27 noviembre 2013

Emily Wilding Davison tomó la única opción que podía soportar por Laurie Penny (New Statesman)

Emily Wilding Davison made the only choice she could bear 
por Laurie Penny (New Statesman)
Emily Wilding Davison tomó la única opción que podía soportar
Se volvió intolerable en un sistema que encontró imposible de tolerar.
«Emily Davison tardó cuatro días en morir. Las lesiones que la activista por la liberación de las mujeres sufrió cuando, hace un siglo, se arrojó ante el caballo de carreras del rey en el Derby de Epsom no fueron suficientes para matarla por completo. Murió en el hospital el 8 de junio de 1913 en medio de la condena pública, la reina madre envió sus disculpas al jinete porque su carrera había sido interrumpida por una "brutal mujer lunática" exigiendo, entre todas las cosas locas, el voto.
El Parlamento y la prensa estuvieron de acuerdo: no era una protesta legítima, sino un "acto de locura", según el Morning Post. ¿Qué podría llevar a una persona a hacer una cosa así? Davison nació en Blackheath, Londres, en 1872, estudió literatura en la Royal Holloway mientras pudo pagar la matrícula, y luego trabajó como institutriz antes de unirse a la Women's Social and Political Union  - lo que ahora llamamos el movimiento sufragista - a tiempo completo a la edad de 32. Obtuvo el máximo de educación y libertad personal autorizado a una mujer de clase media de su generación y no fue suficiente. Me imaginó que sintió algo parecido a la asfixia.
En viejas grabaciones de las sufragistas, éstas parecen una banda de gallos enojados, aleteando en sus sombreros descomunales y ridículas faldas largas. La misma palabra "sufragistas" suena como el tipo de rancias chicas de bandas de pueblo en los que tu tía podría cantar los fines de semana, en lugar de una organización revolucionaria cuyos miembros estaban dispuestos a morir para que otros pudieran vivir libres. La referencia rácana al movimiento de liberación de las mujeres en las historias oficiales se refiere a la alimentación forzada, pero elimina la extensión de la tortura de activistas que fueron consideradas locas terroristas por pedir que el estado tratara a las mujeres de todas las clases como seres humanos racionales.
Algunos historiadores mencionan que Davison había sido imprudente respecto a su seguridad en otras ocasiones como prueba de que fue "simplemente" suicida, argumentando que ella deseaba morir bajo cualquier circunstancia y que esto de alguna manera invalida la decisión de hacerlo en público mientras agitaba la bandera del sufragio de las mujeres. Davison ciertamente podía llegar a hacer cosas atroces en nombre de la liberación de la mujer. Fue arrestada nueve veces - por incendio, por alteración del orden público y por lanzar piedras contra el coche del primer ministro.
Durante su encarcelamiento, cuando ella y otras activistas fueron alimentadas a la fuerza - un proceso agonizante y degradante que a veces incluía la violación anal con tubos de metal - se arrojó desde una escalera de hierro en señal de protesta. En represalia por su negativa a cooperar, los guardias pusieron una manguera en su celda y lentamente la llenaron de agua hasta que casi se ahogó. 
Tratad de imaginar, sólo por un segundo, lo que debe haber sido. ¿Cuánto tiempo fue necesario para que la celda se llenara de agua helada, cerrándose alrededor de los tobillos, las rodillas, su pecho, sus faldas primero balizándola para arriba y luego arrastrándola hacia abajo? ¿Cuánto tiempo necesitó hasta que el agua no ahogara sus pesadillas cada vez que trató de dormir? ¿Qué podría significar, bajo estas circunstancias, estar loco, ser consumida por la rabia, tener un deseo de muerte? 
La locura es a menudo algo político. Hay situaciones en las que la angustia emocional extrema es la única respuesta racional a circunstancias abrumadoras, cuando la "cordura" es poco más que el término médico para aquiescencia. Las mujeres en el siglo XX, una época en que se patologizó la libertad sexual y social de la mujer, con frecuencia se volvieron locas, se suicidaron o sufrieron  "nervios" debilitantes, como se documenta por escritores como Zelda Fitzgerald y Charlotte Perkins Gilman. Frecuentemente las que se rebelaron en formas más tangibles, asumiendo un papel activo, durmiendo con varios hombres o negándose a someterse a los hombres en el hogar o lugar de trabajo, fueron declaradas dementes y condenadas a pudrirse en asilos por sus cónyuges y familiares. Para muchas mujeres de clase media, la banda sufragista se convirtió en una forma de organizar los sentimientos que de otra manera las habrían llevado a ser internadas en un centro psiquiátrico. Sin lugar a dudas, para las normas de su época, Emily Davison estuvo trastornada, toda su vida fue un "acto de locura" - pero eso no la hace ilógica. 
Los sistemas opresivos no son todos del mismo tipo. Sin embargo, comparten una indiferencia a aquellos cuya incapacidad para soportar las privaciones de los resultados impuestos por el orden social resulta en colapso, ruptura y muerte. El actual Gobierno británico, por poner un ejemplo, se ha acostumbrado a los suicidios de las personas pobres y discapacitadas aisladas por su programa de austeridad. Fomenta una narrativa que sugiere que estas personas son "simplemente" perturbados, que los beneficiarios de prestaciones son "gorrones" egoístas. Tales sistemas no pueden hacer frente a los que son capaces, en virtud de las circunstancias o de la fuerza de la personalidad, de volver la rabia y la angustia hacia el exterior, en lugar de dejar que los consuma desde dentro. 
Estas personas a menudo se convierten en conocidos de la policía. Nosotros los llamomos rebeldes o militantes, o dolores de cabeza colosales, según nuestro punto de vista y lugar de empleo. Emily Wilding Davison creó problemas. Se volvió intolerable para un sistema que ella encontró imposible de tolerar. Es gracias a mujeres como ella, y los pocos hombres que las apoyan, que un número mucho menor de nosotras conocemos hoy en día lo que es verse obligada a someterse a un marido, ser privadas de sus derechos políticos,  ver negado el derecho a controlar nuestro propio cuerpo y nuestros propios hijos - a pesar de que el trabajo está lejos de estar completo. Hay situaciones en las que se puede optar por arrojarse bajo los cascos de la historia, o elegir ahogarse. Emily Davison tomó la única opción que podía soportar. Debemos recordar eso, cuando la recordamos