04 julio 2015

Owen Jones: "Populismo es una palabra a reivindicar". Entrevista con Owen Jones por Bárbara Celis (El confidencial)

Owen Jones: "Populismo es una palabra a reivindicar" 
Entrevista con Owen Jones por Bárbara Celis (El confidencial
«La ‘marca España’ no ha tenido éxito fuera de las oficinas de los burócratas del PP que se la inventaron. Nadie la cita cuando se habla nuestro país en el extranjero. Sin embargo el concepto de "casta" que puso de moda Podemos sí se ha popularizado hasta tal punto que Owen Jones, la voz más relevante de la nueva izquierda británica, ha optado por titular así su nuevo ensayo: The Establishment. La casta al desnudo (Seix Barral), un mordaz análisis sobre la connivencia entre políticos, banqueros, empresarios, policía y prensa británicos construida durante décadas a golpe de think tank y billetera, que eclosionó con las políticas neoliberales impuestas durante la era Thatcher y que hoy atraviesa por sus años dorados gracias a la crisis del 2008. El Reino Unido, donde la brecha entre ricos y pobres ha crecido más en los últimos cinco años que en las últimos siete décadas, se enfrenta el 7 de mayo a unas disputadísimas elecciones generales donde, sin embargo, no hay un Podemos que contrarreste el mensaje de la casta.

Owen Jones podría ser el Iñigo Errejón del Reino Unido ya que físicamente son inquietantemente parecidos y se expresan con la misma voracidad, locuacidad y  cercanía. Pero Jones, de 31 años, no ha creado un nuevo partido como el de Pablo Iglesias, aunque no niega que sueña con que algún día exista un "Podemos o un Syriza" inglés. Jones fue quien reivindicó la existencia de la clase obrera británica en su primer libro, Chavs, obligando a replantear esa idea que nos vendieron en toda Europa de que “todos somos clase media” cuando lo cierto es que la clase obrera sigue estando ahí, igual de machacada que antes “aunque ya no estén en la mina ni en las fábricas sino en los supermercados, en los call centers y en las tiendas”. Aquel libro le convirtió en el nuevo gurú de la izquierda británica y cuatro años después él mismo se define como un “activista que escribe para llevar el mensaje del cambio a la mayor cantidad de gente posible, ”, aunque a veces caiga en contradicciones.
PREGUNTA. Ha escrito un libro en contra de la casta y sin embargo en sus columnas en 'The Guardian' y en la calle hace campaña activa por los laboristas, que no se libran de ser casta. ¿Por qué?
RESPUESTA. Prefiero luchar contra un gobierno laborista que contra un gobierno tory. Estoy siendo táctico. El laborismo tiene una posición rara dentro del ‘establishment’ y que apenas desarrollé en el libro. No hay duda de que el nuevo laborismo de Tony Blair era pura casta pero lo que convierte el laborismo en algo diferente y más complicado es su conexión con los sindicatos. El laborismo se creó para darle voz a la gente que pertenecía a los sindicatos y ellos siguen siendo su columna vertebral. Si desapareciera esa conexión, el partido dejaría de existir sin duda, y daría pie a la creación de otro partido de izquierdas. El problema que tenemos en Inglaterra es que no se puede tener otro partido porque el sistema electoral británico no lo permite. Ha habido muchos intentos en los últimos 150 años y han fracasado estrepitosamente.
Dicho esto, y aunque estoy convencido de que nuestro sistema electoral acabará colapsando porque es insostenible, creo que dentro del laborismo hay gente con visiones muy de izquierdas que no son casta y aunque el laborismo no represente la alternativa radical que yo quiero, si ganaran los conservadores sería una catástrofe porque no sólo acabarían con lo poco queda del Estado del bienestar, sino con la energía de los movimientos sociales, cuya presión sí ha provocado cambios. Lo que tuvo que ocurrir en España y Grecia para que nacieran Podemos y Syriza fue que los partidos socialdemócratas atacaron los intereses de sus votantes –medidas de austeridad. por ejemplo-. Digamos que en este momento votar laborista es lo único que podemos hacer en Reino Unido.
P. ¿Cuánto puede tardar en llegar un Podemos a su país?
R. Depende de la pasofikación o ‘ psoecización’ a la que se sometan los laboristas. Si ganan y siguen defendiendo las políticas de austeridad y los recortes sociales, el partido se acaba y veremos nacer un Podemos en Reino Unido, pero quien sabe, quizás los diferentes grupos de izquierdas que hoy trabajan por separado sean capaces de obligarles a virar a la izquierda. 
P. Cuando habla de Podemos, de quien se ha declarado admirador “con cierta envidia”, menta al populismo de izquierdas. Pero populismo es una palabra con muy mala reputación.
R. Pues a mí me gustaría reivindicarla. Populismo viene de popular. La gente ya no piensa en términos de derecha e izquierda. Piensan en problemas que tienen que resolverse. Para mí el lenguaje marxista no es un problema porque he crecido en una familia trotskista y estoy familiarizado con esa retórica, pero es obvio que hay nuevas generaciones que no entienden ese lenguaje. En ese sentido creo que uno de los grandes logros de Podemos, además  por supuesto de que les voten, es haber sido ser pragmáticos: proponer políticas radicales que rompen el consenso neoliberal utilizando un lenguaje alejado de las palabras tradicionales de izquierdas o derechas. 
P. Es decir, el lenguaje es clave en la creación del mensaje político. O cultural.
R. Por supuesto. Si te fijas en la cultura hoy, el mensaje proviene fundamentalmente de las clases privilegiadas. Por un lado está la mercantilización de la cultura: se ha convertido en un producto que se compra y se vende, ya no se habla de ella como conocimiento, pero además gran parte de la cultura la produce la gente pudiente, y por tanto refleja su visión, sus prejuicios. Si a eso le unes el hecho de que la prensa es el arma más poderosa con la que cuenta el neoliberalismo, te encuentras con una cultura bastante descafeinada.  
P. ¿Ha perdido la cultura su poder, si es que alguna vez lo tuvo? 
R. Creo que la cultura hoy sirve para preservar el statu quo y excluye a millones de personas. En la televisión, en el cine, se caricaturiza a la clase baja. No se ve realmente cómo vive la gente. Solía haber una tradición de músicos que provenían de la clase trabajadora, que hablaban de sus problemas, que se implicaban políticamente, pero parece que eso también se está perdiendo. Abres las páginas de cultura de un periódico y ¿qué te encuentras? ‘Celebrities’. Es una manera de darle glamour al privilegio y la riqueza. Y si las celebrities quieren decir algo un poco controvertido, inmediatamente se les ataca con su vida privada, así que la mayoría prefiere no tomar partido políticamente. 
P. Eso le ocurrió recientemente al actor Russell Brand cuando salió a protestar a favor de más vivienda social. Se le atacó por tener una casa ‘de rico’. Él es una celebrity (un cómico) muy peculiar porque es muy activo en los movimientos sociales, es un modelo para miles de jóvenes británicos y sin embargo se enorgullece de no votar.
R. Russell Brand es muy importante porque aunque dice ‘no votes’ y yo estoy completamente en desacuerdo con él, ha creado un debate a escala nacional sobre la democracia y el voto que es muy sano. Pero él no es la razón por la que la gente joven no sienta entusiasmo por ir a votar. Son los políticos quienes les han desilusionado. Russell Brand les hace debatir sobre economía, sobre vivienda, sobre política internacional mientras que los políticos son incapaces de estimularles.
La gente joven no vota porque no tiene ninguna esperanza. No sienten que la política vaya a provocar ningún cambio real en sus vidas. Ven a los políticos distantes e irrelevantes, necesitan una política que hable su lenguaje y por eso yo paso mucho tiempo hablando con los jóvenes. La juventud no es apática como nos intentan hacer creer desde el establishment, simplemente se han resignado. Son dos conceptos muy diferentes. 
P. En su libro asegura que la derecha ha sido capaz de irle arrebatando conquistas a las clases bajas desde la era Thatcher porque se preparó muy bien durante las décadas anteriores y fue construyendo su discurso teórico poco a poco con la ayuda de think tanks y lobbys financiados por grandes empresarios que supieron aprovechar la crisis de los setenta, -igual que se ha hecho con la crisis de 2008- para plantear sus propuestas como la única alternativa posible. ¿Puede hacer la nueva izquierda de Podemos o de su propio país lo mismo sin el apoyo del dinero y de la prensa?
R. No tenemos dinero pero tenemos a la gente. Mucha gente y ahí está nuestra fuerza. Por eso necesitamos la política de la esperanza. Las injusticias son temporales y pueden superarse con la suficiente determinación y convicción