24 abril 2015

¿Ha dicho usted terrorismo? por Dominique Vidal (Le Monde diplomatique)

Vous avez dit terrorisme? 
por Dominique Vidal (Le Monde diplomatique
¿Ha dicho usted terrorismo? 
«El 11 de enero probablemente pasará a la historia como la fecha de una de las manifestaciones populares más masivas. El pueblo francés tiene esta rara habilidad de estallidos poderosos -al igual que el 13 de febrero de 1962 para enterrar a los muertos de Charonne, el 13 de mayo de 1968 para condenar la represión policial o el 1 mayo de 2002 para decir no a Jean-Marie Le Pen.
¿Pero en contra de qué marcharon millones de franceses ese día? "Terrorismo" pertenece a esa familia de palabras omnipresentes, pero que nadie sabe explicitar. La prueba es que todas las organizaciones internacionales, incluidas las Naciones Unidas, no lograron dar una definición que despertara el consenso. Y por una buena razón: el término ha cubierto, desde los ataques anarquistas de finales del siglo XIX, realidades muy diferentes.

Durante la Segunda Guerra Mundial, el ocupante la utilizó para desacreditar a la resistencia, al igual que con el famoso Cartel rojo. En Palestina, el Mandato británico calificó así el Irgún y el Grupo Stern de Menájem Beguín y Isaac Shamir -que serán el uno y el otro primer ministro de Israel. Y a su vez devolverán la acusación contra los palestinos. En Argelia, los colonizadores franceses acusan así al Frente de Liberación Nacional. Igual en Sudáfrica, donde el poder de los blancos define así también a Nelson Mandela y a sus compañeros del Congreso Nacional Africano. 
En la década de 1970, a los atentados de los movimientos de independencia, como la vasca ETA o el IRA en Irlanda del Norte, se añaden los de los grupos ultraizquierdistas: la alemana Fracción del Ejército Rojo, Acción Directa francesa y las Brigadas Rojas italianas. En la Península, la extrema derecha comete las acciones más letales. El "terrorismo islamista" toma el relevo en las siguientes décadas: por primera vez en el Líbano durante la guerra civil y luego en Francia en 1986 y 1995, y, finalmente, en los Estados Unidos el 11 de septiembre de 2001. Esto será seguido con Madrid y Londres...
Los adjetivos también son problemáticos. Cuando Anders Behring Breivik asesina a setenta y siete personas el 22 de julio de 2011 y se justifica por la defensa de la sociedad blanca en contra de la invasión musulmana, ¿qué medio de comunicación lo presenta como un "terrorista cristiano"? Pero cuando Mohamed Merah, Mehdi Nemmouche, Said y Sharif Kouachi, así como Amedy Coulibaly asesinan en serie, sus crímenes recaen sobre el Islam, como si los cinco millones de musulmanes que viven en Francia fueron los responsables de lo que hacen cinco de ellos. Las advertencias contra las amalgamas no están sirviendo para nada: se contabilizan más actos de violencia contra los musulmanes en un mes después del 7 y el 9 de enero que en todo 2014... 
Es suficiente con que jóvenes franceses -o daneses- sientan un resentimiento suficientemente profundo que los empuje al derramamiento de sangre. ¿Por qué? Es necesario responder esta cuestión si se quiere hacer frente al fenómeno, sabiendo que la respuesta policial no será suficiente. Peor aún: ésta última sirve de pretexto, hoy como ayer, para medidas liberticidas.
El caldo de cultivo para el terrorismo es cuádruple.
El primer elemento es el que el primer ministro francés, Manuel Valls llama "apartheid territorial, social y étnico." Si el punto de comparación punto por punto con el régimen blanco de Sudáfrica no se sostiene, la fórmula evoca la discriminación, la creación de guetos y el racismo que sufren los barrios llamados "sensibles". Con esta realidad francesa se combina, segundo aspecto, la aguda percepción de las intervenciones militares occidentales y sus víctimas, que han producido en Irak la organización del Estado Islámico y que han sumido Libia en el caos. Por no hablar de la afligida Palestina y la Siria desangrada. El tercer factor es el telón de fondo que constituye el pasado colonial, revivido por los intentos de aquellos que querrían pintarlo de color rosa. En cuarto elemento, el yihadismo, la contaminación del Islam por el nihilismo religioso, logra transformar el todo en un cóctel mortal...
Esto significa que la respuesta a la "amenaza terrorista" pasa por cambios radicales que afectan especialmente a la política urbana y a la política exterior. De ahí la importancia, para empezar, de la movilización de los distritos de la juventud, con la autonomía que eso implica, y en alianza con una generación sacrificada por la sacrosanta austeridad. Todo el mundo se beneficiará