17 mayo 2014

¿Vigilar? ¡Todo el mundo lo hace! por Maurice Lemoine (Le Monde diplomatique)

¡Tout le monde le fait! 
por Maurice Lemoine (Le Monde diplomatique)
¿Vigilar? ¡Todo el mundo lo hace! 
«Cuando, hace dos décadas, una cerradura electrónica sustituyó al conserje que cual Cerbero emboscado detrás de la cortina de su portería, vigilaba la escalera, usted dio un suspiro, aliviado: sus idas y venidas y compañías pasarían por fin inadvertidas. Error funesto. En la vida cotidiana, la historia del uso de sus tarjetas de crédito, cuentas bancarias, registros médicos, nóminas, antecedentes penales, registros telefónicos figuran ahora en decenas de bases de datos sobre las que no tiene ningún control -a sabiendas de que es casi imposible corregir alguna información errónea.
Dondequiera que vaya florecen las cámaras: en los vestíbulos de los edificios (lo que nos resulta muy familiar), calles, aparcamientos, transporte público, tiendas, incluso en drones (aviones no tripulados) destinados -¡por supuesto!- "frustrar actos terroristas" ... pero también y ante todo a vigilar las manifestaciones y los suburbios.

Un consejo: siempre y cuando no se encuentre aún en el paro, debería preocuparse. Según la
Commission nationale de l’informatique et des libertés (CNIL), el número de denuncias ligadas a la "videoprotección" y otras técnicas de "vigilancia" en los lugares de trabajo no para de aumentar: por citar sólo algunas marcas conocidas, un centro comercial Edouard Leclerc, Ikea, Quick y Euro Disney han sido pescados espiando a sus asalariados (1).
Decididamente moderno, usted vive pegado a la pantalla de su "ordenata". Ahí, no viéndose afectado ni por mensajes de connotación terrorista o racista, ni por quienes abogan por el consumo de drogas o imágenes de carácter pedófilo, piensa que no arriesga nada. Adepto a la proximidad y a los contactos humanos, se contenta con frecuentar las llamadas redes sociales y,  como consumidor inteligente, practicar el e-comercio, que no tiene secretos para usted. Desgraciadamente, usted tampoco tiene ya ninguno para él.
Sus nuevos "amigos íntimos" -Google, Facebook, Twitter, Amazon, eBay, etc.- almacenan y procesan toda la información relacionada con sus consultas y visitas a sus sitios; conocen mejor que usted sus orientaciones política y sexual, su religión, sus amistades, sus lecturas, sus compras, el lugar con el que sueña para sus vacaciones, su adicción al tabaco o al whisky. Estos simpáticos compañeros de amistad se transforman en feroces grupos de presión ante el Parlamento Europeo si se da el caso, como el 21 octubre de 2013, de que usted  pretenda recuperar el control de sus datos o solicita tener que dar su "consentimiento explícito" a  aquellos que desean saquearlos (2). 
Como ciudadano informado, usted ha seguido, por supuesto, el folletín del momento: las revelaciones de Edward Snowden sobre las escuchas planetarias de la Agencia de Seguridad Nacional (NSA) y los servicios de inteligencia estadounidenses. En nombre de la lucha contra el terrorismo -¡y así como el espionaje industrial y las estrategias políticas de los países enemigos y amigos!- , nadie ha escapado: treinta y cinco jefes de Estado, ministerios, embajadas, instituciones internacionales -la Unión Europea, Naciones Unidas, Banco Mundial- y hasta ...¡ustedes! En París, Bruselas, después de algunos ataques de "ira" e "indignación", nuestros representantes se han callado y, con raras excepciones  -los eurodiputados, la comisaria europea de Justicia, Viviane Reding- ni siquiera han considerado reaccionar deteniendo las negociaciones de la Alianza transatlántica para el comercio y la inversión (Transatlantic Trade and Investment Partnership, TTIP).
Es  cierto que mientras tanto, Estados Unidos contratacó con un discurso de una gran simplicidad: "¡Todo el mundo lo hace!" Exacto. Si como es sabido los servicios de inteligencia anglosajones (e israelíes) cooperan con la NSA, la Dirección General de la Seguridad Exterior (DGSE) francesa, más discretamente, también lo hace. Promulgada el 19 de diciembre de 2013 la Ley de programación militar incluye un artículo 20 que al tratar del "acceso administrativo a los datos de conexión", pretende extender la posibildad de obtener los metadatos de los internautas sin pasar por la autoridad judicial. 
Puesto en evidencia por la complicidad de los gigantes de Internet en esta vigilancia global, Vinton Cerf, vicepresidente de Google, simplemente respondió: "La vida privada puede ser considerada como una anomalía (3)."»

(1) En 2011, la CNIL ha recibido más de trescientas sesenta quejas relativas a la videovigilancia; 60% de ellos (doscientas quince) se referían a los lugares de trabajo (más del 13% en comparación con 2010), www.cnil.fr, 21 de junio de 2012.
(2) "Privacy Alert # 1: el consentimiento explícito",  La Quadrature du Net, 27 de mayo de 2013. 
(3) Le Monde, 12 de diciembre de 2003.