10 agosto 2013

En defensa de los informantes: Snowden y Manning por John Cassidy (The New Yorker)

In Defense of Leakers: Snowden and Manning 
por John Cassidy (The New Yorker
En defensa de los informantes: Snowden y Manning
«El día en que Edward Snowden finalmente dejó el aeropuerto de Moscú en un taxi para aceptar la oferta de Rusia de asilo temporal y en el que se conoció una parte de la sentencia del juicio a Bradley Manning, vale la pena reiterar lo que debería ser obvio. Filtrar información clasificada es un delito, y puede ser perjudicial para los intereses nacionales, pero, en algunos casos, también puede ser un acto patriótico y útil que ayuda a promover las reformas necesarias.
Dejando a un lado la odisea personal de Snowden - ha estado escondido en el aeropuerto de Sheremetyevo desde el 23 de junio -  los documentos que hizo públicos detallando los programas de espionaje de la Agencia de Seguridad Nacional, a nivel nacional y mundial, ya han tenido un efecto transformador. Durante décadas, el Congreso ha adoptado un enfoque pusilánime y de no intervención con respecto a la NSA, quien se apropia de grandes sumas de dinero para sus operaciones - su presupuesto sigue siendo clasificado, pero al parecer es de unos diez mil millones de dólares al año -, y sin examinar de cerca cómo se gastó ese dinero. A medida que el organismo quiso ampliar sus programas de vigilancia nacionales a raíz del 11 de septiembre, el Congreso, al aprobar las versiones sucesivas de la Ley Patriota y otras medidas, permitió activamente ampliar su mandato bajo el cajón de sastre de la justificación de la lucha contra el terrorismo.

Ahora, por fin, algunas voces se oyen cuestionando su actuación. En una audiencia en el Capitolio ayer, los senadores de ambos partidos interrogaron a los líderes de la NSA sobre su justificación para la recolección de los registros telefónicos de millones de estadounidenses que no son sospechosos de tener relación alguna con el terrorismo, diciendo que los altos funcionarios de la agencia habían exagerado enormemente el número de tramas terroristas que se habrían frustrado gracias al programa. Patrick Leahy, demócrata de Vermont, dijo que se le había mostrado una lista clasificada que no indicaba que hubieran sido detectadas "docenas o ni siquiera varias" comparaciones. El republicano Charles Grassley, de Iowa, criticó a James Clapper, director de Inteligencia Nacional, por engañar al Congreso sobre el programa de registro telefónico. 
En esta etapa, dista mucho de estar claro si las audiencias del Congreso darán lugar a ningún cambio real en la forma en que la NSA opera. El miedo a ser acusado ​​de ser blando con el terrorismo perdura en Washington, y esto juega en contra de cualquier retroceso sustancial del estado de vigilancia. Pero por lo menos se están discutiendo las actividades de los espías electrónicos públicamente, y la Administración Obama se ve obligada a justificar la forma en que, en el área de espionaje interno, ha continuado, y muy posiblemente expandido, las políticas de la Administración Bush. (En el Congreso ayer, Robert S. Litt, un abogado de alto nivel en la Oficina del Director de Inteligencia Nacional, dijo que el gobierno de Obama estaba "abierto a reevaluar" el programa de registro telefónico, mientras "se preserve la esencia.")  
Casi no hace falta decir que nada de esto habría sucedido si Snowden se hubiera callado sobre lo que vio como graves violaciones de la privacidad por la NSA, o si hubiera hecho lo que han sugerido algunas personas en los medios de comunicación e informado de sus preocupaciones a sus superiores inmediatos. Entregando documentos de la NSA a los periodistas de The Guardian y The Washington Post, llamó la atención del público estadounidense aportando información detallada de algo que ellos tienen todo el derecho a saber: que su gobierno los está espiando.
Algunas de las cosas que la NSA está haciendo se habían puesto de manifiesto en noticias anteriores por periodistas de investigación, especialmente Eric Lichtblau y James Risen del New York Times (que se enfrenta a la perspectiva de ir a la cárcel en lugar de revelar una fuente por otro tema). Pero la riqueza de detalles en los documentos de Snowden y su revelación de la existencia de programas de espionaje previamente no revelados como Prism, hace ridícula la sugerencia de que en realidad no nos dijo nada nuevo. Por lo menos, nos dijo que las operaciones de vigilancia de la NSA son mucho mayores y más sistemáticas que lo que antes conocíamos, y que altos funcionarios de la Administración de Obama, especialmente Clapper, han engañado al Congreso y al público acerca de ellos.
Tal vez el aspecto más triste del caso Snowden ha sido el esfuerzo oficial, que llega hasta el secretario de Estado, John Kerry, de presentarlo como un traidor. En realidad, Snowden parece ser un joven idealista que no tenía malas intenciones hacia su país, pero que se fue desilusionando poco a poco por algunas de sus acciones. Se alistó en el ejército durante la guerra de Irak porque, según dijo a Glenn Greenwald de The Guardian, "Creía en la bondad de lo que se estaba haciendo", sólo para ser dado de baja varios meses después. Incluso ahora, dijo a Greenwald, cree que "Estados Unidos es fundamentalmente un buen país; tenemos buenas personas con buenos valores que quieren hacer lo correcto, pero las estructuras de poder que existen están trabajando para sus propios fines de ampliar su capacidad a expensas de la libertad de todo el público".
El caso Manning es un poco diferente. Al desenterrar un vídeo de un helicóptero Apache de EE.UU. disparando contra civiles en Bagdad y al publicar los detalles de los informes internos de campo de batalla de Irán y Afganistán sacó a la luz atrocidades militares que de otro modo habrían permanecido encubiertas. Pero al faciliar a WikiLeaks setecientos mil documentos, incluyendo un cuarto de millón de cables diplomáticos, fue mucho menos selectivo que Snowden, filtrando, por ejemplo, los detalles de los cables que contienen evaluaciones sin matizar de funcionarios estadounidenses sobre países  y líderes extranjeros. No veo otra justificación de interés público en filtrar esta información que no sea volver locos a los periodistas - aunque algunos han argumentado que los cables ayudaron a socavar gobiernos opresivos en el extranjero, e incluso pueden haber sido un factor en la primavera árabe. Aún así, sin embargo, no hay nada que sugiera que el ex especialista del Ejército tenía ninguna intención de causar daño a los Estados Unidos. Cuando se le ofreció, a principios de este añodeclararse culpable de algunas de las acusaciones en su contra menos graves, que conllevan una posible condena de veinte años de cárcel, dijo que estaba tratando de mostrar a sus conciudadanos la "realidad del día a día" de las guerras de Estados Unidos, provocar un debate público sobre las políticas de Estados Unidos en Irak y Afganistán.
Eso no quiere decir que debería haber sido perdonado por completo. Todos los gobiernos tienen que mantener algunas cosas en secreto, como los cables diplomáticos y los detalles de los planes militares. Esto requiere sanciones contra filtraciones, especialmente aquéllos cuyas filtraciones no se limitan a información sobre irregularidades oficiales y extralimitaciones. Pero ¿cuál debería ser la gravedad de estas sanciones? Acusando a Manning de "ayudar al enemigo", un delito que puede acarrear la pena de muerte, el Pentágono actuó de una manera extravagantes y sin precedentes. Afortunadamente, la coronela Denise Lind, la jueza del caso, lo declaró inocente de ese cargo, a pesar de que lo declaró culpable de numerosos cargos, incluyendo la filtración de información clasificada y de violar la Ley de Espionaje.
Todavía no sabemos con certeza lo que sucederá con Snowden o Manning: el primero parece destinado a una vida de exilio, por ahora, al menos, en un país represivo; el último pasará muchos años en una cárcel militar. (Ya ha estado en prisión preventiva durante casi tres años, incluso en régimen de aislamiento durante once meses - un tratamiento que un alto funcionario de las Naciones Unidas encargado de investigar las denuncias de tortura describió como cruel e inhumano.) Sabemos que, con gran costo para sí mismos y sus familias, Snowden y Manning han iluminado mucho de lo que las autoridades hubieran preferido mantener oculto, y han provocado un amplio debate público acerca de lo que el Times, en su editorial sobre el veredicto Manning, justamente describió como "un aparato de seguridad nacional que ha hecho metástasis en un vasto y en gran medida sin control ejercicio de secretismo gubernamental y un exceso de celo en la persecución de aquellos que lo rompen." En resumen, los dos informantes han realizado un servicio público valioso.»