10 noviembre 2015

EE.UU. puede encerrar a los hackers, pero no puede aplastar su espíritu por Laurie Penny (The Guardian)

The US can lock up hackers, but it can't crush their spirit 
por Laurie Penny (The Guardian
EE.UU. puede encerrar a los hackers, pero no puede aplastar su espíritu 
«¿Por qué está EE.UU. enviando algunas de sus mejores mentes jóvenes a la cárcel? El viernes Jeremy Hammond, activista digital de 28 años de edad, de Chicago, sabrá cuántos años ha de servir por participar en el 2011 en el hackeo de la empresa privada de seguridad Stratfor. "Creo en el poder de la verdad", dijo Hammond, al declararse culpable de ayudar a liberar millones de correos electrónicos de la empresa, pagada por las grandes corporaciones para espiar a activistas de todo el mundo. "Lo he hecho porque creo que la gente tiene derecho a saber lo que los gobiernos y las empresas están haciendo a puerta cerrada. Hice lo que creo que es correcto."
Al igual que los otros que tomaron parte en el hackeo de Stratfor, Hammond no lo hizo por dinero, y no obtuvo nada de ello. Sin embargo, ha pasado los últimos 18 meses en la cárcel, incluyendo largos períodos de confinamiento solitario, y ahora se enfrenta a una pena de prisión de 10 años. Hammond es el último objetivo de una caza de brujas global contra hackers, denunciantes y cualquier persona que busque divulgar información privada de interés público.

La caza de brujas está siendo liderada por el gobierno de EE.UU., pero sus objetivos son internacionales: Lauri Love, un activista de Suffolk, fue detenido en Gran Bretaña el mes pasado y podría enfrentar la extradición por cargos de piratería de las redes del gobierno de Estados Unidos y una posible década en una cárcel de EE.UU. La legislación que se utiliza para señalar y encerrar a estas personas es la Ley de fraude y abuso informáticos, una ley flexible que permite a los tribunales de EE.UU. imponer penas casi indefinidas en contra de cualquier delito cometido con una computadora, como la simple violación de los términos de servicio. 
En la práctica, por una coincidencia asombrosa, los crímenes digitales que llegan a ser perseguidos​​son aquellos que ponen a los gobiernos y las grandes corporaciones en ridículo. El perjuicio económico es el principal reproche de los fiscales contra Hammond y sus compañeros miembros de LulzSec, pero en realidad no es el dinero lo que importa. A Hammond se les pide que pague sólo 250.000 dólares. En comparación, tendría que malversar decenas de millones de dólares para conseguir una pena equivalente por un fraude corporativo en la misma corte de Manhattan.
No, lo que importa es que la gente está utilizando sus conocimientos de informática para exponer verdades incómodas - incluyendo la supuesta participación de Stratfor en espiar las protestas de Occupy Wall Street. "El castigo tiene que ser proporcional al daño causado", dijo Hanni Fakhoury, abogado personal de la Electronic Frontier Foundation. "Estos castigos son excesivos."
Con los conocimientos adecuados, ya no hay que esconderse en un solitario aparcamiento de Washington para filtrar información clasificada. No hay  que entrar en un edificio para robar documentos que puedan ser de interés público. No hay ni que ponerse los pantalones. Todo lo que hace falta es sentarse frente al ordenador y teclear. Los riesgos efectivos de colgar las sábanas mugrientas del poder están disminuyendo mientras una generación que ha crecido en una cansina aversión a las mentiras del gobierno se hace adulta. Es evidente que algo hay que hacer para que de nuevo sean temerosos  - y rápido.
La caza de brujas contra los hackers y filtraciones se ha diseñado como un elemento de disuasión. Eso, después de todo, es la lógica detrás de enviar personas a la cárcel: amenazar a los potenciales díscolos con la pérdida de su libertad y los medios de vida y que así entren en vereda. Las condenas violentamente desproporcionadas contra jóvenes activistas digitales sugieren que hay algo que el gobierno de EE.UU. y los estados nacionales asociados están ansiosos por desterrar. El problema es que parece bastante probable que este elemento de disuasión sea contraproducente.  
Si algo une a los hackers y denunciantes cazados por el gobierno de los EE.UU. en los últimos tres años, de Chelsea Manning y Edward Snowden al bromista notorio Andrew Auernheimer "WEEV", es que tienen poco respeto por la autoridad moral del gobierno de EE.UU. y sus mecanismos. Son adolescentes y veinteañeros que crecieron con Bush, Blair y Brown y alcanzaron la mayoría de edad cuando la crisis financiera de 2008 arrasó la justificación socioeconómica para el imperialismo anglo-estadounidense. La cultura de internet que ellos ayudaron a crear cree profundamente en la transparencia y, en esa cultura, los activistas digitales que lo arriesgan todo por el "derecho a saber" del público son héroes.
Jeremy Hammond no es el primer activista de la información convertido en un mártir por el estado de los EE.UU., y es poco probable que sea el último. Hay un montón de cosas que puede hacer, si usted es la nación más poderosa de la Tierra, para que las personas lo teman. Puede destruir sus posibilidades de un futuro seguro y feliz. Puede encerrarlos durante años. Pero la única cosa que no puede hacer es obligarlos a que lo respeten - y si usted no puede hacer eso, en un nivel básico, es que ya ha perdido