12 agosto 2014

El batallón de la verdad Bradley Manning por Molly Crabapple (CreativeTimeReports)

The Bradley Manning Truth Battalion 
por Molly Crabapple (CreativeTimeReports)
El batallón de la verdad Bradley Manning
Al comenzar el procedimiento de sentencia de Bradley Manning, la artista Molly Crabapple presenta retratos de la sala de audiencias y describe el apoyo entusiasta a Manning en la corte militar de Fort Meade, Maryland.
«En una deliciosa tarde de julio, el soldado Bradley Manning se sentó en una sala de la corte de Fort Meade y esperó que se diera a conocer si sería declarado culpable de traición.
Mediante la entrega de cientos de miles de cables diplomáticos a Wikileaks, Manning reveló ataques aéreos, la muerte de civiles y la tortura de los detenidos de Guantánamo. A cambio, el gobierno de EE.UU. lo acusó de espionaje y ayudar al enemigo. El 30 de julio, el juicio de Manning dio un vuelco a su conclusión inevitable. No importa cual fuera el nivel de su defensa, sería declarado culpable. Pasaría su vida en la cárcel.

El más importante lanzador de alerta del siglo era acusado de traición. Pero el entorno donde se llevo a cabo el juicio no tenían nada de la grandeza de las revelaciones de Manning. Fort Meade, Maryland, sede de la NSA y otras agencias de defensa, es un suburbio desagradable con revestimiento de vinilo, farolas cursis y noches en la bolera. La corte militar sólo tenía espacio para 50, con remolques de desbordamiento para el público y la prensa. El juzgado convencional tiene más mística.
Sólo la presencia de los guardias insinuaba que los procedimientos eran especiales. Llevaban munición suficiente para convertir a todos los partidarios de Manning presentes en una niebla fina de color rojo.
Yo estaba en Fort Meade para dibujar. No era la primera vez que había dibujado a un joven experto en informática enfrentando la prisión. En marzo, había visto a los oficiales de seguridad golpear la cabeza de Andrew "WEEV" Auernheimer contra una mesa durante su condena por un delito de hacking. Mientras los fiscales argumentaban que debía pasar años en la cárcel, se hacía evidente que su castigo en absoluto iba dirigido sólo contra él. Era un ataque contra el futuro. 
Los juicios contra Auernheimer, el hacktivista Jeremy Hammond y el periodista afiliado a Anonymous Barrett Brown representan la lucha del viejo mundo contra el nuevo. Sus veredictos determinan si vamos a abrazar las posibilidades de la tecnología para la verdad y el igualitarismo, o si vamos a replegarnos tras la violencia y la burocracia.
El futuro estaba en la silla del acusado junto con Bradley Manning. Algo de lo que los medios no se dieron cuenta. En la mañana del veredicto de Manning, la CNN trajo a expertos para discutir  las últimas infidelidades de Anthony Weiner. Las principales redes de cable dedicaron cerca de cinco minutos cada una a Manning. 
Los partidarios de Manning reconocen por qué el juicio merece mucha más atención. Llevan camisetas negras en las que se lee la palabra "verdad." En los primeros días del juicio, a los partidarios se les prohibió el uso de ropa con el rostro de Manning (los tribunales prohíben cualquier ropa que transmite una opinión). Pero las camisetas con la palabra la "verdaderan lo suficientemente ambiguas para pasar la censura. En una ocasión, la jueza obligó a los partidarios a dar la vuelta a la camisa. Pero la ironía era demasiado fuerta. Al día siguiente, permitió que la palabra "verdad" permaneciera legible, sin distorsiones, para el pequeño público pero devoto testigo de un juicio en el que la propia capacidad de compartir la verdad sobre las guerras de EE.UU. estaba en juego. 
Unas pocas decenas de manifestantes a favor de Manning celebraban una vigilia frente a la puerta principal de Fort Meade. Sus signos eran tan esperanzadores como sus sonrisas, y eran un grupo diverso. Enfermeras y hombres de rostro duro con piernas ortopédicas-cyborg. Adolescentes. Abuelas con blusas de encaje. Algunos manifestantes mayores habían venido tres veces a la semana, cada semana, desde el año 2011, cuando Manning todavía estaba encerrado desnudo en el calabozo en Quantico. 
Bill Wagner, de 74 años, es un científico de la NASA retirado que ha estado protestando en apoyo de Manning durante dos años. Le pregunté por qué a pesar de saber Manning probablemente sería declarado culpable todavía está aquí. Wagner me dijo, "está haciendo un trabajo muy importante. Simplemente me hace sentir que tengo que estar aquí. No ha hecho daño a nadie y si mucho bien". 
Los partidarios vienen porque creen en la verdad y la libertad, pero también porque creen en Manning. Aunque la jueza prohibió a Manning dirigirles la mirada, hablaban de él como un amigo. Un veterano, con quien no querría cruzarse en una pelea en un bar, me presentó a un amigo suyo que se mantenía despierto por las pesadillas sobre Manning. Su amigo me dio su tarjeta de acceso para que pudiera dibujar en la corte, a pesar de que habría significado todo para él estar allí. Me dijo que hiciera buenos dibujos. Lo intenté. 
Los manifestantes aguantaban el calor sofocante de julio para mostrar a Manning que no estaba solo, lo que mismo que a la gente que pasaba conduciendo y llamándolos traidores. "Freírlo," gritó un hombre al salir de la base. Un manifestante le hizo el signo de la paz. Miré hacia abajo. Flores de color púrpura brotaban a través de la hierba. Me pregunté si habría hierba en la prisión militar.
Nos amontonamos en la sala de audiencias. Allí, empequeñecido por sus abogados, se sentaba el lanzador de alerta más importante en la historia de EE.UU.. De sólo 25 años, Manning está a cinco pies de la nada, con los pómulos afilados. Nunca he oído su voz, pero el periodista Alexa O'Brien me la describió como un acento serio de Oklahoma. 
Durante el juicio, los fiscales argumentaron que Manning había filtrado esos cables no como lanzador de alerta, sino por afán de celebridad. En sus alegatos finales, el principal fiscal mostró al tribunal una selfie que Manning tomó después de la filtración de los cables, en el que el denunciante llevaba un sujetador. Su sonrisa, el fiscal argumentó, revelaba el rostro de alguien que pensaba que se había convertido en famoso. Pero la sonrisa que Manning lucía con ese sujetador podría ser la expresión animada de alguien que intenta salir de su verdadero yo.
La jueza leyó el veredicto. Manning había sido acusado de ayudar al enemigo, en la lógica de que si Osama bin Laden leía esos cables, ya fuera en Wikileaks o en el New York Times, eso dañaría los intereses de EEUU. Fue otra batalla en la guerra del gobierno contra la prensa. La jueza lo declaró inocente de ayudar al enemigo.
Manning esbozó una pequeña sonrisa a su abogado, David Coombs. A continuación, la jueza encontró culpable a Manning de seis cargos de espionaje. Se enfrenta hasta a 136 años de cárcel por un total de veinte cargos en su contra.
La lectura del veredicto tardó cuatro minutos -cuatro minutos para disponer de una vida humana. Los partidarios de Manning se sentaron aturdidos. Momentos más tarde, los soldados nos echaron.
En el exterior, Coombs dijo a los partidarios de Manning, "Gracias, mi batallón de la verdad." Estas personas se han sentado en una sala de audiencias prácticamente vacía, semana tras semana, año tras año, para demostrar que incluso si el mundo en su mayoría había olvidado a Bradley Manning, ellos no lo habían hecho. La espera por la sentencia definitiva comenzaría al día siguiente. Coombs se comprometió a volver al trabajo. Mientras se alejaba, una mujer mayor puso una moneda, grabada con la palabra "paz", en su mano.
La última noche los partidarios de Manning marcharon hacia la Casa Blanca. En cierto modo, el veredicto era lo mejor que podían razonablemente haber esperado, ya que fue rechazado el cargo de  "ayudar al enemigo." Pero aún así termina con un joven idealista encerrado de por vida. Los partidarios de Manning permanecerán aquí esperando la sentencia definitiva, una espera que puede durar semanas. Se quedarán para las apelaciones, que pueden tardar años. Podrían quedarse para siempre, pero sin un indulto presidencial, no hay manera de que Bradley Manning salga libre. 
En Grecia, unos anarquistas pintaron con spray "A la mierda los héroes, lucha ahora" en la estatua de un general. A los medios de comunicación les encanta discutir si Manning es un héroe o un traidor, pero eso no viene al caso. Los héroes y traidores son arquetipos. Manning es un pobre chico de Oklahoma al que le encanta Lady Gaga, se metía en peleas y coqueteó con un hacker que lo traicionó. Es un ser humano que hizo algo heroico. En esa sala casi vacía en Fort Meade, otros humanos hacen el trabajo de cuidar unos de otros, a la espera de que el mundo se dé cuenta.»