04 octubre 2014

Con el sudor de la frente por Andreas Eckert (Die Zeit)

Im Schweiße des Angesichts 
por Andreas Eckert (Die Zeit
Con el sudor de la frente 
Andrea Komlosy examina la historia del trabajo desde una perspectiva histórica global, y acaba con falsas promesas de libertad. El trabajo fue y sigue siendo una maldición.
«"Cuanto más ocupados estamos ", escribió una vez Immanuel Kant, "más sentimos que vivimos, y más nos damos cuenta de nuestra vida consciente. En el tiempo libre no sólo sentimos que nuestra vida se nos escapa, sino que llegamos a sentir una falta de vida". El filósofo de Königsberg representa la filosofía de la Ilustración, con su enfático reconocimiento del trabajo como base de la propiedad, fuente de riqueza y como núcleo de la existencia humana y la autorrealización. La concepción cristiana anterior de que el trabajo es ambiguo, tanto maldición como bendición, pasa con este optimismo de la Ilustración a un segundo plano, y la industrialización del siglo XIX llevó a un desplazamiento prácticamente absoluto en la comprensión del trabajo: el término se estrechó hasta indentificarse con el trabajo productivo. Legalmente codificado, en adelante el trabajo sirvió de fundamente al vínculo del individuo con grupos sociales más amplios y en especial con el Estado-nación. La aparición del trabajo "moderno" como trabajo remunerado aconteció en el contexto de un orden mundial cada vez más globalizado, marcado por el imperialismo; los movimientos migratorios aumentaron, los flujos comerciales se volvieron más estrechos.

Estas son, por supuesto, sólo algunas facetas de una temática mucho más amplia. Quien como la profesora vienesa Andrea Komlosy intente abarcar la historia del trabajo desde finales de la Edad Media desde una perspectiva histórica mundial en unas doscientas páginas, necesita sólidos conocimientos, valor para llenar los vacíos y una sistematización convincente. Todo esto se puede encontrar en la obra de Komlosys, por lo demás, muy informativa y bien estructurada, que se centra principalmente en la simultaneidad y la combinación de diferentes relaciones laborales.
En un abrir y cerrar de ojos, la historiadora repasa siglos y continentes y no tiene miedo a extraer conclusiones e identificar las tendencias generales. Quiere "trabajar contra la corriente" y explorar junto a la perspectiva feminista la perspectiva histórica global. Así pone encuestión tanto la vieja sabiduría eurocéntrica como el supuesto de una implantación lineal del trabajo asalariado libre a raíz de la expansión del capitalismo. Andrea Komlosy demuestra que la esclavitud y el trabajo forzoso aparecen como constantes fundamentales que no desaparecen con el desarrollo de la economía capitalista mundial, sino que se combinan con diversas formas de empleo remunerado. 
Asimismo desenmascara como un mito persistente, la noción de una "relación laboral normal" con el hombre como sostén de la familia en un trabajo de por vida. Esta relación fue accesible de hecho sólo para una minoría en una pocas regiones del mundo.  En general, el libro demuestra que la historia del "trabajo" abarca una amplia gama de actividades y conceptos -del trabajo en la línea de montaje al pastoreo de cabras, de la educación de los niños a la venta de los cigarrillos, de la relación laboral al trabajo corporal. Y que el trabajo para la mayoría de las personas fue antes una carga que un placer