08 septiembre 2014

El regreso de Iraq por Robin Wright (The New Yorker)

Iraq Redux 
por Robin Wright (The New Yorker
El regreso de Iraq
«El anuncio fue transmitido por e-mail. "Aproximadamente a las 6:45 de la mañana hora del Este, el ejército estadounidense llevó a cabo un ataque aéreo dirigido contra los terroristas del Estado Islámico de Irak y Levante," escribió el portavoz de prensa del Departamento de Defensa, el contraalmirante John Kirby. El mensaje fue enviado por la Casa Blanca y el Departamento de Estado a sus respectivos cuerpos de prensa.
Barack Obama es ahora el cuarto presidente de Estados Unidos en bombardear Irak. Los dos primeros ataques aéreos fueron realizados por F-18 que partieron del portaaviones George H.W. Bush que actualmente está destinado en el Golfo Pérsico. El nombre del mismo portaaviones que puso a Irak en la agenda de política exterior de Estados Unidos en 1990, durante la Operación Tormenta del Desierto.

El nuevo compromiso de Obama refleja una doctrina de limitación de la intervención militar estadounidense en el extranjero y de poner fin a las "largas temporadas de guerra", como él mismo dijo en un discurso en West Point el 28 de mayo. Pero está dispuesto a usar la fuerza para evitar el genocidio o catástrofes humanitarias. En el discurso de West Point, dijo, 
"Tenemos mucho en juego -un permanente interés propio- en asegurar que nuestros hijos y nuestros nietos crezcan en un mundo donde los escolares no son secuestrados; donde las personas no se sacrifican por la tribu o la fe o una creencia política. Creo que  un mundo de mayor libertad y tolerancia no es sólo un imperativo moral; sino que también ayuda a mantenernos seguros."
Los ataques aéreos de esta mañana ciertamente abordan una catástrofe humanitaria. Alrededor de cuarenta mil yazidíes, una minoría religiosa amenazada por el hambre y abandonada en una montaña árida, están rodeados de fanáticos de ISIS. Muchos de los yazidíes son mujeres y niños. El Estado Islámico, como la organización ahora se hace llamar, ha arrasado Irak desde sus bases en Siria, aterrorizando despiadadamente a las minorías religiosas. Debe ser detenido pero los lanzamientos aéreos de alimentos y el agua no van a resolver los problemas de fondo.  
Muchos de los potenciales peligros que enfrentamos ahora en Irak son los mismos que acosaron a las presidencias Bush y a la administración Clinton. El cálculo de Washington es que los ataques aéreos intimiden, contengan o hagan retroceder al adversario, pero las fuerzas de ISIS no son el desventurado ejército iraquí. Es poco probable que sucumban a la presión. 
ISIS ahora controla alrededor de un tercio de Irak. La semana pasada se consolidó su control tomando diecisiete pueblos y objetivos adicionales, incluyendo la estratégica presa de Mosul. El jueves, una declaración en línea de ISIS prometió: "Nuestras fuerzas del Estado Islámico siguen luchando en todas las direcciones, y no vamos a renunciar hasta que se establezca el proyecto del califato, con la voluntad de Dios." Son ahora el grupo más difícil de los combatientes en el Medio Oriente. Abrazan el martirio con decenas de atentados suicidas. Incluso los iraníes tienen miedo de ellos. Unas pocas bombas de quinientas libras contra sus posiciones de artillería es poco probable que tengan un impacto significativo. 
Las últimas tres administraciones han tenido que hacer mucho más que soltar unas cuantas bombas. Durante la Operación Tormenta del Desierto, que comenzó en enero de 1991, la primera Administración Bush autorizó treinta y ocho días de ataques aéreos continuos. Para poner fin a la invasión iraquí de Kuwait, la coalición lanzó unas doscientas sesenta y cinco mil bombas. Durante la campaña de cuatro días de la Operación Zorro del Desierto -la de la Administración Clinton-, en diciembre de 1998, lanzada para castigar a Saddam Hussein por negarse a permitir las inspecciones de armas de la ONU, más de seiscientas bombas y cuatrocientos misiles golpearon objetivos militares iraquíes. Durante la Operación Libertad para Irak, lanzada en marzo de 2003, la segunda administración Bush complementó su invasión terrestre con la caída de casi treinta mil bombas sobre objetivos militares. 
En su discurso de West Point, Obama dijo:
"Algunos de los errores más costosos de Estados Unidos no vinieron de nuestra moderación, sino de nuestra voluntad de acometer aventuras militares sin pensar en las consecuencias, sin lograr el apoyo y la legitimidad internacional para nuestra acción, sin el consenso del pueblo estadounidense acerca de los sacrificios requeridos."
Si las bombas de quinientas libras resultaran insuficientes para acabar con la amenaza de ISIS -para prevenir el genocidio, frenar el avance a la ciudad kurda de Erbil, o para proteger a personal estadounidense en Irak- entonces, ¿qué se haría? En su discurso dirigido apresuradamente a la nación el jueves por la noche, Obama delineó los principios de su decisión de intervenir, pero guardó silencio respecto a la estrategia a largo plazo, por no hablar de cómo Estados Unidos podría terminar las operaciones militares. La elaboración de estrategias de salida ha acosado a las cuatro administraciones.
Existe un peligro más amplio. La presencia directa de Estados Unidos puede impulsar a más yihadistas a unirse al Estado islámico. No hubo presencia de Al Qaeda en Irak hasta después de que Estados Unidos desplegó tropas en 2003, un acto que alimentó el atractivo local de Al Qaeda, por razones territoriales, políticas y religiosas. En Irak y Siriase calcula que ISIS tiene ahora de diez mil a veinte mil combatientes, entre ellos un par de miles con pasaportes occidentales y un centenar de Estados Unidos.
A medida que Estados Unidos se enfrenta a ISIS, los peligros de que los estadounidenses sean atacados en casa crecen. El mes pasado, el director del FBI, James B. Comey, dijo que la amenaza interna que emana de ISIS "me quita el sueño", que ISIS era un potencial "punto de lanzamiento" para los ataques de la clase que se produjeron el 11 de septiembre de 2001 El Procurador general, Eric H. Holder, Jr., dijo a ABC News que ISIS, en particular sus yihadistas estadounidenses, "nos dan realmente extrema, extrema preocupación. ...En cierto modo, es más aterrador que cualquier cosa que creo haber visto como Procurador General". 
Por último, en casa, la decisión de Obama está profundizando el debate político sobre una cuestión central de la política exterior en el siglo XXI: ¿cuándo y cómo utilizar las fuerzas armadas estadounidenses? En una declaración conjunta tras el discurso por televisión la noche del jueves de Obama, los senadores republicanos John McCain y Lindsey Graham criticaron las "medias tintas" del presidente y pidieron una intervención mucho más agresiva.
En un momento en que Estados Unidos necesita desesperadamente una unidad de propósito, somos más propensos a dejarnos llevar por los intereses individuales. Mientras tanto, las viejas preguntas persisten: qué hacer con Irak, y cómo hacerlo bien esta vez