05 agosto 2013

El miedo como ángel de la guarda por Klaus Heilmann (sueddeutsche.de)

Angst als Schutzengel 
por Klaus Heilmann (sueddeutsche.de)
El miedo como ángel de la guarda 
En San Francisco se produce el aterrizaje forzoso de un Boeing 777, en Santiago de Compostela, un tren de alta velocidad descarrila, al mismo tiempo comienza el juicio contra el capitán del naufragado "Costa Concordia". Por muy diferentes que sean estos desastres  - en cuanto a sus causas, muestran muchas similitudes.
«El 25 de julio de 2013 se accidenta en las cercanías de Santiago de Compostela un tren de alta velocidad en una curva cerrada. El maquinista experimentado y familiarizado con el trayecto conducía a más del doble que lo permitido. 79 personas murieron, muchas quedaron heridos, algunas de gravedad.
El 7 de julio de 2013 se produjo el aterrizaje forzoso de un Boeing 777 en el aeropuero de San Francisco. La máquina de una aerolínea de Corea del Sur voló demasiado bajo y demasiado lento, chocó contra un muro del muelle, se rompió y quemó. Tres personas murieron, muchos de los 305 sobrevivientes resultaron heridos. La tripulación tenía experiencia, pero nunca volaran juntos. El piloto de este avión todavía estaba en formación y no conocía el peligroso aeropuerto. Confió el aterrizaje al sistema automático.
En julio de 2013 el capitán del crucero Costa Concordia, que el 13 de enero de 2013 chocó frente a la isla toscana de Giglio contra una roca, comparecerá por primera ante un tribunal. El barco estaba bien equipado y estaba dotado técnicamente con los sistemas de navegación habituales. El capitán y los oficiales era considerados experimentados; pero según los testigos, llevaron a cabo la evacuación de forma poco profesional y caótica. Hubo 32 muertes entre las más de 4.000 personas a bordo.
Aunque sean tan diferentes, estos desastres, producidos recientemente en los transportes masivos modernos, en lo que se refiere a sus causas, muestran muchas similitudes. Son en todos los casos los mismos errores que podrían haberse evitado si los participantes -ingenieros, fabricantes y operadores de transporte- tuvieran la experiencia y conocimiento previo adecuado. Y si el hombre no tuviera esa extraña confianza en la tecnología, los sistemas de control y la seguridad por antonomasia.
Los sistemas técnicos son más vulnerables, cuanto más complejas son las tecnologías con las que trabajan, y más son las empresas que entran en juego. Al mismo tiempo, todo se hace más difícil de dominar. Como se puede deducir del análisis de los recientes accidentes, muchos podrían haberse evitado mediante mejores equipamientos de seguridad, pero se mantuvieron por debajo del nivel posible, a veces, por razones de coste, porque las advertencias de los expertos no fueron escuchadas.
Y luego están los casos en que las medidas preventivas fueron indicadas, pero no fueron observadas. Y aunque después de un desastre se tomen buenas medidas en materia de seguridad, a menudo -especialmente con el rápido ritmo del progreso tecnológico- son olvidadas rápidamente por lo que nada cambia.»