02 noviembre 2015

Las industrias florecientes del miedo permanente por Denis Duclos (Le Monde diplomatique)

Ces industries florissantes de la peur permanente 
por Denis Duclos (Le Monde diplomatique
Las industrias florecientes del miedo permanente 
En un juego de escalada permanente, el fracaso de cada tecnología desplegada en el marco de la "guerra contra el terrorismo" justifica el despliegue sin límites de un arsenal cada vez más sofísticado... y también poco "eficaz" a la vista de sus objetivos declarados. Pero el crecimiento del mercado del miedo tiene otros resortes, más clandestinos.
«Los atentados mortales del 7 de julio de 2005 en Londres se inscriben en una serie de actos que toman como objetivo, desde el 11 de septiembre de 2001, las naciones implicadas en la ocupación militar de Oriente PróximoSon el resultado de una guerra asimétrica (1) que deja poca opción para aquellos que -religiosos o no- piensan combatir una "cruzada" en busca del control de los recursos más que en exportar la democracia.
Dicho esto, resistencia o terrorismo ciego, los países afectados deben proteger a sus ciudadanos. Y como lo han finalmente admitido los líderes del G8, la solución profunda a la violencia es la erradicación de la opresión y la pobreza (2). A un plazo más corto, los españoles optaron por una defensa eficaz, después del horrible atentado que provocó 186 muertes, el 11 de marzo de 2004 en Madrid: la retirada de sus tropas de Irak, junto con una investigación policial diligente. No ha sido esa la vía seguida por los otros grandes países implicados: la prioridad ha sido más bien dar una respuesta "tecnocéntrica", dirigida a un gran número de extranjeros considerados -por razones independientes del terrorismo- como "indeseables" (3), así como al conjunto de la población.

Acontecidos en pleno desconcierto de los servicios de información estadounidenses, los espectaculares ataques del 11 de septiembre dieron paso inmediatamente a una avalancha de dispositivos destinados a acumular un saber preciso sobre millones de personas, para obtener así información sobre el potencial nocivo de algunos individuos. Desde entonces, la máquina de seguridad funciona a todo gas. Especialmente en los países libres. Se radiografía a los viajeros y el contenido de su equipaje, se archivan los datos biométricos, se vigilan los teléfonos móviles, se archivan infinidad de números de teléfono, se digitalizan las huellas dactilares, se cruzan ficheros gigantes de administraciones y empresas.
Este exceso no está justificado por la búsqueda de una (mala) aguja en un (buen) pajar: mientras que el FBI ignoraba la identidad de la mitad de los autores del atentado contra las Torres Gemelas, los analistas de ficheros Matrix señalaban 120 000 nombres de ciudadanos estadounidenses etiquetados como de "alto potencial terrorista". Decenas de miles de falsos "positivos" -otros tantos cuasi-errores judiciales - son el resultado de tomas de datos biométricos en las fronteras del imperio: ¡el caso de las mujeres embarazadas retenidas por los detectores de calor del cuerpo (supuestamente traicionando un terrorista nervioso) merece ser mencionado!
Desde 2001, numerosos municipios, empresas, aeropuertos repiten, con perseverancia, la experiencia desastrosa de Tampa: las sociedades Graphco, Raytheon y Viisage habían amablemente ofrecido a esta ciudad el estudio comparado de 24 000 fotos de criminales con las caras de 100 000 espectadores de su famoso campeonato de fútbol americano. Lo que se obtuvo fue apenas la investigación de unos pobres desgraciados... 
¿Cómo, entonces, explicar esta obstinación, criticada por la mayoría de los técnicos -policiales o militares- de la lucha contra el terrorismo ? ¿Por qué, a pesar de su falta de efectividad comprobada y su desproporción con el objetivo, se mantiene esta avaricia de encartar, de informatización de los rasgos personales y corporales, de seguimiento táctil, visual, térmico, olfativo y de radiofrecuencia de los seres humanos, por todas partes? ¿Por qué fotografiar a los londinenses una centena de veces al día y filmarlos continuamente con las casi cien mil cámaras diseminadas por la capital inglesa (4), cuando se sabe que eso no impidió a los terroristas detonar su bombas el 7 de julio de 2005? ¿Por qué abandonar los principios de la privacy (5) y del anonimato del individuo frente a los poderes públicos y privados.
Además del pretexto de mantener el orden, sólo hay una explicación pertinente: las instituciones y las empresas han descubierto en la gestión del miedo un yacimiento duradero de poder, de control y beneficio.
Desde el 11 de septiembre, la política de George W. Bush propuso una solución plausible: la removilización del planeta en torno al objetivo de la seguridad. Un descubrimiento. A diferencia del petróleo, las reservas de angustia -alimentadas por la crisis económica, el calentamiento global y el auge de la población- no están a punto de agotarse. La provocación, al mantener a la gente en el horror indignado, resulta posible en todo momento. Con la urgencia legitimando la acción, sin garantías democráticas, las empresas e instituciones que venden "seguridad" puede ir más hondo en los negocios del miedo (6), seguras de ser apoyadas por los Estados, a pesar de un clima de ansiedad por lo general perjudicial para los negocios. Así se construye, bajo el pretexto de un peligro en constante cambio, un ejército mundial de la seguridad, cuyas convergencias rápidas y funcionales llevan a pensar que se trata del núcleo de un nuevo capitalismo en gestación: un capitalismo del miedo. 
Cuatro movimiento afines estructuran esta mutación:
-una aceleración de las conexiones entre las innovaciones en los diferentes segmentos del mercado de miedo: identificación, vigilancia, la protección, retención, detención;
-una fusión entre reconversión de las industrias de guerra y organizaciones militares para su equipamiento de las fuerzas represivas y la militarización concomitante de las fuerzas de seguridad civil; 
-una creciente vinculación entre las autoridades públicas y los poderes privados, tanto en términos de control de identidades como capacidad para suprimir y prohibir;
-un empuje ideológico llevado a cabo conjuntamente en los ámbitos jurídico, político, administrativo, económico y de los medios de comunicación, con el fin de perpetuar la angustia "asegurable" y hacer aceptable el control preventivo generalizado como nueva normalidad de la existencia humana.  
La mayoría de los grandes grupos industriales y tecnológicos propone, a partir de ahora, de manera casi militante, servicios o productos de "seguridad" a partir de sus pautas clásicas. Cada sigla profesional denota un mercado en crecimiento: puede ser el AFIS (Automatic Finger Imaging System -la comparación de una huella con las contenidas en bases de datos informatizadas); el circuito cerrado de televisión clásica (Closed Circuit Television  -videovigilancia ); el EM (Electronic Monitoring -el control de los individuos a distancia ); o el EMHA (Electronic Monitored House Arrest  -pulseras de control electrónico ); el GPS universal (Global Positioning System, adaptado al seguimiento de personas); el RFID (Radio Frequency Identification -etiqueta electrónica que almacena y transfiere información por radiofrecuencia a un lector ); o cualquier tipo de "X-Ray Systems" adaptados a la radiografía de pasajeros; por no hablar de los numerosos "software" para procesar la información. Por todas partes, las ofertas tecnológicas proliferan.
Algunos ejemplos al azar. En Francia, una subsidiaria de TF1VisioWave, utiliza su experiencia en el campo audiovisual para detectar comportamientos sospechosos en lugares públicos (gracias al "software" para la interpretación de los gestos) y producir publirreportajes en el metro y los autobuses. Thales (anteriormente Thomson-CSF) produce arsenales de videovigilancia, que no duda en vender a los Estados autoritarios. Los grandes de la información y la electrónica no se quedan atrás, como Microsoft -con su famoso microchip Palladium, capaz de controlar, desde el exterior, la gestión de los archivos del PC- o Sony -que ha puesto a punto una etiqueta "sin contacto", detectable por radiofrecuencia (RFID) e capaz de realizar el seguimiento de los productos marcados en el domicilio de sus compradores... ¡o de sus ladrones! 
Numerosos grupos ya están utilizando procedimientos similares a los de la cadena de tiendas Tesco británicos (2.000 puntos de venta en el mundo), que está experimentando un seguimiento por radiofrecuencia de sus paquetes.
Se puede partir de una rama específica para proponer una contribución "patriótica": un importante productor del área tecnológica de la conectividad electrónica que propone un Sticky Shocker (7) (un arma eléctrica de "pacificación"). Una pequeña empresa norteamericana Applied Digital, hasta hace poco especializada en la fabricación de inocentes cajas para controlar la humedad, de llaves para el coche o en el garaje, ha creado el VeriChip -¡inyectable bajo la piel!- permite realizar un seguimiento de personas...
También se puede citar la gran corporación farmacéutica (Lilly) -inventora, entre otros, del Prozac- que lleva a cabo investigaciones sobre el control a distancia de presos a domicilio, y desarrolla, por ejemplo, una pulsera-sensor capaz de identificar el consumo de alcohol y marihuana,  provisto de un aparato para la liberación de sustancias inhibidoras o descargas eléctricas...
La atención de muchos Estados en relación con la identificación electrónica no sólo de los extranjeros y criminales, sino también de sus propios ciudadanos, parece decisiva. Las exigencias de la "seguridad del Estado" son tan masivos como los del antiguo "estado de bienestar". Los presupuestos públicos sostienen el mercado biométrico, estimado en decenas de miles de millones de dólares en 2007. Así la administración de EE UU ha encargado en 2005 a Anteon mil lectores para el "US Visit" (8) destinada a controlar las entradas en territorio nacional de los extranjeros, así como de los residentes permanentes o fronterizos.
La recopilación de información preliminar sobre los pasajeros, el registro de indicadores personales por las aduanas, el archivo de copias numeradas -como el Sistema automatizado de identificación datiloscópico (SAID) de la Guardia Nacional de Canadá o el destinado a no residentes en los países del espacio Schengen (SIS)- representan un jugoso mercado al que las empresas sueñan con unirse. El estado también es esencial para sentar las bases de una nueva organización socio-técnico de la sociedad. Así los países europeos se han movilizado para discutir los contenidos de un nuevo soporte universal de identificación: estado civil, pero también una foto de identidad, una huella digital y la configuración del iris del ojo digitalizados. Sin mencionar las firmas informatizadas utilizables en las transacciones privadas, que los estados transforman en certificadores automáticos de contratos.
En Francia, el proyecto de tarjeta de identificación electrónica nacional (CNIe), obligatorio y de pago, fue rechazado por la Comisión Nacional de Informática y Libertades (CNIL), y considerado como "perverso" por la Liga de los Derechos Humanos. No está situado en el linaje banal del "cada vez más identificación", que se repite desde hace más de dos siglos por todas las policías en la mayor parte de los países desarrollados, bajo los pretextos eternos del fraude, del control de extranjeros y de la modernización del estado. Reúne cuatro elementos típicamente separados: el cuerpo presente del portador, la huella dejada por ese cuerpo, la tarjeta combinando datos e información personal, y el fichero central exhaustivo que genera la emisión y la referencia de las tarjetas auténticas. 
La vinculación de los datos biométricos (nuevo nombre de la antropometría de Alphonse Bertillon) y datos sociales, el proyecto facilita la creación e interconexión de grandes archivos centralizados (cuya existencia, en 1943, habría evitado toda escapatoria a la redadas policiales). Por otra parte, combinando el chip electrónico insertado y la obligación -como bajo el régimen de Vichy- de llevar la tarjeta, remite al chip subcutáneo, verdadero equivalente civil de la marca de hierro al rojo que los reincidentes llevaron en Francia hasta 1832, o la tinta permanente en Gran Bretaña en el siglo XIX.
Bueno, no estamos a favor del implante obligatorio, y el acceso libre a la piel no será probablemente jamás realidad. Pero aliviados por haber descartado este horror gracias al rechazo de la mayoría, corremos el riesgo de no ver que la CNIe funcionara "como si" el cuerpo hubiera sido alcanzado. Podría, por ejemplo, hacer posible seguir nuestros desplazamientos -con más seguridad de los que la tarjeta de trabajo  o el pasaporte permitieron a los regímenes policiales napoleónico o soviético seguir la huella del ciudadano sobre el territorio nacional. A fortiori, una tarjeta semejante "sin contacto" podría permitir a las autoridades de terceros países capaces de imponer su ley (como es el caso de Estados Unidos) conocer a cada instante dónde se encuentra un visitante extranjero. Esta evolución está en marcha: ya los agentes gubernamentales estadounidenses han hecho fabricar millones de tarjetas de identificación de su personal, capaces de proporcionar un "historial" de sus turnos, de su utilización de ordenadores, y de almacenar algunos de datos personales como su nivel de salario, etc.
En fin, una vez asegurada la conexión con otros sistemas informatizados (tarjetas sanitarias o tarjetas de crédito con o "sin contacto", firmas electrónicas por Internet, etc.), la fusión radio-informática de las informaciones, de los rasgos y del cuerpo crea una nueva socialidad donde el estado y empresas se confunden en un efecto de pleno poder sobre la persona. El encadenamiento de innovaciones de seguridad nos revela así, con una línea de puntos cada vez más próximos, un proyecto de sociedad regido por la colaboración sin freno de poderes privados e instituciones públicas. 
Después de preparar el avance tecnológico de la "sociedad de control", la segunda característica notable de este nuevo capitalismo es la fusión progresiva entre el miedo al enemigo y la desconfianza ante el ciudadano, entre lo militar y lo policial... El fenómeno afecta a la mayoría de los países occidentales que reorientan su ruta, en parte, al armamento para la seguridad civil. Como demuestran los salones de las industrias de seguridad (como la famosa Milipol en París (9)), la combinación de un "civilización" de los ejércitos y de una militarización de la policía -públicas y privadas- se acelera. Las revistas militares trivializan la idea de "infantería para controlar a la multitud".
La mayoría de los grupos especializados en seguridad distribuyen, casi indiferentemente, su personal entre la vigilancia de locales, la guardia de prisiones, el trabajo de guardaespaldas, y el de "oficiales de seguridad",  que ofrecen a los ejércitos oficiales. Testigo es la alianza de la multinacional de valores Wackenhut, Serco, Grupo 4 Falk (de base americano-británico-canadiense-sueco), que gestiona 5 mil millones de dólares al año, emplea a 360.000 personas y cubre 100 países. Sus servicios van desde la gestión de las cárceles privadas (63 cárceles y 67.000 presos en los Estados Unidos), a diversas policías privadas, al entrenamiento de compañías enteras de seguridad militar... pasando por la investigación-desarrollo sobre el control a distancia de condenados y sobre la puesta a punto de sistema de identificación y persecución.
Ese profesionalismo no impide la barbaria: Wackenhut llegó a estar bajo investigación por el tratamiento de los detenidos estadounidenses, y se sabe, otro ejemplo, que CACI International y Titan Corporation, muy comprometidos en la "Homeland Security", han sido citados durante los escándalos de torturas infligidas por contratistas civiles incorporados por la Central Inteligence Agency (CIA) en los centros penitenciarios gestionados por el ejército estadounidense en Iraq (Abu Ghraib) o en la bahía de Guantánamo. ¿Es casualidad que Titan también realice investigaciones sobre huellas biométricas? En términos de tecnología, las aplicaciones científicas, militares y policiales se confunden inextricablemente.
En Francia, Sagem produce helicópteros, "drones" (10), visores, simuladores, terminales de seguridad de juego o de tarjetas de crédito. Pero también se ha convertido en el número uno del mundo en la medición de las huellas dactilares y, finalmente, propone "soluciones gubernamentales" los problemas difíciles, tales como la gestión de crisis. Otro ejemplo: la American Science and Engineering (AS&E), que instala equipos de radiografía en los misiles, y trabaja para detectar narcóticos en las aduanas. La compañía también se enorgullece de su dispositivo "Mobile Search", que permitió la detención de cientos de inmigrantes ilegales mexicanos.
Los laboratorios Sandia -clásico copartícipe del sistema militar-industrial estadounidense- ponen a punto la persecución de presos con ayuda de sistemas de localización por satélite (GPS)... y fabrican "husmeadores" de explosivos. La ecléctica firma estadounidense Foster-Miller construye máquinas para envasar caramelos o la Pepsi... y produce también una red para capturar a un enemigo que no se quiere matar. Participa en la fabricación del robot Talon capaz de manejar armas de asalto en guerrilla urbana. Así la nueva noción de "arma no letal" (11) ayuda a combinar ramas industriales bastante diferentes.
Por otro lado, la división del trabajo ideológico entre los grupos de presión industriales, administraciones policiales y filón mediático del medio se sistematiza. Sin él, la reorganización de nuestras sociedades alrededor del "control sobre todos" sería imposible. Es cierto que el programa
"Total Information Awareness" que pretendía después del 11 de septiembre reunir para el Departamento de defensa estadounidense todas las informaciones disponibles sobre los seis mil millones y medio de habitantes del planeta, era un delirio (12). Pero aquello que iniciaba era más durable y peligroso: un proselitismo de seguridad a escala planetaria con el objetivo de desmarcarse de los principios democráticos y liberales en los que se basan nuestras sociedades.
Ante el peligro, el consorcio electrónico Gixel electrónica propone, en su "libro azul", generalizar el espionaje electrónico desde el jardín de infancia para educar a las mentes jóvenes sobre las ventajas de la biometría... A su vez, los juegos electrónicos producidos por la mayoría de los grandes productores americanos, asiáticos o europeos hacen aceptar a los adolescentes un universo de puertas que sólo se abren ante la presentación de los sésamos adecuados, mientras que se multiplican las iniciativas que, como "Carta á pouce" (13), en el Acuario de Lyon, trivializan antre los niños la idea de que la huella digital es un medio normal de identificación. 
Este clima alienta los ataques cada vez menos escrupulosos a los principios de confidencialidad establecidos por la Comisión de derechos humanos de la ONU. Así, la Federación francesa de aseguradores ha pretendido acceder a los datos personales de los registros médicos electrónicos con el objetivo tranquilamente poner fin al secreto médico. El Parlamento de Australia ha aprobado leyes que permiten a la policía espiar los correos. El Estado suizo escucha los teléfonos móviles. Los políticos alemanes son cada vez más sensibles al adagio "Datenschutz ist täterschutz" (proteger los datos es proteger a los criminales). En Dinamarca, la virtud democrática no ha impedido l voto de una una ley antiterrorista que restringe las libertades. En los Estados Unidos, la Ley de Vigilancia de la Inteligencia Extranjera (FISA) permite la vigilancia gubernamental de las lecturas en las bibliotecas. Más grave, un juez federal dictaminó que la colocación de un dispositivo de GPS en el coche de un sospechoso "no es una violación de la intimidad" (14).»

1 - Barthélémy Courmont y Darko Ribnikar, Les guerres asymétriques, PUF, Paris, 2002.
2 - Cúpula del G8, Gleaneagles, Reino Unido, julio de 2005.
3 - "Indesseables": categoría estipulada por el archivo centralizado del Sistema de Información Schengen (SIS II) gestionado en Estrasburgo; leer Jelle Van Buure, "Les tentacules du système Schengen", Le Monde Diplomatique, marzo de 2003. 

4- Según las estimaciones, habría entre cuatro y siete millones de cámaras repartidas en el conjunto del territorio británico. Leer: "One surveillance camera for every 11 people in Britain", says CCTV survey", The Telegraph, Londres, 11 de julio de 2013.
5 - Según el politólogo Didier Bigo (ante la
Comisión Nacional de Informática y Libertades, el 11 de marzo de 2005), la "privacy" es una "esfera prohibida al Estado", un derecho positivo al anonimato.
6 - Debemos al cineasta André Weinfeld la idea de "negocios del miedo".
7 -
El Sticky Shocker es un proyectil electroshock lanzado a una distancia de diez metros. Dispone de una batería y el materia electrónico necesario para infligir descargas de 50 kilovatios, haciendo que la víctima pierda el control muscular. 
8 - Visitor and Immigration Status Indication Technology: fortalecimiento de las formalidades de entrada en 115 aeropuertos y 14 puertos marítimos, lo que requiere, entre otras cosas, las huellas digitales electrónicas y foto de los extranjeros que quieren una visa para entrar en el territorio de los Estados Unidos.
9 - El próximo será del 20 al 25 de noviembre de 2005, en Bourget.
10 - Son aviones sin piloto utilizados por el ejército estadounidense en Iraq para misiones de reconocimiento y ataque. 
11 - Bernard Lavarini: Vaincre sans tuer: du silex aux armes non létales, Stock, Paris, 1997.
12 - Ignacio Ramonet, "Surveillance totale", Le Monde Diplomatique, agosto de 2003.
13 - Tarjeta para identificación a través de la huella digital que da derecho a descuento.
14-
Declaración del juez federal David Hurd en un proceso en Nueva York el 8 de enero de 2005, repetida por toda la prensa estadounidense.