28 enero 2015

A las mujeres no se nos permite acostarnos con quien nos dé la gana. Entrevista con Laurie Penny por Natascha Wey (taz.de)

Frauen ist nicht erlaubt, rumzuvögeln 
Entrevista con Laurie Penny por Natascha Wey (taz.de
A las mujeres no se nos permite acostarnos con quien nos dé la gana
La periodista Laurie Penny describe en su nuevo libro cómo las mujeres son controladas a través de su sexualidad y por qué el amor se ha convertido en nuestra nueva religión.
«taz: Señora Penny, en su nuevo libro Cosas indecibles. Sexo, mentiras y revolución compara la idea del amor romántico con la religión, que Marx llamó "el opio del pueblo". ¿A qué se refiere exactamente?
Laurie Penny: Nuestra comprensión del amor romántico posee una cualidad religiosa. En lugar de Dios somos fieles el uno al otro. Como mujer, especialmente cuando se es una mujer joven, heterosexual, es herético decir que no se cree en este concepto. Nuestra auto-afirmación depende de que podamos encontrar la pareja perfecta. Si no lo logramos, se nos considera socialmente inferiores.

¿No cree en el amor?
Creo en el amor y el romance. Pero no de la manera en que se nos invitar a creer habitualmente. Vivo en un piso con mujeres y hombres. No todos estamos en una relación, pero pensamos en cómo podemos trabajar juntos para criar a los hijos u organizar las finanzas. Mis padres no lo entienden  porque nos falta el lenguaje para este amor y esta forma de vida. Incluso usamos para el amor una sola palabra. Los antiguos griegos tenían diferentes expresiones para todas las formas posibles de amor y, por tanto, otros conceptos de vida. 
Las formas alternativas de vivienda son algo conocido, viejos conceptos de la izquierda
El feminismo está de nuevo mucho más a la izquierda que en la década de 1990. Tenemos que hablar de la parte invisible e incuestionada del sistema. El término trabajo se equiparó en el pasado exclusivamente con el trabajo productivo o en la fábrica. Eso es un error. Pues hay que ponderar también el trabajo de la mujer, el remunerado y el no remunerado, el trabajo reproductivo y el trabajo emocional. También dentro de la teoría económica y política de la izquierda. La izquierda ha perdido totalmente de vista el debate de género. En su propio detrimento.
¿Por qué hay tan pocos hombres que apoyan las demandas feministas?
Debido a que el feminismo no está de moda. Las feministas deben conectar. Se considera impropio de un hombre en el sentido tradicional y supone un riesgo para su reputación. Tengo una paciencia infinita con los hombres que están realmente dispuestos a identificarse con las aspiraciones de las mujeres. Porque muestran verdadero valor y ponen un cuestión sus propios privilegios. 
Hablemos sobre el papel de los hombres en la sociedad. Usted escribe que los hombres necesitan el feminismo. ¿Por qué?
Los hombres son a menudo muy solitarios. Todos los días tienen que demostrar que son fuertes y poderosos por sí mismos. Están atrapados en un mundo marcado por una masculinidad hostil
¿Masculinidad hostil?
En el fondo no hay nada malo en la masculinidad. El problema reside en la construcción social de la masculinidad dominante. Ahí es donde aparece cada vez más un conflicto: muchos hombres quieren vivir con las mujeres en igualdad de condiciones, es decir, negociar y, en ocasiones, ceder, mientras en los modelos dominantes de la masculinidad todavía son los héroes de la historia: personajes poderosos, fuertes e independientes, que no experimentan ninguna derrota sino sólo el éxito. Esto es confuso porque este modelo ya no es congruente con la realidad. El éxito ya no está al alcance de muchos hombres.
El feminismo es entendido hoy como un insulto, percibido como hostilidad a los hombres. El otro día alguien me dijo: no digas que eres feminista o no encontrarás a ningún hombre.
Esa frase es espléndida. Es por eso que digo de mí misma que soy feminista. Estimula a la gente, y esa es un dialogo que hay que tener. 
En su libro pide un motín de las mujeres.
, tenemos que entender que ser siempre buena, agradable y adaptada es un juego que nadie gana. Y si la crítica principal al feminismo es que a los hombres simplemente no les gusta el feminismo, respondo, el feminismo no trata de eso. El feminismo no busca hacerles sentir bien. Tenemos que utilizar el término feminismo conscientes de que es algo que perturba. 
Usted escribe que las mujeres tienen miedo de su propia ira. 
Sí, lo tienen. Hay enormes problemas en nuestras vidas como mujeres y homosexuales. En lo personal, es decir, en la forma limitada en la que es posible hoy en día ser una mujer, pero también en las estructuras sociales más amplias, es decir, en el neoliberalismo. Este sistema sólo funciona porque las mujeres de todo el mundo somos vistas según el papel que nos fue estipulado y explotadas en la medida que realizamos un trabajo no remunerado o mal remunerado.
Usted misma es atacada violentamente en público y en Internet. ¿Cómo lidia con eso?
Cuando una mujer manifiesta su opinión públicamente es insultada de modo sexista. Te dicen que has provocado esa reacción. De la misma forma que hoy es de nuevo aceptable decir a la mujeres con minifalda: "Tengan cuidado que provocan a los hombres". Tenemos que hablar acerca de por qué este argumento es una mierda.
Las mujeres en minifalda son a menudo deseadas. ¿Es este deseo ya sexista?
El problema no es el sexo, sino el sexismo: cuando el deseo es unilateral y a través de una cosificación la mujer se convierte en objeto. Este es el caso la mayoría de la veces, no es nada más que opresión. 
¿De qué manera?
Ya no vemos el sexismo porque creemos que nuestra sociedad se ha liberado sexualmente. Estamos sentadas aquí en el Soho, el barrio de los homosexuales y las trabajadoras sexuales. Pero incluso aquí, la revolución sexual nunca tuvo lugar. Porque a las mujeres y a los homosexuales, antes como ahora, no se les permite expresar su deseo de la misma forma y vivir como los hombres -y acostarse con quien les dé la gana.
¿De ahí el título del libro Cosas indecibles? ¿Del deseo sólo pueden hablar los hombres?
Exactamente. En una primera versión del libro tenía más sexo y escenas de sexo. Lo he borrado todo; he borrado todo lo que respecta a mí del libro. Y más tarde me pregunté: ¿Por qué hice eso? Debido a que como mujer es más fácil hablar de la violencia sexual, incluso de la violencia sexual que he experimentado personalmente, que de mis experiencias sexuales positivas. Las mujeres somos juzgadas mucho más rápido y más duramente.
¿Por qué con las mujeres se tiene una actitud más moralizadora? 
Debido a que se nos controla a través de nuestra sexualidad. La sexualidad femenina es siempre vista como un problema. Eche un vistazo a los debates sobre la anticoncepción y el aborto en los Estados Unidos: se hizo la guerra en contra de la libre sexualidad de las mujeres. El deseo femenino no tiene cabida en el debate político. Las mujeres que demandan y desean sexualmente son peligrosas.
¿Eso también se ve reflejado en la fuerte resistencia contra la prostitución? 
, estamos dominados por la idea de que la sexualidad de las mujeres es un instrumento de presión en una negociación. Según esta idea, las trabajadoras sexuales hacen bajar el precio porque ponen a disposición relaciones sexuales muy baratas. El sexo es algo que los hombres hacen a las mujeres. Pero en nuestra representación social no queremos que sea fácil tener sexo. Todos tenemos que pagar por el sexo, pero no con dinero. Las mujeres intercambian sexo por prosperidad, bienestar o seguridad. La prostitución amenaza esa concepción social.
¿Es posible hablar de las mujeres desfavorecidas o estigmatizados, como por ejemplo, las trabajadores del sexo, sin que ser una misma afectada? 
Por supuesto, puedo hablar de ciertos grupos vulnerables, siempre que no hable por ellos. Esa es la ventaja en Internet: si hablo sobre un determinado grupo, puedo suponer que estas personas escuchan y se defenderán. Si escribo algo equivocado acerca de las trabajadores sexuales me contestan en menos de cinco minutos y me dicen: Laurie eres una idiota. Esto es lo que quiere el feminismo. No vociferar. No gritar. Sino dialogar