24 febrero 2015

Mientras aumenta el poder de las redes sociales, la policía vigila y criminaliza lo que se dice en Internet por Glenn Greenwald (The Intercept)

With Power of Social Media Growing, Police Now Monitoring and Criminalizing Online Speech 
por Glenn Greenwald (The Intercept)
Mientras aumenta el poder de las redes sociales, la policía vigila y criminaliza lo que se dice en Internet
Al igual que todas las tecnologías que amenazan con socavar la autoridad dominante, las redes sociales, como Internet en general, está cada vez más en el punto de mira de medidas policiales de control, represión y castigo. Todo esto es parte de un esfuerzo para convertir estas nuevas tecnologías de una potencial herramienta de subversión en una que refuerce las facciones que sostienen el poder.

El 6 de marzo de 2012, seis soldados británicos murieron en Afganistán por un artefacto explosivo al borde de la carretera, a lo siguió un ritual de duelo y rabia nacional. El primer ministro, David Cameron, lo calificó como un "día desesperadamente triste para nuestro país". Un adolescente británico, Azhar Ahmed, observó la reacción durante dos días y luego fue a Facebook para señalar airadamente que los afganos inocentes asesinados por soldados británicos casi no reciben atención por parte de los medios de comunicación británicos. Opinó que los soldados del Reino Unido en Afganistán son culpables, sus muertes merecidas, y que por lo tanto iban a ir al infierno:
Al día siguiente, Ahmed fue arrestado y "acusado de un delito de orden público con agravante racial". El portavoz de la policía explicó que "no planteó su punto de vista adecuadamente y por eso ahora estaba en dificultades." El Estado procedió a procesarlo, y en octubre de ese año, fue declarado culpable "de enviar una comunicación sumamente ofensiva", multado y condenado a 240 horas de servicio comunitario. 
Mientras los manifestantes exigían que fuera encarcelado, el juez sentenció que Ahmed expresara una opinión "fuera de los límites de lo que es tolerable en nuestra sociedad", sentenciando: "Estoy convencido de que el mensaje fue gravemente ofensivo.Jerome Taylor de The Independent señaló que "eludió la cárcel en parte porque rápidamente retiró su desagradable mensaje y trató de disculparse con aquellos a los que ofendió." Al parecer, los herejes pueden ser parcialmente perdonados si renuncian públicamente a sus herejías.
Las causas penales por expresiones políticas en Internet son ahora comunes en el Reino Unido, conocido por su hostilidad a los derechos fundamentales de libertad de expresión y de prensa. Como James Bloodworth de The Independent informó la semana pasada "alrededor de 20.000 personas en Gran Bretaña han sido investigadas en los últimos tres años por comentarios hechos en línea."
Pero la persecución no es desde ningún punto de vista neutral. Al contrario, se dirige esencialmente a los musulmanes del país por expresar opiniones políticas críticas de las acciones del Estado. 
Para decirlo suavemente, no todo "discurso de odio" o apología de la violencia en línea son tratados por igual. Por ejemplo, es muy difícil imaginar que los usuarios de Facebook que sancionan la violencia por parte del Reino Unido en Irak y Afganistán, o que extienden animadversión anti-musulmana, o que piden y celebran la muerte de los habitantes de Gaza, fueran procesados de manera similar. En el Reino Unido y Europa en general, ocasionalmente aparecen casos de "discurso de odio" de la extrema derecha (la advertencia anterior de la policía de Escocia fue emitida después de que un polemista publicara chistes repelentes en Twitter acerca de los pacientes de Ebola). Pero los castigos propuestos para estas actividades raramente son más que simbólicas: multas triviales y similares. El verdadero castigo es impuesto abrumadoramente en contra de los disidentes y críticos musulmanes de Occidente.
En suma, esto no es meramente un ataque a la libertad de expresión, sino a ideas específicas. Al escribir sobre el caso de Ahmed en The Guardian, Richard Seymour, lo describió como "la última víctima de un esfuerzo concertado para redefinir el racismo como 'cualquier cosa que posiblemente podría ofender a la gente blanca'".
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