15 mayo 2014

Amazon, el reverso de la pantalla por Jean-Baptiste Malet (Le Monde diplomatique)

Amazon, l’envers de l’écran 
por Jean-Baptiste Malet (Le Monde diplomatique)
Amazon, el reverso de la pantalla
Con sus patronos alabados por Hollywood, sus pantallas lisas y sus colores muy vivos, la economía digital sugiere la inmaterialidad, la horizontalidad y la creatividad. Investigar Amazon revela una faceta distinta. La de las fábricas gigantes donde seres humanos dirigidos por ordenadores son explotados hasta el agotamiento.
«Irmgard Schulz aparta su mirada de los carteles del sindicato alemán Ver.di -el sindicato unificado del sector de servicios- pegados en la pared de la sala de reuniones para levantarse y hablar. "En Japón -cuenta-, Amazon acaba de adquirir cabras para que pasten en las inmediaciones de uno de sus almacenes. La empresa les puso la misma tarjeta que llevamos nosotros colgada al cuello. Todo es igual: el nombre, la foto, el código de barras." Estamos en la reunión semanal de empleados de Amazon en Bad Hersfeld (Hesse, Alemania). Con esta sola imagen, la empleada de logística acaba de resumir la filosofía social de la multinacional de ventas "en línea", que ofrece al consumidor comprar en un par de clics y que le envíen en cuarenta y ocho horas un cepillo, las obras completas de Marcel Proust o un tractor (1).


Cien mil personas en todo el mundo se afanan en ochenta y nueve centro logísticos cuya superficie acumulada totaliza casi siete millones de metros cuadrados. En menos de dos décadas, Amazon se ha impulsado a la vanguardia de la economía digital, al lado de Apple, Google y Facebook. Desde su entrada en bolsa en 1997, su cifra de negocio se ha multiplicado por cuatrocientos veinte, alcanzando los 62.000 mil millones de dólares en 2012. Su fundador y presidente, Jeffrey Preston Bezos, liberal radical y maniático, inspira a los periodistas retratos de lo más halagadores sobre todo desde que en agosto de 2013 invirtió 250 millones de euros -el 1% de su fortuna personal- en la compra del venerable diario estadounidense The Washington Post. La cuestión del éxito económico eclipsa a su vez la de las condiciones laborales.
En Europa, Amazon ha elegido Alemania como cabeza de puente. El grupo implantó allí ocho plantas de logística y está construyendo una novena. Al volante de su automóvil, Sonia Rudolf recorre una avenida llamada Amazon Strasse (2) -el ayuntamiento subvencionó la implantación de la multinacional con más de 7 millones de euros. Después se dirige a una inmensa fortaleza gris. Destrás de una hilera de alambra de púas, aparece el almacén. "En el tercer piso de FRA-1 (3), no hay ventanas, ni aberturas, ni climatización -cuenta esta ex empleada-. En verano, la temperatura supera los 40 grados y los mareos son frecuentes. Un día -lo recordará toda mi vida- mientras trataba de "picar" [tomar mercancías de las celdas metálicas] encontré a una chica tirada en el suelo vomitando. Tenía la cara azul. Realmente pensé que se iba a morir. Como no teníamos camillas el gerente nos pidió que fuéramos a buscar un palé de madera sobre el que la recostamos para llevarla a la ambulancia."
La prensa de EE UU ha informado de hechos similares (4). En Francia en 2011, el frío castigó a los empleados del centro de Montélimar (Drôme) que se vieron obligados a trabajar con parkas, guantes y gorros, hasta que doce de ellos comenzaron una huelga y consiguieron que se encendiera la calefacción. En parte es esto lo que ha catapultado a su fundador al número 19 del ranking mundial de multimillonarios (5).
La especificidad del supermercado en línea consiste en permitir a los comerciantes, a través de su plataforma Marketplace, de poner sus productos a la venta a través de la página web, que compite directamente con su propia mercancía. El conjunto infla la cifra de negocios y acrecienta el efecto de "larga cola" -la suma de muchos pequeños volúmenes de pedidos para productos de baja demanda, cuyo coste de almacenamiento es bajo-, en el origen del éxito de la emrpesa. Este sistema, eficaz apra el consumidor, recluta las librerías en la promoción del gigante que vampiriza su clienta y destruye su actividad.
El sindicato de las librerías francesas ha, en efecto, calculado que a igual volumen de ventas, una librería de barrio genera dieciocho veces más empleos que la venta "en línea". Solamente para 2012, la Asociación de Libreros Estadounidenses (American Booksellers Asociation, ABA) estima en cuarenta y dos mil el número de empleos que destruyó Amazon en el sector: 10 millones de dólares en cifra de negocios representaría una supresión de treinta y tres empleos en las librerías locales.
Además, la diferencia entre los puestos desaparecidos y los creados en los centros logísticos es total. Por una lado, se desvanece un trabajo cualificado, diversificado, sostenible, situado en el centro de la ciudad, que combina mantenimiento, sociabilidad, contacto y asesoramiento. Por otro, surgen en la periferia urbana "fábricas de vender" donde la producción continua de paquetes cartón recae en mano de obra no cualificada, contratada por la única razón de que actualmente es más barata que los robots. Pero no por mucho tiempo: desde de que en 2012 comprara por 775 millones de dólares la empresa de robótica Kiva Systems, Amazon prepara la puesta en marcha de pequeños autómatas con ruedas en los almacenes: hexaedros anaranjados de treinta centímetros de altura, capaces, por ejemplo, de deslizarse debajo de una estante para mover cargas de entre 450 y 1300 kilos, dependiendo del modelo.
La idea es reducir a tan sólo veinte minutos el tiempo entre la emisión del pedido por parte del cliente y su expedición. Bezos tiene un objetivo que se ha vuelto legendario: ofrecer y vender cualqueir producto entregado en cualquier parte el mismo día del pedido. Desde sus inicios, Amazon invierte sumas faraónicas en servidores y aumenta de modo constante su capacidad de cálculo algorítmico para mejorar la eficiencia de su logística y las potencialidades de su página comercial. Esta ofrece cada vez más nuevos productos a viejos clientes, gracias a un complejo cruce entre sus datos personales y sus hábitos de consumo. Y, para que nada se pierda, los recuros informáticos excedentes se alquilan a empresas a través de un servicio específico. Amazon Web Services (6).
Sea cual sea su país de establecimiento, los centros logísticos presentan una arquitectura y una organización del trabajo similares. Situados cerca de cruces de autopistas, en zonas donde la tasa de desempleo supera la media nacional, funcionan bajo la meticulosa custodia de empresas de seguridad. Estoa paralelepípedos de chapa se extienden sobre una superficie a veces superior a cien mil metros cuadrados, es decir, el equivalente a casi catorce campos de fútbol. Cobran vida al ritmo de de un ballet de pesos pesados: cada tres minutos el grupo Amazon llena de paquete medio remolque. Sólo en el territorio de Estados Unidos, la empresa vendió hasta trescientos artículos por segundo durante la Navidad de 2012.
La profusión de productos ofrecidos a los ciento cincuenta y dos millones de clientes del "sitio" se materializa en los almacenes que albergan bosques de estanterías metálicas donde trabajan arduamente empleados que por reglamento interno están obligados a guardar silencia. Todos ellos, considerados potenciales ladronzuelos, sufren minuciosos cacheos por los guardias: pasan por arcos de seguridad cuando vuelven a sus hogares o cuando salen a su descanso, que se ve reducido por las largas colas de espera generadas por este fatidiosos control. Como Amazon se niega a colocar las máquinas para fichar de los almacenes después de los cacheos, un grupo de trabajadores de los centros de distribución de Kentucky, Tennessee y el Estado de Washington, en Estados Unidos, ya han iniciado cuatro demandas judiciales en reclamación del pago de ese tiempo de espera no remunerado, que calculan en cuarenta minutos semanales.
La ubicación y la gestión de los productos en stock de Amazon están informatizados según la lógica del chaotic storage: los artículos se disponen de manera aleatoria en los estantes. Este "ordenamiento caótico" tiene la ventaja de ser más flexible que el almacenamiento tradicional: no se necesita prever espacios adicionales para cada tipo de artículo en caso de variaciones de la oferta o la demanda, ya que todo se amontona la azar. Cada fila de estantes tiene varios nivles, cada uno con varias celdas de almacenamiento: son los bins (alveolos) en los que los escritos de Antonio Gramsci se codean con una paquete de calzoncillos para hombre, un oso de peluche, condimentos para parrilla o con el DVD de Metrópolis de Fritz Lang.
Dentro de la unidad de "recepción" los empleaods eachers ("recepcionadores") deshacen los palés de los camiones y catalogan la mercancía. Los stowers ("almacenadores"), colocan los artículos donde pueden, en las inmensas estanterías, para ir conformando un bazar que es únicamente clasificado por un escáner Wi-Fi lector de códigos de barras. Para exorcizar la vertiginosa geografía de los kilómetros lineales, en medi de esta formidable acumulación de mercaderías, las tecnología más moderna guía, controla y mide la productividad de los empleados que cumplen con extenuantes tareas repetitivas. En la unidad llamada "de producción", los pickers ("recolectores"), también guiados por sus escáneres, recorren las estanterías. Para recoger artículos incansablemente, caminan más de veinte kilómetros por puesto de trabajo (cifra oficial de las agencia de trabajo temporal que los sindicalistas cuestionan, porque la consideran mayor).
Una vez que se extrae un producto, el escáner muestra una cuenta regresiva y ordena al trabajador que vaya a buscar el siguiente. Su elección está determinada por sistema, para optimizar la distancia de viaje. Cuando su carro rodante está lleno, los pickers lo llevan con los packers ("empaquetadores"). Estos están fijos en un lugar y empaquetan los productos en cadena, antes de empujar los paquetes a inmensos transportadores informatizados. Estos pesan los cartones con la sonrisa de Amazon impresa, pegan las direcciones y luegos los reparten según el servicio postal o el transportista internacional que le corresponda.
"La sonrisa en el paquete no es la nuestra" manifiesta Jens Brumma, de 38 años, stower desde 2003. Después de alternar desocupación y empleos temporales en Amazon durante siete años desde 2010 ha ido encadenando contratos a corto plazo, porque la dirección se niega a hacerle un contrato definitivo. Como a cada empleado de cualquier parte del mundo, sus contratos le prohíben terminantemente hablar sobre el trabajo con su familia, amigos o periodistas. "El silencio que nos imponen -aclara- no es para proteger los secretos industriales, a los que no tenemos acceso: es para callar lo extremadamente penoso de nuestras condiciones laborales."

( 1 ) A pesar de nuestras reiteradas peticiones, Amazon no quiso responder a nuestras preguntas. 
( 2 ) También hay calles Amazon en Graben, Pforzheim y Kobern- Gondorf en Alemania y dos en Francia, en Sevrey (Saône-et-Loire) y en Lauwin-Planque (Norte) . 
( 3 ) Los sitios de Amazon tienen todos nombres que constan de tres letras y un número. Las naves logísticas son bautizadas con el nombre del aeropuerto internacional más cercano; aquí el de Frankfurt. 
( 4 ) Spencer Soper, "Inside Amazon's warehouse", The Morning Call, Allentown (Pennsylvania ), 18 de septiembre de 2011.
 ( 5 ) El Sr. Bezos fue elegido Empresario del Año 2012 por la revista Fortune.
 ( 6 ) Amazon también introdujo un mercado de trabajo en línea, Amazon Mechanical Turk, que ofrece a los usuarios de Internet hacer microtareas a cambio de una microremuneración. Leer: Pierre Lazuly, "Télétravail à prix bradés sur Internet ", Le Monde diplomatique, agosto de 2006.