20 febrero 2015

A la riqueza le gusta acumularse por Nadine Oberhuber (Die Zeit)

Reich und Reich vermehrt sich gern 
por Nadine Oberhuber (Die Zeit
A la riqueza le gusta acumularse
La brecha entre ricos y pobres es cada vez mayor, lo que parece estar claro desde la publicación del bestseller de Thomas Piketty. Pero a los políticos parece no importarles.
«Ninguna palabra ha agitado tanto el mundo en los últimos meses como la palabra "desigualdad". Debido a que una desigualdad extrema no puede considerarse sino injusta, sobre todo cuando se trata del activo más importante, el dinero. Precisamente esto afirma Thomas Piketty en su libro El Capital en siglo XXI. Su tesis principal: el ingreso se distribuye de manera bastante desigualitaria en todo el mundo. Pero el capital se distribuye incluso más desigualitariamente pues crece más rápido que la economía.

Las grandes fortunas son cada vez más grande, la brecha entre ricos y pobres es cada vez mayor. La tesis de Piketty no dejó a nadie indiferente en 2014. La gran cuestión era: ¿Es correcta?
Rara vez el mundo de las ciencias económicas se vio tan agitado como después de la publicación de este bestseller, publicado a principio de 2014 en inglés y en noviembre finalmente también en alemán.  Para Piketty, profesor en la Escuela de Economía de París, ningún título parecía suficientemente grande: Los comentarios más tibios lo describían como la estrella en ascenso de los economistas, para otros era ya el futuro premio Nobel, era celebrado como un nuevo mesías.
Piketty había recolectado meticulosamente datos sobre la riqueza y los ingresos de muchos países y siglos, y concluido: en todo el mundo la mayoría de la riqueza se concentra en manos de unos pocos ricos y súper ricos, mientras que la inmensa mayoría de la población apenas dispone de capital. Y puesto que el capital se multiplica más rápido de lo que crece la economía, la desigualdad aumentará de manera constante en el futuro -a menos que los Estados traten de gravar las rentas altas de modo exorbitante. De lo contrario el capitalismo implosionaría en algún momento debido a la creciente desigualdad.
Mayores desequilibrios a nivel mundial
Apenas sus tesis vieron la luz del mundo, se encendió la discusión. En primer lugar, hubo una ola de aprobación; especialmente muchos economistas de izquierda aplaudieron. Pero pronto los primeros escépticos analizaron sus series de datos y conclusiones al más mínimo detalle. ¿Había Piketty confundido los números o incluso los había manipulado? Tal hecho todavía no ha sido probado, pero más allá de las incertidumbres y dudas no se puede obviar la cuestión de fondo: ¿No es acaso cierto que la distribución del dinero y la riqueza es claramente desigual? Pero, ¿qué significa esto para todos nosotros?
En realidad, hay pocas razones para dudar del reparto desigual. Tampoco del hecho de que este reparto desigual se ha intensificado en todo el mundo. Aunque en la actualidad hay unos cuantos millones menos de personas que viven en la pobreza absoluta desde que el capitalismo en China y la India ha traído mayores ingresos. Pero para los países industrializados puede dicirse: "los pobres se han vuelto más pobres, los ricos más ricos", así lo resume también la OCDE en su último informe. Durante los últimos 20 años fue el "aumento de la desigualdad generalizado y claro si bien no tan espectacular como generalmente se supone." En la última década las tasas de pobreza han aumentado en todo caso en la mayoría de los países de la OCDE. Esto ha llevado por lo demás a una "reducción de la clase media."
Para Alemania, los números son impresionantes, afirma el historiador Hans-Ulrich Wehler: Mientras en 1970, el diez por ciento más rico de la población poseía menos del 44 por ciento de la riqueza, poseerían hoy ya el 66 por ciento. Dos tercios de toda la riqueza están, pues, hoy en manos de unos pocos habitantes. La situación ha "empeorado dramáticamente", pero el gobierno escatimó a los ciudadanos estos números en su reciente informe sobre la pobreza y la riqueza, critica Wehler. Incluso el Instituto Alemán de Investigación Económica advirtió estos días: la clase media gasta todo su dinero, la República Federal presenta una divergencia en cuanto a la repartición de la riqueza cada vez más amplia. 
La sensibilidad de la opinión pública respecto a la desigualdad es muy fuerte. Según una encuesta realizada en 34 países, tres cuartas partes de los ciudadanos están de acuerdo con la frase: "Hoy en día, es muy cierto que los ricos se hacen más ricos y los pobres más pobres." Es el ocho por ciento más que hace doce años. Dos terceras partes también están preocupados porque la distribución desigual de los ingresos y la injusticia crece, dicen. "Los costos y beneficios no se distribuyen de manera uniforme" Mientras que una pequeña parte de los ricos acaparan los beneficios de la globalización, la mayoría de la población sobrelleva la carga de las condiciones inseguras del trabajo e ingresos.
Este es un punto que nadie ha cuestionado seriamente. Que la herencia de la riqueza lleva a que cada vez menos súper ricos acaparen más capital, parece por lo demás algo lógico. Incluso el hombre más rico del mundo, Bill Gates, se mostró de acuerdo en los fundamental con las tesis de Piketty. Pero Bill Gates señaló que los más ricos han obtenido su dinero más gracias a su capacidad de crear empresas que gracias a las inversiones y la gestión del capital. Si se deja al margen a Warren Buffet, esto puede ser cierto. Por supuesto, muchas personas ricas han hecho su dinero de una manera honesta sirviéndose de los medios que el mercado y la sociedad pusieron a su disposición. Sin embargo, el filósofo social Axel Honneth argumenta: Una fortuna "que destaca sobre todas las demás y asume tales proporciones como la de Bill Gates, es problemática." 
La pregunta clave es: ¿El hecho de que haya personas que gracias a su trabajo consiguen inmensas fortunas motiva a otras personas a hacer lo mismo? ¿O más bien sofoca los incentivos económicos? Piketty considera que sucede más bien esto último, y muchos están de acuerdo: dice que la creciente brecha sacude una idea fundamental del capitalismo, la idea de que el rendimiento merece la pena.  La humanidad pierde "la fe en una sociedad, en la que la desigualdad se basa más en el rendimiento y el mérito que en el parentesco y las rentas." Si los ricos ya no tienen que aportar nada, porque su capital se acumula de todos modos, mientras el resto de la gente se mata trabajando, esto resulta antes desmotivador. 
Los ricos tienen más influencia política
Ahora bien contraatacan los críticos, con las bajas tasas de interés actuales, también es difícil para los ricos acrecentar su capital. Pero este argumento es demasiado limitado. A fin de cuentas, los ricos no dependen de las inversiones de renta fija, sino que invierten su dinero gracias a los asesores financieros en el punto donde se produce una mayor rentabilidad: en las inversiones corporativas, bienes raíces, inversiones alternativas. Una puede asumir con seguridad que las grandes fortunas se multiplican muy bien a pesar de las tasas de interés bajas. Esto es confirmado por las estadísticas mundiales, como el Informe Mundial de la Riqueza publicado cada año.
Más allá del factor de motivación, la desigualdad alberga otro peligro, advierte la OCDE: se refiere a una mayor influencia política de los ricos, que consolida el tratamiento desfavorable a los pobres y les roba oportunidades de promoción. Significa una gran disparidad en la educación y la salud. Y menos cohesión social para enfrentar los peligros.
Impuestos más altos, más dinero para la educación
Cómo hacer frente a la desigualdad, es la pregunta abierta tras la obra de Piketty. ¿Es la solución la tributación extrema de las grandes fortunas? ¿O esto ralentiza el empuje que guía nuestra economía?
En Escandinavia, los impuestos son altos, y la desigualdad ha disminuido, según la OCDE. Pero la economía sumergida florece, también esto lo documenta el estudio. En Alemania, los partidos en el gobierno inventan pretextos para que no se introduzca de nuevo el impuesto sobre el patrimonio. Incluso en 2013, mientras en las negociaciones de coalición se daba como algo hecho, ahora ya ni siquiera el SPD lo defiende claramente. La nivelación de la escalada de los salarios de los ejecutivos: algo también pospuesto. Una redistribución mayor a través de la legislación fiscal: algo que sólo solidifica las estructurasdicen los críticos de Piketty como el macroeconomista Daniel Stelter. La reforma del impuesto de sucesiones: es cierto que se anunció para 2015, pero su puesta en marcha sigue abierta. Se podría invertir en educación para reducir las desigualdades, pero de hecho no se hace.
La situación es similar en otros países: en todos la palabra desigualdad pone en marcha debates, faltan sólo los hechos. Y mientras las dos partes disputan (los economistas debido a los datos y los políticos a causa de las leyes), una tercera parte se frota las manos: La élite mundial sigue viendo con gusto como aumenta su capital. No tiene que preocuparse por los detalles del debate.