06 septiembre 2013

La horrible verdad detrás del plan de Obama para Siria por Nicky Woolf (New Statesman)

The ugly truth behind Obama's Syria plan 
por Nicky Woolf (New Statesman
La horrible verdad detrás del plan de Obama para Siria
Golpes selectivos para castigar a Asad sólo perpetuarían el conflicto - y eso es exactamente lo que el gobierno estadounidense quiere. La horrible verdad detrás del plan de Obama para Siria.
«Los objetivos de Estados Unidos en Siria no son lo que el gobierno quiere que pienses.
La prueba está en el tipo de acción que se está sugiriendo. Jay Carney, el portavoz jefe de la Casa Blanca, descartó ayer categóricamente el cambio de régimen como objetivo. "Las opciones que estamos considerando no son un cambio de régimen", dijo a la prensa reunida en la Casa Blanca. "Se trata de responder a una clara violación de una norma internacional que prohíbe el uso de armas químicas." Pero los ataques selectivos que se proponen sólo perpetuarían la matanza - y para eso están diseñados. 
Una verdadera solución al conflicto en Siria habría sido difícil y muy compleja, incluso hace dos años. Costaría mucho tiempo y mucho más dinero de lo que probablemente sería aceptable para Gran Bretaña o los Estados Unidos. La solución de este problema significaría intentar un acercamiento entre dos facciones cuyo odio mutuo está bañado en la sangre de miles de muertos y anclado en años de asesinatos. Es probablemente imposible.
Pero nadie está ni siquera hablando de una solución, y hay una razón para ello. 

Estados Unidos no está interesado en el cambio de régimen. Obama no quiere ser un presidente de tiempos de guerra. Tampoco está interesado en el argumento de la intervención humanitaria para algo más que propósitos retóricos. Una rápida mirada muestra su "línea roja" de la utilización de armas químicas como ridícula. La cifra de muertos en Siria asciende a más de cien mil personas. La retórica ha sido que Asad debe ser "castigado" por el uso de armas químicas, pero ¿por qué? Las herramientas que se utilizan para llegar a este número son irrelevantes frente a ese horror. ¿A quién le importa si las personas fueron asesinadas con conchas, fuego de mortero o gas? 
He aquí por qué es atractivo para el gobierno estadounidense. Por el momento, el conflicto en Siria está actuando como una especie de sumidero que recoge los recursos de los enemigos de Estados Unidos en un espacio reducido. Es un agujero negro para los extremistas. Cuando el ejército de Asad volvió a tomar la ciudad de Al Quseir en junio fue apoyado por Hezbolá en el Líbano. Irán también lo apoya; The Independent on Sunday informó en junio que un contingente de 4.000 soldados de la Guardia Revolucionaria iraní sería enviado a luchar junto a las fuerzas del gobierno sirio. Teherán incluso ha amenazado con atacar Israel si Estados Unidos ataca Siria, una medida que podría iniciar una desastrosa cadena de acontecimientos. 
Por otro lado, el Frente Jabhat Al-Nusra, considerado el grupo rebelde más eficaz y disciplinado que lucha contra el régimen de Asad, está abiertamente vinculado con Al Qaeda; otro afiliado yihadista, el Estado Islámico de Irak y Siria (ISIS), es una enormemente poderosa facción del rebelde Ejército libre de Siria. 
En lo que se refiere a la Casa Blanca, éste es un juego de suma cero. Mientras que estos grupos están gastando dinero y recursos luchando en Siria, la amenaza que suponen para Occidente disminuye mucho. Mientras Al Qaeda se centre en derribar a Asad, no planeará un próximo 11 de septiembre, y es posible incluso que estuviera agradecida a los EE.UU. por la mísera asistencia aérea. El enemigo de mi enemigo, como se suele decir, es mi amigo. 
Obama y sus asesores también calculan que la victoria de los rebeldes en Siria podría permitir que el sentimiento anti-occidental resurgiera bajo un régimen islamista extremo. Otra lección de la historia reciente: en Irak fue después de que Sadam fuera derrocado que las cosas fueron cuesta abajo y sin frenos.
Así que eso nos lleva a la conclusión incómoda: que una intervención aérea a medias en Siria está diseñada no para sacudir este barco mortal, sino para mantenerlo firme.
La situación de Putin es muy similar. La guerra civil perpetua en Siria funciona casi tan bien para Rusia como para los Estados Unidos. Rusia tiene enormes lazos comerciales con Asad en Siria - unos 20 mil millones de dólares, según el Servicio de Investigación del Congreso, y los perdería si Asad fuera derrocado -, así como la única base naval rusa fuera de sus fonteras.  Pero Siria es también un comprador a gran escala de armas rusas, con un gasto de casi cinco mil millones de dólares en los cuatro años anteriores a 2010, y ese número ha aumentado considerablemente desde el inicio del conflicto, con Assad firmando acuerdos para comprar - tan sólo los últimos meses - avanzados misiles antiaéreos S-300 y aviones de combate MiG-29.
Más importante aún, el conflicto sirio permite a Putin ganar apoyo político en el país en una era de creciente descontento y protesta aumentando el sentimiento anti-estadounidense y anti-occidental. Con Rusia y los EE.UU. en el Consejo de Seguridad de la ONU defiendo implacablemente sus posiciones, no es probable una resolución; aunque el ministros ruso de exteriores lance bravatas  sobre "consecuencias catastróficas" si los EE.UU. y sus aliados llegan a intervenir. 
Rusia no quiere que los rebeldes ganen porque perdería su negocio y su base naval. Estados Unidos no quiere que los rebeldes ganen porque el estado que resultaría sería el caldo del cultivo para el terrorismo apoyado por Al Qaeda, dirigido por el Frente Al-Nusra. 
De este modo por acuerdo tácito de Rusia y Estados Unidos,  Siria se ha convertido de hecho en un hombre de paja. Y mientras el hombre de paja continúa ardiendo, a ninguna de las partes le importa cuántos civiles están perdidos en el infierno