02 septiembre 2015

Grecia, Europa y los Estados Unidos por James K. Galbraith (Harper's)

Greece, Europe, and the United States 
por James K. Galbraith (Harper's
Grecia, Europa y los Estados Unidos
Una Europa progresista -la Europa del crecimiento sostenible y la cohesión social- sería una cosa. La Europa congestionada, reaccionaria, mezquina, y despiadada que existe en realidad es otra. No puede y no debe durar por mucho tiempo.
«La completa brutalidad de la posición europea sobre Grecia se puso de manifiesto la semana pasada, cuando los líderes europeos rechazaron el documento de rendición griego del 9 de junio, e insistieron en cambio en la rendición incondicional, más reparaciones. La nueva imposición (diktat) -formalmente aceptada por Grecia ayer- requiere la transferencia de activos "buenos" por valor de 50 mil millones de euros -que por cierto no existena un fondo de privatización; toda la legislación financiera aprobada desde que SYRIZA tomó el control del Parlamento en enero será revocada; y la "troika" (la Comisión Europea, el Banco Central Europeo y el Fondo Monetario Internacional) regresa a Atenas. A partir de ahora, el gobierno griego debe obtener la aprobación de estas instituciones antes de introducir cualquier legislación "relevante-de hecho, incluso antes de presentar dicha legislación para comentarios del público. En resumen: a partir de ahora, Grecia ya no es un estado independiente.

Se han trazado comparaciones con el Tratado de Versalles, que puso a Europa en el camino hacia el nazismo después del final de la Primera Guerra Mundial, pero la invasión soviética de Checoslovaquia de 1968, que puso fin al valiente experimento de independencia política de un pequeño país, podría ser una analogía casi tan apropiada. Con el aplastamiento de Checoslovaquia, la invasión también destruyó la reputación de la Unión Soviética, acabando con las ilusiones que todavía albergaban muchos simpatizantes. Por lo tanto, preparó el escenario para el colapso final del comunismo, en primer lugar entre los partidos de Europa Occidental y luego en la propia URSS.
Hace seis meses, uno podría esperar que la victoria electoral de Syriza desataría una amplia discusión sobre el fracaso de las políticas de austeridad e inspiraría una búsqueda en todo el continente de mejores soluciones. Pero una vez que quedó claro que no había apoyo para este enfoque desde España, Portugal o Irlanda; sólo una cortés simpatía de Italia y Francia; y la hostilidad implacable de Alemania y los países del norte y el este, el objetivo del partido se estrechó. El objetivo de SYRIZA se volvió forjar espacio para un cambio de política, sólo en Grecia. Salir del euro no era una opción, y el gobierno no iba a ir de farol. La única herramienta de SYRIZA fue apelar a la razón, a la opinión pública mundial, y buscar ayuda desde el exterior. Con estos recursos, los griegos pelearon con fuerza y pasión durante cinco meses. 
De esta manera, los líderes del gobierno griego pusieron una carga moral sobre Europa. El suyo era un reto basado en la visión de "crecimiento sostenible" y la "inclusión social" como se ha escrito en cada tratado europeo de Roma a Maastricht -un desafío dirigido al alma del proyecto europeo, si todavía tenía un alma. Nadie en el gobierno griego entretenía ilusiones sobre este punto; todos se dieron cuenta de que Grecia podría llegar a finales de junio debilitada, destruida e indefensa. Pero teniendo en cuenta los estrechos márgenes de maniobra, que estaban restringidos tanto por el programa de SYRIZA como por el apego del pueblo griego a Europa, era la única posibildad que tenían.
Los acreedores europeos respondieron con sorpresa, irritación, exasperación, obstinación, y, finalmente, furia. En ningún momento la lógica del argumento griego -acerca del evidente fracaso, a lo largo de los últimos cinco años, de las políticas de austeridad para producir los niveles previstos de crecimiento- llegó a producir un cambio significativo. Europa no se preocupaba por Grecia. Después de dimitir como ministro de Finanzas griego, Yanis Varoufakis describió el proceso de negociación: 
"La total falta de escrúpulos democráticos de los supuestos defensores de la democracia europea. Saber que nuestro análisis y el de ellos era el mismo... [Y sin embargo] tener a poderosas figuras antes nosotros que nos miraban de frente y nos decían: ‘Tenéis razón, pero os vamos a aplastar de todas formas’."
Lo que les preocupa  a los "líderes" de Europa es el poder. Toman postura con respecto a sus propios parlamentos y organizaciones políticas nacionales. Hay un bloque del Este, encabezado por Finlandia, que es de derechas y de línea ultra dura. Hay un grupo prisionero del modelo -España, Irlanda y Portugal- que se enfrenta a Podemos y el Sinn Fein en su país y no puede admitir que la austeridad no haya funcionado. Hay una pareja moderada, Francia e Italia, a quienes les gustaría frenar las amenazas de Marine Le Pen y Beppe Grillo. Y está Alemania, que, ahora está claro, no puede aceptar el alivio de la deuda dentro de la zona euro, ya que esa medida permitiría a otros países con problemas hacer demandas similares. El mayor acreedor de Europa se enfrentaría entonces a una colosal cancelación, y los alemanes se enfrentarían a la imponente materialización de que las vastas deudas acumuladas para financiar sus exportaciones en los últimos quince años no serían reembolsadas.
SYRIZA no fue una casualidad griega; fue una consecuencia directa del fracaso de las políticas europeas. Una coalición de ex comunistas, sindicalistas, verdes y profesores universitarios no sube al poder en ningún lugar excepto en tiempos de desesperación. Que surgiera SYRIZA, eclipsando a los nazis griegos del partido Amanecer Dorado, fue, a su manera, un milagro democrático. La destrucción de SYRIZA dará lugar ahora a una nueva reevaluación, en todo el continente, del "proyecto europeo". Una Europa progresista -la Europa del crecimiento sostenible y la cohesión social- sería una cosa. La Europa congestionado, reaccionaria, mezquina, y despiadada que existe en realidad es otra. No puede y no debe durar por mucho tiempo.
¿Qué será de Europa? Es evidente que las esperanzas de la izquierda reformista pro-europea se han terminado. Eso dejará el futuro en manos de los partidos anti-europeos, entre ellos el UKIP, el Frente Nacional en Francia, y Amanecer Dorado en Grecia. Estos son, grupos abominables, racistas y xenófobos; Amanecer Dorado ha propuesto campos de concentración para inmigrantes en su programa. La única manera de contrarrestarlos, en este momento, es que las fuerzas progresistas y democráticas se reagrupen detrás de la bandera de la restauración democrática nacional. Lo que significa que ahora la izquierda europea también se volverá en contra del euro. 
Mientras esto sucede, ¿deberían los Estados Unidos continuar apoyando al euro, alinearse con las políticas fallidas y protestas democráticas aplastadas? ¿O deberíamos hacerles saber que somos indiferentes acerca de qué países se encuentran dentro o fuera? Sin duda, la última representa la elección sensata. Después de todo, Polonia, la República Checa, Croacia y Rumania (por no hablar de Dinamarca y Suecia, o para el caso del Reino Unido) están todavía fuera y probablemente lo seguirán estando -sin embargo, nadie cree que por eso fracasarán o se inclinarán hacia Putin. Así que ¿por qué el euro -un sueño ahora claramente desvaneciéndose- debería ser apoyado? ¿Por qué la salida no debería ser una opción? Un apoyo independiente técnico, financiero y moral para aliados democráticos que buscan la salida sería, en estas condiciones, ayudar a estabilizar un clima de otro modo peligroso y destructivo