10 julio 2013

Entre las agencias de inteligencia y el sector privado, hay una puerta giratoria. Entrevista con Ronald Deibert por Patrick Beuth (Die Zeit)

"Zwischen Geheimdiensten und Privatwirtschaft gibt es eine Drehtür" 
Entrevista con Ronald Deibert por Patrick Beuth (Die Zeit
Entre las agencias de inteligencia y el sector privado, hay una puerta giratoria
Las empresas exageran las supuestas amenazas para vender sus costosas técnicas de vigilancia a los estados, afirma Ronald Deibert, un experto en vigilancia de Internet.
«ZEIT ONLINE: Usted explora desde hace más de una década, la vigilancia del estado en Internet, especialmente en las regiones menos democráticas. ¿Qué distingue a la vigilancia de la red en China y Bahrein de la vigilancia de la red de las agencias de inteligencia occidentales?
Ronald Deibert: La diferencia más evidente es el papel de la ley. Por desgracia, sólo descubrimos  la  vigilancia cuando tiene lugar en los estados occidentales, liberales, dentro de cierto marco legal, pero en secreto, sin que la población sea consciente de su magnitud. Pero en los regímenes autocráticos por lo general se carece de cualquier deber de rendir cuentas. Esto es, al menos, una diferencia de grado. 
La otra diferencia es que muchas empresas de internet tienen su sede en los Estados Unidos, las agencias de inteligencia de Estados Unidos tienen así una ventaja de local. Para ellas, es fácil obligar a las empresas a que cooperen. Por tanto, creo que pronto habrá en muchos países intentos de fundar empresas de telecomunicaciones nacionales cuyo control sea más fácil.
ZEIT ONLINE: ¿Por qué están los servicios estadounidenses como Google, Facebook o Yahoo en el cento de la vigilancia? Porque nadie cree que la NSA busque sólo a terroristas y criminales, pues estos utilizan otros canales.
Deibert: Yo no estoy tan seguro. Es muy posible que muchos extremistas o terroristas utilicen estos servicios. No creo que todos estén bien versados ​​técnicamente y puedan utilizar redes alternativas.
Pero ese no es el núcleo de su pregunta. Hay una razón histórica para que la atención se centre en las empresas estadounidenses: después del 11 de septiembre hubo la necesidad urgente de subsanar los errores que llevaron a este fracaso de los servicios de inteligencia. Puesto que se trató ante todo del fracaso de relacionar referencias aisladas que se poseía. Surgió la ambición de obtener tantos datos como fuera posible -con la esperanza de relacionarlos para así evitar futuros atentados. Y, por supuestos, las agencias de inteligencia se volvieron a las empresas a través de cuyos servicios la mayoría de la gente se comunica.

ZEIT ONLINE: Una vez más, ¿de verdad cree que la razón principal para la vigilancia masiva de la comunicación diaria de millones de personas sobre las que no se tiene ninguna sospecha, especialmente en Europa es sólo para defenderse del terrorismo?
Deibert: No puedo imaginar que suceda por razones políticas. Pero a largo plazo esto también supone una amenaza. Las capacidades de los servicios secretos pueden ser también dirigidas fácilmente contra la población normal para reprimir la disidencia política. Esta debe ser nuestra gran preocupación. A pesar de que no creo que ese fuera al principio su objetivo.
Pero sí se convierte en un gran problema cuando las empresas empiezan a vender su tecnología de vigilancia al Gobierno, creado así un hambre insaciable de más y más datos. Cuando se pierde el control, esto lleva obligatoriamente a un mal uso de la técnica con fines políticos.
Los ciudadanos no estadounidenses están por lo demás  mucho menos protegidos por la ley estadounidense. Son una presa fácil, y esto es notorio especialmente, en el caso de los europeos.
ZEIT ONLINE: ¿Qué papel desempeña en su opinión el espionaje con fines industriales?
Deibert: Funcionarios de inteligencia estadounidenses dicen alto y claro que no transmiten información a las empresas. Esto es todavía probablemente cierto. En otros países es algo común. Los servicios de inteligencia chinos transmiten rutinariamente los frutos de sus actividades de espionaje a empresas. Por lo que sé, los franceses hacen los mismo, los rusos probablemente también. Los estadounidenses son algo más cautelosos. Como se benefician las empresas económicamente del espionaje, se ve en las negociaciones comerciales.  
ZEIT ONLINE: Usted describe en su libro Black Code una conexión entre funcionarios y empresas: ex empleados de los servicios de inteligencia fundan empresas para vender a sus ex empleadores la tecnología que más les hubiera gustado tener en su propio tiempo de servicio. ¿Crean las empresas privadas de modo artificial una demanda de esta tecnología de vigilancia? 
Deibert: Sí, en Washington hay una puerta giratoria entre las agencias de inteligencia y el sector privado, lo llamo el complejo ciber-industrial: Cientos de empresas, entre ellas Booz Allen Hamilton, el último patrón de Edward Snowden, no sólo se benefician de los enormes presupuestos para vigilancia. Sus puestos ejecutivos y miembros del consejo también están llenos de altos ex funcionarios de los servicios de inteligencia. Estas empresas están muy interesadas en exagerar las supuestas amenazas y en asegurar que siga fluyendo mucho dinero estatal en tecnología de vigilancia. 
ZEIT ONLINE: ¿Esto funciona? 
Deibert: Sí, hay una cierta dinámica. Si usted introduce nuevas posibilidades técnicas en manos de los gobiernos, oportunidades con las que antes no se hubiera atrevido a soñar, se producen consecuencias que cambian el panorama político. La Inspección profunda de paquetes es un buen ejemplo: en los primeros años de Internet era la neutralidad de la red, la igualdad de trato de todos los paquetes de datos, un principio básico. Para poder combatir el spam o el botnet, fueron desarrolladas técnicas que permitieron a los operadores de red mirar dentro de los paquetes. Y no pasó mucho tiempo hasta que alguien sumó dos y dos y se dio cuenta de que así se podía controlar Internet de un modo fantástico. Así surge rápidamente un mercado. A menudo hay consecuencias no deseadas por los inventores: nueva tecnología, codicia, y por supuesto, los pensamientos de seguridad se unen y crean por así decirlo una tormenta perfecta.
ZEIT ONLINE: ¿Y esta tormenta acaba amenazándonos a todos? 
Deibert: Particularmente preocupante es si estas nuevas técnicas caen en manos de regímenes autocráticos que los utilizan en contra de su propia población. El Citizen Lab acaba de publicar un informe que indica una empresa canadiense vendió la tecnología de filtrado de Internet de al gobierno paquistaní. En tales casos, el mercado tiene un impacto en la propia Internet, que no es de nuestro interés a largo plazo. 
ZEIT ONLINE: Entonces, ¿cuál es el riesgo a largo plazo que surgen de la vigilancia y el mercado? Deibert: La erosión gradual de los principios básicos de la democracia. A largo plazo puede socavar derechos humanos tales como la libertad de información y la libertad de expresión. Pero nunca volverá a ver un momento en que los gobiernos controlen tanto la red. Así que como sociedad tenemos que debatir sobre el papel apropiado del Estado en un espacio de comunicación global como el de Internet. El escándalo de la NSA pondrá en marcha este debate. Sólo temo que el interés del público puede desaparecer pronto. Entonces no encontraríamos en un mundo globalmente controlado, sin un control adecuado, y poco a poco perderíamos lo que hoy damos por sentado: esta maravillosa red global.»