08 agosto 2015

La debacle de Merkel por Ludwig Greven (Die Zeit)

Merkels Debakel 
por Ludwig Greven (Die Zeit
La debacle de Merkel
El no de los griegos contradice la austeridad europea de la canciller. De su respuesta depende el destino de su cancillería.
«Hasta el domingo Angela Merkel era la mujer más poderosa de Europa. En la crisis del euro, como en muchos otros asuntos, los otros países seguían sus órdenes. Y esto significaba: ahorrar, ahorrar y reformar. En España, Portugal, Irlanda y Chipre los gobiernos se doblegaron a este dictado. Pero ahora se ha opuesto a sus medidas de ahorro no sólo el gobierno de izquierdas en Atenas. También el pueblo griego se ha decantado mayoritariamente en contra, aún asumiendo que el país pueda precipitarse en el caos.

Merkel como el resto de la élite gobernante de la Unión no podrá pasar por alto esta votación, les guste o no. Todos sus avisos han caído en saco roto.  Su cálculo de que los griegos al ver los bancos cerrados, un inminente colapso de la economía y la insolvencia inminente de su país votarían a favor de las medidas de austeridad propuestas por las instituciones y por lo tanto decidirían en contra de su propio gobierno, no ha funcionado. El miedo no ha triunfado, sino el espíritu de resistencia de un pueblo pequeño, pero "orgulloso". Así ha llamado la propia Merkel en repetidas ocasiones a los griegos.
La canciller se enfrenta ahora a un difícil dilema, probablemente uno de los más complejos de su cancillería: ¿Niega más concesiones a Atenas y opta por Grexit con incalculables consecuencias no sólo para Grecia, sino para toda la zona euro? O ¿Rompe su hasta ahora regla de hierro de que sólo puede haber apoyo a un país endeudado a cambio de duras condiciones? Lo que no excluiría por tanto un alivio en el pago de la deuda para Grecia.
En el primer caso, Merkel sería la primera canciller que admite que se dé un paso atrás en la construcción europea. Y quien sabe si la cosa queda en una salida (forzada) de Grecia de la eurozona, o si el país al final abandona la Unión Europea y se orienta bajo el gobierno de izquierdas de Alexis Tsipras en dirección a Moscú. ¿Quiere y puede Merkel aceptar a la vista de las amenazas actuales, entre otras la rusa, que Europa sufra una grieta y que otros países puedan seguir el mismo camino?
Después de todo, Grecia es un importante país de la OTAN en el flanco sureste de la Unión. Por lo tanto, tampoco a los Estados Unidos les da igual lo que pase allí. Y a Merkel tampoco puede darle igual ver como el país se desliza hacia el caos y cae en una situación de grave emergencia humanitaria.
Por otra parte, haciendo alguna concesión a Atenas, Merkel dejaría entrever que la política de salvación del euro que impuso hasta ahora en realidad tiene alternativas. Esto podría alentar a los movimiento de izquierda en España y Portugal, que tienen esperanzas de sacudirse el yugo de la austeridad después de las elecciones parlamentarias de otoño. Y, al mismo tiempo, fortalecería a los euroescépticos de la UE que rechazan dar más ayudas a los países endeudados -incluidos los de su propio partido. Ya ahora una parte considerable del partido de Merkel se opone radicalmente a dar más ayudas a Atenas, en caso de más concesiones esto podría ir a más, provocando una auténtica revuelta que pusiera en peligro el necesario consenso en el Bundestag.
No hay alternativa a un compromiso
Merkel tiene que sopesar todo esto. Pues la columna vertebral de su política interna es para ella tan importante como el destino de la UE y la eurozona, y un ambiente positivo en el resto de la Unión. Ante la duda se decidirá probablemente por el menor de los dos males: nuevas negociaciones con el gobierno de Tsipras. Merkel ha subrayado recientemente que el compromiso es la esencia de la Unión. Si Europa piede su capacidad de llegar a acuerdos, entonces todo se puede dar por perdido. Esto es su propia máxima.
Merkel, a diferencia de Helmut Kohl y otros antiguos diseñadores de Europa, no es una europea de corazón, sino de razón. Sabe que la prosperidad de Alemania depende de que viva en paz con los demás países del continente y que coopere económicamente con ellos. Por lo tanto, buscará también ahora un compromiso con Grecia, aunque sea complejo, y aunque probablemente implique una nueva quita de la deuda. Que Tsipras haya sacrificado a su ministro de Finanzas Yanis Varoufakis, tan  controvertido en Europa, puede considerarse como la primera concesión.
En los días anteriores al referéndum griego, Merkel no ha dirigido a Atenas ninguna palabra salida de tono, a diferencia de su vicecanciller Sigmar Gabriel. Esto deja espacio para ulteriores diálogos. Manteniéndose fiel a sí misma, el martes, cuando Merkel en la cumbre especial sobre el euro se encuentre con Tsipras, se precribirá tranquilidad. Eso es lo que ante todo necesita Europa después de los movimientos de los últimos días y semanas. Sólo si todos mantienen una cabeza fría, se llegará finalmente a un acuerdo.»