas de la violencia y el terrorismo, siempre en peligro y amenazados por musulmanes salvajes y violentos, movidos por ninguna otra razón que no sea la barbarie islámica primitiva. Esa mitología es sostenida haciendo, literalmente, desaparecer las propias víctimas de Estados Unidos, pretendiendo que no existen, negando su importancia a través de la invocación informal de clichés que se nos ha entrenado para repetir (daños colaterales) y, lo más importante de todo, nunca humanizándolos bajo ninguna circunstancia. 
Así es como se mantiene la autopercepción estadounidense de ser una víctima perpetua de terrorismo, pero nunca su autor. Es también lo que alimenta la creencia de que ellos hacen propaganda, pero nosotros no. Mientras estas muertes se oculten a la opinión pública estadounidense, la gente en esta parte del mundo no iorá mucho acerca de ellas: al igual que los estadounidenses no escucharon casi nada acerca del periodista de Al Jazeera en la prisión de Guantánamo durante anos sin cargos, Sami al-Hajj, mientras era una causa célebre en el mundo musulmán, lo que lleva a los estadounidenses a creer que sólo los países malos, pero nunca nosotros, encarcelamos a periodistas. Las diferencias resultantes de este último atentado de Yemen y tantos como él, en visiones del mundo y perspectivas, no son porque "ellos" hagan propaganda sino porque "nosotros" la hacemos