11 marzo 2015

Si Arabia Saudita no aviva las llamas del infierno de ISIS ¿entonces quién? por Robert Fisk (The Independent/La Jornada)

Si Arabia Saudita no aviva las llamas del infierno de ISIS ¿entonces quién? 
por Robert Fisk (The Independent/La Jornada)
«La imagen de un musulmán siendo quemado vivo es más terrible para millones de musulmanes que la de un “infiel” quemado vivo. ¿Quiénes son los musulmanes que apoyan la inmolación de un joven jordano? Y, lo que es más importante ¿quiénes son sus jefes? Los jordanos, de los cuales más de la mitad son palestinos, ahora tendrán que debatir la dicotomía entre la lealtad tribal y la religión, y hacerse la pregunta de quiénes son sus verdaderos aliados –y sus verdaderos enemigos nacionales- en Medio Oriente. La luz bajo la cual realizan su búsqueda no hará pausa sobre la región del golfo Pérsico ni la mayoría de las naciones wahabitas ni el reino de Arabia Saudita. Dicho bruscamente: el mundo debe culpar a los sauditas del hecho de que el ISIS (Estado Islámico de Irak y Siria) es un monstruo inflamable.

Estados Unidos, donde el Departamento de Estado y el Pentágono están divididos sobre el papel fundacional de Arabia Saudita en la violencia salafista. El Departamento considera “una fuerza moderada para el bien” a la monarquía pro Occidental. El Pentágono, en cambio, sospecha que todos los caminos islamitas llevan a Riad y quiere repensar su relación con el reino. Predeciblemente, el presidente Obama denostó la “barbarie” del ISIS esta semana, el New York Times reveló que el así llamado “atacante número 20 del 9/11”, Zacarias Moussaoui quiere declarar ante una corte que una vez él entregó cartas de Osama bin Laden al entonces príncipe heredero Salman, quien hoy es el rey, y afirma también que es la realeza saudita la que ayuda a financiar a Al Qaeda.
Este reporte fue compilado por Scott Shane, quien se especializa en hacer informes de seguridad, las afirmaciones de Moussaoui se refieren a acontecimientos ocurridos hace más de 13 años. Moussaoui fue arrestado antes de los atentados del 9/11. También resulta poco probable que un funcionario de Al Qaeda de relativamente bajo nivel tuviera contacto directo con el príncipe heredero saudita o manejara la base de datos que contiene la lista de los donantes de Al Qaeda, misma que supuestamente incluye al príncipe Turki Faisal, al mayordomo de la inteligencia en el reino y el príncipe Bandar bin Sultan, además del embajador saudita en Estados Unidos, quien actualmente ha perdido popularidad.
Pero Arabia Saudita es un Estado wahabita cuya moralidad puritana del siglo XVIII definió al Talibán –movimiento que también recibió apoyo moral y financiero de los sauditas– y cuya misoginia y grotescas decapitaciones públicas después de juicios sumarios son comparables a la crueldad de los castigos del ISIS.
Los sauditas claman su inocencia, a veces a través de sus abogados, y niegan cualquier nexo con el “terrorismo”. Pero Bin Laden fue un saudita, quien en 1990 sostuvo un encuentro personal con el príncipe Turki en Pakistán. Quince de los 19 secuestradores del 9/11 eran ciudadanos sauditas. Meses después de los ataques en Estados Unidos un informe clasificado del Pentágono fue presentado por un analista de Rand Corporation, fundada en 1945 para ayudar al ejército israelí, y en él se afirmó que Arabia Saudita era “la semilla del mal” en Medio Oriente”, y que la nación estaba “activa en todos los niveles de la cadena terrorista”.
Decidir quién está financiando al ISIS, y quién debe ser culpado por su sobreviviencia, depende del grado en que el mundo crea que el “Estado Islámico” se está autofinanciando. Gobiernos Occidentales han detallado que la producción de los pozos petroleros dentro del territorio capturado por el ISIS y las vastas cantidades de dinero supuestamente robadas de los bancos de Mosul. Pero el contrabando de combustible y el saqueo de bóvedas bancarias difícilmente puede sostener a la “nación” islamita que controla un área más grande que Reino Unido.
Millones de dólares deben estar llegando a las manos del ISIS desde el exterior de Irak y Siria y la pregunta que debe hacerse es: ¿Si esto no provienen de Arabia Saudita –o Qatar– quién está proveyendo estos recursos? ¿Islandia? ¿Perú?»