04 septiembre 2014

Por qué Israel miente por Chris Hedges (Truthdig)

Why Israel Lies 
por Chris Hedges (Truthdig
Por qué Israel miente
«Todos los gobiernos mienten, como  señaló I.F. Stone, Israel y Hamás incluidos. Pero Israel se involucra en la clase de mentiras asombrosas que caracterizan a los regímenes despóticos y totalitarios. No deforma la verdad; la invierte. Dibuja rutinariamente una imagen al mundo exterior que es diametralmente opuesta a la realidad. Y todos nosotros, los periodistas que hemos cubierto los territorios ocupados, nos hemos topado con las narrativas de Alicia en el País de las Maravillas, que obedientemente insertamos en nuestras historias -como mandan las normas del periodismo estadounidense, aunque sabemos que son falsas.

Vi a niños pequeños acosados y asesinados por soldados israelíes en el campamento de refugiados de Gaza de Jan Yunis. Los soldados insultaban a los chicos en árabe por los altavoces de su jeep blindado. Luego, los chicos, de unos 10 años de edad, lanzaron piedras contra un vehículo israelí y los soldados abrieron fuego, matando a algunos, hiriendo a otros. Estuve presente en más de una ocasión en la que las tropas israelíes sacaron sus armas y le dispararon a los niños palestinos de esta manera. Este tipo de incidentes, en el léxico de Israel, se convierten en niños atrapados en fuego cruzado. Estaba en Gaza cuando aviones de ataque F-16 arrojaron 1 000 libras de hierro de bombas de fragmentación sobre tugurios hacinados de la ciudad de Gaza. Vi los cadáveres de las víctimas, incluidos los niños. Esto se convirtió en un ataque quirúrgico a una fábrica de bombas. He visto a Israel demoler las casas y bloques enteros de apartamentos para crear amplias zonas de amortiguamiento entre los palestinos y las tropas israelíes que rodean Gaza. He entrevistado a familias indigentes y sin hogar, algunos acampando en toscos refugios construidos en los escombros. La destrucción se convierte en la demolición de las casas de los terroristas. Me he parado ante los restos de las escuelas -Israel atacó dos escuelas de las Naciones Unidas en los últimos seis días, causando al menos 10 víctimas mortales en una en Rafah el domingo y por lo menos 19 a otra en el campamento de refugiados de Jebaliya el miércoles-, así como ante clínicas médicas y mezquitas. He oído a Israel afirmar que los cohetes errantes o el fuego de mortero de los palestinos causaron estas y otras muertes, o que los puntos atacados estaban siendo utilizados como depósitos de armas o puntos lanzamiento. Yo, junto con cada otro periodista que conozco que ha trabajado en Gaza, nunca he visto ninguna evidencia de que Hamas utiliza a civiles como "escudos humanos".
Hay una lógica perversa en el uso repetido que Israel hace de la Gran Mentira -Große Lüge- la mentira favorita de los tiranos de Adolf Hitler y Josef Stalin a Saddam Hussein. La gran mentira alimenta las dos reacciones de Israel trata de hacer brotar: el racismo entre sus partidarios y el terror entre sus víctimas.
Al pintar un cuadro de un ejército que nunca ataca a la población civil, que, efectivamente, intenta a su manera protegerlos, la Gran Mentira dice que los israelíes son civilizados y humanos, y sus oponentes palestinos son monstruos inhumanos. La Gran Mentira sirve a la idea de que la masacre en Gaza es un choque de civilizaciones, una guerra entre la democracia, la decencia y el honor de un lado y la barbarie islámica en el otro. Y en los casos poco frecuentes en que las noticias de las atrocidades penetra al público más amplio, Israel culpa de la destrucción y las muertes a Hamás.
George Orwell en su novela 1984 llamó a esta forma de propaganda doblepensar. El doblepensar utiliza la "lógica contra la lógica" y "repudia la moralidad mientras se recurre a él." La Gran Mentira no permite los matices y contradicciones que pueden afectar la conciencia. Es una respuesta orquestada por el Estado ante el dilema de la disonancia cognitiva. La Gran Mentira no permite ninguna zona gris. El mundo es blanco y negro, bueno y malo, justo e injusto. La Gran Mentira permite a los creyentes consolarse -un consuelo que están buscando desesperadamente en su propia superioridad moral en el momento en que han anulado toda moralidad. 
La Gran Mentira, como ya el padre de las relaciones públicas en Estados Unidos, Edward Bernays, escribió, sólo está limitada por la capacidad del propagandista de comprender y aprovechar las corrientes de la psicología individual y de masas. Y puesto que la mayoría de los partidarios de Israel no tienen el deseo de conocer la verdad, una verdad que los obligaría a examinar su propio racismo y sus autoengaños acerca de la superioridad moral sionista y occidental, como manadas de perros famélicos se beben a lengüetazos las mentiras con las que los alimenta el gobierno israelí. La Gran Mentira encuentra siempre terreno fértil en lo que Bernays llamaba el "compartimento a prueba de lógica de la adhesión dogmática." Toda la propaganda efectiva, Bernays escribió,  apunta y se basa en estos  "hábitos psicológicos" irracionales .
Este es el mundo que Franz Kafka imaginó, un mundo donde lo irracional se convierte en racional. Es uno en el que, como Gustave Le Bon señaló en La multitud: un estudio de la mente colectiva, los que suministran a las masas las ilusiones anhelan convertirse en sus amos, y "quien intenta destruir sus ilusiones siempre es su víctima." Esta irracionalidad explica por qué la reacción de los partidarios de Israel frente aquellos que tienen el coraje de decir la verdad -Uri Avnery, Max Blumenthal, Noam Chomsky, Jonathan Cook, Norman Finkelstein, Amira Hass, Gideon Levy, Ilan Pappé, Henry Siegman y Philip Weiss- es tan rabiosa. Que muchas de estas voces sean judías, y por lo tanto tengan más credibilidad que las de los no-judíos que están entre las animadoras de Israel, sólo intensifica el nivel de odio. 
Pero la Gran Mentira está también conscientemente diseñada para enviar un mensaje escalofriante a los palestinos de Gaza que han perdido sus hogares, clínicas, mezquitas, la electricidad, las instalaciones de agua y alcantarillado, junto con las escuelas y los hospitales, que han sufrido 1 650 muertes desde que este asalto comenzó -la mayor parte de las víctimas mujeres y niños- y que han visto a 400 000 personas desplazadas de sus hogares. La Gran Mentira deja en claro a los palestinos  que Israel continuará librando una campaña de terror estatal y nunca va a admitir sus atrocidades o sus intenciones. La gran disparidad entre lo que Israel dice y lo que Israel hace dice a los palestinos que no hay esperanza. Israel va a hacer y decir lo que quiera. El derecho internacional, como la verdad, siempre será irrelevante. No habrá nunca, los palestinos entienden desde la Gran Mentira, un reconocimiento de la realidad por los dirigentes israelíes. 
La página web de las Fuerzas de Defensa de Israel está llena de esta propaganda negra. "Hamás explota la sensibilidad de las FDI en la protección de las estructuras civiles, en particular los sitios sagrados, al ocultar los centros de mando, depósitos de armas y entradas de los túneles en las mezquitas", se lee en el sitio de las FDI. "En el mundo de Hamás, los hospitales son centros de mando, las ambulancias son vehículos de transporte, y los médicos son escudos humanos", el sitio insiste. 
"...Los oficiales [israelíes] tienen una tarea de una enorme responsabilidad: proteger a la población civil palestina sobre tierra, no importa lo difícil que puede ser", el sitio asegura a sus visitantes. Y el sitio de las FDI ofrece esta cita de un operador de aviones no tripulados identificado como el teniente Or. "He visto personalmente los cohetes disparados contra Israel desde los hospitales y las escuelas, pero no pudimos devolver el golpe por la presencia de civiles en las inmediaciones. En un caso, teníamos un objetivo, pero vimos que había niños en la zona. Esperamos y como no se iban nos vimos obligados a abortar un ataque contra un objetivo importante". 
El embajador de Israel en Estados Unidos, Ron Dermer, en una Gran Mentira de cosecha propia, dijo el mes pasado en una conferencia de Christians United for Israel (Cristianos Unidos por Israel) que deberían darle al ejército israelí el "Premio Nobel de la Paz... el Premio Nobel de la Paz por luchar con inimaginable moderación". 
La Gran Mentira destruye cualquier posibilidad de historia y, por tanto, cualquier esperanza de un diálogo entre partes antagónicas que pueda estar fundado en la verdad y la realidad. Si bien, como Hannah Arendt señaló, los sofistas antiguos y modernos trataron de ganar una discusión a expensas de la verdad, los que ejercen la Gran Mentira "quieren una victoria más duradera a expensas de la realidad." Los viejos sofistas, dijo, "destruyeron la dignidad del pensamiento humano" los que recurren a la Gran Mentira "destruyen la dignidad de la acción humana." El resultado, Arendt advirtió, es que "la historia misma es destruida, y así su comprensibilidad." y cuando los hechos ya no importan, cuando no hay historia común basada en la verdad, cuando la gente tontamente cree sus propias mentiras, no puede haber intercambio útil de información. La Gran Mentira, que se utiliza como una porra por parte de Israel, como tal vez esté diseñada para ser, en última instancia, reduce todos los problemas en el mundo al lenguaje brutal de la violencia. Y cuando a los oprimidos sólo se les habla a través de la violencia responderán sólo a través de la violencia.»