29 julio 2013

La esclavitud moderna no es diferente de la practicada hace 150 años por Rebecca J. Scott (Le Monde)

L'esclavage moderne n'est pas différent de celui pratiqué il y a 150 ans 
por Rebecca J. Scott (Le Monde
La esclavitud moderna no es diferente de la practicada hace 150 años
«¿Hay esclavos en la Francia de 2013? La pregunta se plantea porque, por dos veces, Francia ha sido condenada por el Tribunal Europeo de los Derechos Humanos por no haber puesto en marcha "un marco legislativo y administrativo que permita combatir eficazmente la esclavitud y el trabajo forzado".
La posibilidad de modificar el código penal para remediar esta laguna se está discutiendo actualmente en el Parlamento. Se trata de ampliar la manera en que la ley define la esclavitud, entre otras cosas para extenderla a la situción de mujeres jóvenes, "asistentas domésticas" a menudo extranjeras que trabajan sin salario y sin horario definido para cuidar los niños, cocinar y limpiar. Carente de una definición precisa en la ley francesa, los empleadores culpables de tales actos no han sido más que sancionados levemente.
El debate en el Parlamento conduce a plantearse dos preguntas: ¿El término "esclavo" debe limitarse a las relaciones de propiedad sobre las personas, tal y como se remonta a la trata de negros? ¿Hay que limitar nuestra percepción histórica de la esclavitud al mundo de las plantaciones de algodón, de azúcar y de café que explotaba a seres humanos bajo el pretexto de que sus amos eran sus "propietarios"? La respuesta es por dos veces no. Cada vez somos más, tanto historiadores como juristas, los que estamos convencidos de que es posible introducir la palabra "esclavitud" en el derecho penal actual sin cometer ningún anacronismo.

Desde 1926, el derecho internacional define el término "esclavitud" como "el estado o condición de un individuo sobre el que se ejercitan los atributos del derecho de propiedad o algunos de ellos". No se habla para nada de título de propiedad sino de atributos. El más importante de ellos es el dominio que una persona puede ejercer sobre otra. Incluso en la época de la trata transatlántica en la que se reconocía el derecho de propiedad sobre un individuo, era a menudo este dominio lo que otorgaba el derecho de propiedad, y no al contrario.
Tomando como punto de partida no ya el derecho sino la realidad de las relaciones domésticas en el medio urbano, se puede relacionar la situación de ciertos esclavos del siglo XIX con la de las mujeres sometidas hoy a la esclavitud moderna. Esta proximidad aparece claramente cuando se comparan dos historia vividas con dos siglos de distancia por dos mujeres jóvenes que viven en ciudades en las que no tienen más lazos sociales que la dependencia con respecto a personas que, progresivamente, iban a  reducirlas a una situciaciòn de esclavitud.
La chica llamada Sanitte, cuyo historia ha podio ser reconstruida gracias a los archivos, nació en la colonia francesa de Saint-Domingue después de la primera abolición de la esclavitud de 1793-1794 y, por tanto, era libre según la ley francesa. Se convertirá en refugiada de guerra cuando Napoleón Bonaparte envíe una expedición militar a Saint-Domingue. En efecto, a la edad de 6 años, Sanitte se encuentra bajo la guardia de una mujer llamada Marthe Boyer que la lleva con ella cuando se exilia en Cuba en 1803 y después en Luisiana en 1809. Instalada en países donde la esclavitud sigue estando vigente, Marthe consigue progresivamente reducir a Sanitte a la condicion de esclava. Ya en Cuba, numerosos testimonios están dispuestos a afirmar que Sanitte "pertenecía" a Marthe Boyer.
En 1811, teniendo necesidad de un préstamo, la Sra. Boyer lo obtiene de un vecino, ante notario, un préstamo que tiene como garantía a... Sanitte. Algunos años más tarde, según los testimonios recogidos en Cuba, otro notario de Luisiana autoriza la venta de Sanitta por 425 piastras. Un supuesto derecho de propiedad había tomado forma, pero este derecho se derivó de la condición de Sanitte, de el dominio que la Sra. Boyer ejercía sobre ella. Será revendida un medía docena de veces antes de cumplir los 22 años.
Hoy en día, es la falta de justificación legal lo que caracteriza las situaciones de este tipo. Heriette Siliadin, un adolescente togolesa que llegó a Francia en 1994 a la edad de 15 años, atraída por una promesa de escolarización, se encuenta, cuando caduca su visado, "prestada" a vecinos de la mujer que la llevó a Francia. Será mantenida en esclavitud en su apartamento de París, encargada de tareas domésticas y del cuidado de los niños. Trabaja "los siete días de la semana y alrededor de quince horas por día", sin remuneración; su pasaporte fue confiscado por la pareja.
Con la ayuda del Comité contre l'esclavage moderne, Henriette Siliadin fue liberada por la policía en 1998, y presentó una denuncia contra los que la habían hecho trabajar ejerciendo sobre ella amenazas y presiones psicológicas. El tribunal francés de apelaciones, no obstante, no vio en el caso de Siliadin un atentado contra la dignidad humana sancionado por el código penal. Consideró que un trabajo sin horario definido y no pagado es el destino de "muchas madres de familia".
Sin embargo, la situación de Sanitte y la de Henriette Siliadin se asemejan en lo fundamental: han sufrido un control casi absoluto de su persona por otros y su trabajo ha sido explotado sin remuneración.  Pero a falta de una cualificación clara en el código penal francés moderno, los "amos" de Henriette pudieron conseguir con su apelación que fuera anulada, casi en su totalidad, la condena que habían sufrido en primera instancia.
El debate que acaba de abrirse permite a los diputados y senadores definir el delito de "esclavización", la situación de "esclavitud" y de "trabajo forzado". La República Francesa afirmó ya en 1848 que la esclavitud "es un atentado contra la dignidad humana" y que "al destruir el libre arbitrio del hombre, se suprime el principio natural del derecho y del deber". ¿Hay aún que esperar más para extraer las consecuencias jurídicas?»