13 noviembre 2014

Reconozcamos la inevitabilidad de la partición de Irak y del nacimiento de un Estado kurdo por Pierre-Jean Luizard (Tribuna de prensa)

Prenons acte de l’inévitable partition de l’Irak et de la naissance d’un Etat kurde 
por Pierre-Jean Luizard (Tribuna de prensa
Reconozcamos la inevitabilidad de la partición de Irak y del nacimiento de un Estado kurdo
«El Kurdistán iraquí navega desde 1991 hacia una independencia a la que la ocupación estadounidense de 2003 concedió un carácter irreversible. Las tres provincias de la región autónoma del Kurdistán tienen su propio estado al cual sólo le falta un reconocimiento regional e internacional. El ejército iraquí no está autorizado a entrar en territorio kurdo. Las autoridades kurdas, por lo demás, prescinden del acuerdo de Bagdad para firmas contratos petroleros con empresas extranjeras.

¿No es acaso cierto, se dirá, que el nuevo primer ministro chiíta de Bagdad ha llamado a las fuerzas kurdas en su ayuda ante la amenza del Estado Islámico? Eso prueba el estado de desmoronamiento de una institución a punto de colapsar. ¿Las fuerzas kurdas estarán dispuestas a devolver al gobierno iraquí los territorios conquistados al Estado islámico, una porción significativa de los cuales, ricas en petróleo, son uno de los "territorios" en disputa entre Bagdad y Erbil?
Por lo demás, se está desarrollando un juego a tres bandas en la que cada uno juega su propia partición sobre una base comunitaria. Las potencias occidentales ya lo han reconocido en parte: ¿han pedido permiso al gobierno "central" en Bagdad para armar un ejército kurdo que no tiene nada de nacional? En cuanto a los kurdos, ¿son el baluarte contra los yihadistas que tanto gusta describir? El rápido avance del Estado Islámico en junio, ha sido posible gracias al acuerdo con los líderes kurdos. Éste consistía en dividir entre los kurdos y el Estado islámico los territorios conquistados al derrotado ejército iraquíMosul y su llanura, para el Estado islámico; Kirkuk y los territorios en disputa, para los kurdos. La difícil situación de los cristianos en Mosul no importaba entonces a los líderes kurdos obsesionados con el Gran Kurdistán.
Para el Estado islámico, el objetivo sigue siendo Bagdad: se trata de ocupar la sede del califato abasí y de vengarse de los chiítas que ganaron la guerra sectaria de 2005-2008. Está en marcha una estrategia para cercar la capital mientras que los barrios sunitas que quedan en Bagdad se consideran una quinta columna del Estado islámico. El acuerdo con los kurdos era permitir que los yihadistas se apoderaran de la provincia de Diyala. Así Bagdad se habría visto en medio de una tenaza. Pero se encontraron con un muro: las milicias chiíes, conl apoyo del el ejército iraquí detuvieron a los yihadistas a mediados de junio. Los yihadistas han considerado a los kurdos responsables de esta primera derrota.
El Estado islámico sigue siendo un pequeño grupo cuya fuerza reside sólo en la debilidad de sus oponentes, sumidos en contradicciones insolubles. De hecho, es el único que ha afirmado públicamente la muerte del Estado iraquí, mientras lo otros actores se aferran a la ficción de un Estado iraquí. Nouri al-Maliki no es más que el representante de un sistema político fallido legado por los estadounidenses. 
IRAQ ES EL RESULTADO DEL DESMEMBRAMIENTO DEL IMPERIO OTOMANO 
En este sistema, cada actor de la clase política se ha postulado sobre bases comunitarias, étnicas y confesionales, y no sobre bases ciudadanas. Los estadounidenses tomaron los parias del antiguo sistema, chiítas y kurdos, para hacerlos gobernar juntos. Desde 2003, los excluidos son los árabes suníes (un 22% de la población iraquí). Los sunitas sufren a su vez, con mucho menos rigor, el destino que en otro tiempo padecieron los chiítas y los kurdos. A diferencia de los chiíes, los suníes de Irak han tendido a aceptar el Estado iraquí sólo si tienen su monopolio. 
Volver sobre la génesis de la "cuestión de Irak" ayuda a comprender los temas de actualidad. El Irak de hoy es el resultado de la disolución del Imperio Otomano gracias a  la Primera Guerra Mundial. Los aliados habían entonces hecho las promesas más contradictorias para suscitar movimientos hostiles al Imperio Otomano: árabes, kurdos, asirios, armenios vieron como se les prometían estados independientes u hogares nacionales, a menudo sobre los mismo territorios. 
Ninguna de estas promesas se cumplirá. Casi al mismo tiempo, el representante británico en El Cairo, Sir Henry McMahon, prometió al jerife de la Meca Hussein, el establecimiento de un califato árabe en las provincias árabes arrebatadas el dominio otomano, reemplazando el califato otomano, y los negociadores británico y francés Sykes y Picot dividieron Próximo Oriente en esferas de influencia británica y francesa. Las fronteras cortaron unidades regionales evidentes, como el valle del Eufrates,  dividido entre Siria e Irak.
Proclamado en 1920, el Estado iraquí fue construido en contra de su sociedad. Los chiíes, que representaban tres cuartas partes de los árabes de Irak, rechazaron con fuerza el nuevo estado. La revolución de 1920 puso de manifiesto ese rechazo con claridad. En 1925, el área de Mosul, donde viven los kurdos, fue incorporada a la fuerza al Estado iraquí que se define como un estado árabe. Entre 1925 y 2003, los kurdos estuvieron en guerra casi constantemente contra el Estado. En cuanto a los chiíes, después de su derrota y una larga travesía por el desierto de tres décadas, fueron animados a levantar la cabeza por un joven clero chiíta en pleno renacimiento. La revolución islámica en Irán se preparó en gran parte desde Nayaf en Irak. 
Con el regreso triunfal de Jomeini en Irán, había muchos chiíes que pensaban que la hora de la venganza había llegado a Irak. Una guerra civil latente se estaba desarrollando entre el movimiento religioso chií de vuelta en la escena política y el régimen baazista. Este régimen debería haber sido derrocado por los movimientos kurdos y chiítas en la década de 1970. Pero con el apoyo de las grandes potencias optó por extender la guerra civil en Irak atacando a Irán en 1980. Y sabemos lo que pasó a continuación, con la inexorable espiral descendente de Irak a través de sucesivas guerras, levantamientos sofocados de manera sangrienta, la tutela del país con las sanciones de la década de 1990... hasta la guerra de 2003, que hizo colapsar el primer Estado iraquí. 
El Estado islámico se beneficia del fracaso experimentado por los estadounidenses para reconstruir un Estado iraquí sobre bases comunitarias. Bagdad tendría que ser capaz de ofrecer algo mejor a la población sunita islámica de lo que le ofrecen las instituciones estatales actuales. El Estado islámico en las ciudades conquistadas ha dado el poder a las tribus y los clanes. Ciertamente, los yihadistas no son inmunes a las reversiones locales o errores en el trato con las tribus. Pero en Mosul, los representantes de las tribus y los distritos han jurado no permitir el regreso del ejército y la policía iraquí a la ciudad.
¿Hay que salvar el estado iraquí en su forma actual? Esa parece ser la pregunta que deben plantearse los diplomáticos occidentales. Un estado en pleno naufragio que sólo es capaz de guardar las apariencias gracias a la falta de consenso regional e internacional sobre su eventual desaparición.»