18 julio 2013

El problema de Europa no es el desempleo juvenil por Mark Schieritz (Die Zeit)

Europas Problem ist nicht die Jugendarbeitslosigkeit 
por Mark Schieritz (Die Zeit
El problema de Europa no es el desempleo juvenil
Berlín combate el desempleo juvenil. Pero no se trata sólo de la juventud.
«Casi dos docenas de jefes de  gobierno y aún más ministros se reunieron en Berlín para discutir bajo la dirección de Ursula von der Leyen y Angela Merkel acerca de conseguir que más de tres millones de desempleados de menos de 25 años recuperen una perspectiva de futuro. Sin embargo, de la cumbre no quedarán más que unas cuantas fotos bonitas - y eso es porque se eligió el tema equivocado. El problema de Europa no es el desempleo juvenil.

¿Pero no es un escándalo que en los estados del euro haya tantos jóvenes sin empleo? Lo es, en efecto, pero también hay mucha gente mayor sin trabajo y eso también es un escándalo. Tal vez el desempleo para un padre de familia con dos hijos es más terrible que para un graduado universitario. Pero no hay una cumbre para tratar los problemas de los padres de familia.
No se trata de enfrentar a jóvenes contra viejos, sino de diagnosticar correctamente el problema. Pues del diagnóstico depende la elección de la terapia. Una señal de que Europa tiene un problema con el desempleo juvenil sería que el desempleo se hubiera disparado entre los jóvenes. En ese caso la política tendría que responder con ofertas especiales para los jóvenes, por ejemplo, con nuevos programas de formación.
Pero ése no es el caso. En primer lugar, no es extraño que los jóvenes lo tengan más difícil en el mercado laboral, porque tienen que adaptarse después de su período de formación. En casi todos los países industrializados -también en aquellos sin crisis- la tasa de desempleo juvenil es casi el doble que la tasa de desempleo general.
Es cierto que en los países en crisis del sur de Europa, el desempleo juvenil aumentó por encima del nivel normal, pero subió siempre en proporción al desempleo entre la población total. En Italia aumentó el número de jóvenes sin trabajo entre 2010 y 2012 un 27%,  la tasa de paro en conjunto aumentó un 26%. En Grecia, el aumento en los jóvenes fue del 70%, en conjunto la tasa aumentó un 90%.
Europa no tiene un problema de desempleo juvenil, sino un problema de desempleo. No es la mala formación lo que impide que jóvenes en Italia o España inician una carrera profesional. Simplemente carecen de puestos de trabajo.
Si esta conclusión es correcta, esta cumbre fue una de las más superfluas de la historia de la economía. Y visto a largo plazo, lo que todavía es peor, las iniciativas que surgieron de ella pueden incluso empeorar las cosas. Los sistemas de formación en el sur de Europa seguro que tienen sus fallos que deben ser corregidos. ¿Pero puede y debe el sistema de formación alemán dual que retrotrae su origen al siglo XIX ser un modelo para toda Europa? ¿O no tendría más posibilidades de éxito fomentar la diversidad?
Y ¿es realmente una buena idea llevar a los jóvenes españoles, italianos y griegos a Alemania? ¿Quién impulsará la reconstrucción económica y la renovación política en Grecia, España o Italia si los mejores y más inteligentes acaban trabajando en Berlín como enfermeros? Al sur le amenaza una fuga de cerebros que hipotecará su futuro durante años.
La política tendría que usar toda su energía en poner en marcha el crecimiento económico para que las empresas creen otra vez puestos de trabajo y empleen gente. ¿Qué reformas ayudan ahora? ¿Cómo se puede lograr solucionar el problema de la crisis del crédito? ¿Qué sucede con la deuda excesiva? Éstas son las preguntas que tendrían que ser tratadas en una cumbre que ayudara realmente a la juventud europea.
Pero tales preguntas asustan a una canciller en campaña electoral porque estarían ligadas probablemente con nuevas cargas para los contribuyentes alemanes y medidas impopulares. Por eso se prefiere hablar de clases de alemán y cursos avanzados e impresionar al público dando un cuantos miles de millones.
La lucha contra el desempleo de los jóvenes es, con otras palabras, la política simbólica por excelencia.»