16 noviembre 2015

"El capitalismo es como un muerto viviente". Entrevista con Michael Hardt por Oskar Piegsa (Die Zeit)

"Der Kapitalismus ist so untot wie ein Zombie" 
Entrevista con Michael Hardt por Oskar Piegsa (Die Zeit
"El capitalismo está tan vivo como un zombie"
Otro mundo es posible, dice el marxista Michael Hardt. Lo extraño es que lo que se hace esperar. Una conversación sobre el fin del capitalismo
«ZEIT Campus: Sr. Hardt, ¿se está hundiendo el capitalismo?
Michael Hardt: Algún día lo hará seguro.
ZEIT Campus: ¿Cuándo? 
Hardt: Es difícil de decir. Pero es un primer paso reconocer que el capitalismo fue creado artificialmente. No es la expresión de características supuestamente innatas como el espíritu de competencia o la codicia. Podemos acabar con él. 
ZEIT Campus: Usted es uno de los últimos grandes filósofos marxistas. ¿Presenciará usted el fin del capitalismo?
Hardt: Con las predicciones hay que tener cuidado. Muchos reconocieron las contradicciones internas del capitalismo y profetizaron su próximo final - erróneamente.

ZEIT Campus: ¿Por ejemplo?
Hardt: Rosa Luxemburgo dijo a principios del siglo XX que el impulso del crecimiento europeo  requerirá siempre nuevas colonias. Debido a que la tierra es finita tiene que haber una guerra entre las potencias coloniales europeas y esto llevará al colapso del capitalismo. No era un mal análisis, pues la Primera Guerra Mundial llegó realmente. Pero el capitalismo sobrevivió a la guerra y al fin de las colonias. Hoy en día hay nuevas contradicciones. 
ZEIT Campus: ¿En qué piensa?
Hardt: Por ejemplo, en la propiedad intelectual. La lógica capitalista se basa en la escasez de bienes: Tengo un coche, usted no, así que puede alquilárselo o venderle el mío. O usted me lo roba, lo que debe ser castigado. Bienes intangibles como el software y la música, sin embargo, se pueden copiar sin pérdidas. El valor de mis ideas, incluso aumenta, cuanto más se las conozca. Pero preferimos criminalizar a millones de personas que comparten música en Internet, antes que reconocer que se trata de activos intangibles que requieren una lógica distinta a la capitalista.
ZEIT Campus: ¿Internet revela, por tanto, las debilidades de nuestro sistema económico?
Hardt: Por supuesto, no únicamente. El mayor problema con el capitalismo es que es fantástico para algunas personas y terrible para todos los demás. Hay una falta de justicia, libertad e igualdad entre las personas.
ZEIT Campus: Los anticapitalistas confían desde hace años en sus ideas: Empire, su primer libro fue publicado en 2000,  coincidiendo con las protestas de los críticos de la globalización en Génova, y fue polémico en muchos países. Ahora ha escrito con Democracy! un ensayo sobre las revueltas internacionales del año 2011. ¿Estas protestas han logrado algo nuevo?
Hardt: Por lo menos hay una diferencia importante: los críticos de la globalización eran nómadas porque luchaban contra un sistema que se presentaba en las cumbres de jefes de Estado y ministros de finanzas en diferentes países. Las protestas de 2011, sin embargo, tienen raíces locales.
ZEIT Campus: ¿A qué se refiere?
Hardt: Si hablamos de los Indignados en España, la ocupación de la plaza Syntagma, en Atenas o Occupy Wall Street en Zuccotti Park de Nueva York:  los manifestantes siempre han levantado sus tiendas de campaña y se han negado a marcharse. Así que eran literalmente lo contrario de nómadas. Al mismo tiempotienen sus raíces a nivel local en el sentido de que tratan los problemas de su entorno inmediato. Algunos luchan contra violencia sexual, otros la deuda. La pregunta es si eso puede hacer los movimientos más sostenibles que el de los críticos de la globalización
ZEIT Campus: Usted escribe que el espíritu de la revuelta había sido portado como una antorcha desde Túnez a Egipto y de allí a Europa y Estados Unidos. En Túnez y Egipto, gobiernan hoy los islamistas y el ejército, España y Grecia todavía tienen grandes problemas económicos, y el Parque Zuccotti en Nueva York es sólo un espacio vacío cerca de Wall Street. Uno podría decir: Dondequiera que la antorcha ardió, sólo quedaron cenizas. 
Hardt: Buena metáfora, pero vamos a intentarlo de otra forma: en 1851 Karl Marx miraba atrás a medio siglo de levantamientos revolucionarios en Francia. No vio nada nada más que oportunidades malgastadas: La revolución de 1789 acabó con Napoleón, tan malo no es ni siquiera hoy en Túnez. En 1830 fracasó la revolución de junio, en 1848 la revolución de febrero. Marx no estaba frustrado, sino que describió el proceso revolucionario como un topo. Cada pocos años saca la cabeza fuera de la tierra. Pero no va a desaparecer aunque usted no lo vea. Bajo el suelo excava hacia adelante y siempre se presenta en nuevas ubicaciones. 
ZEIT Campus: Y usted cree: ¿que hoy también es así?
Hardt: Occupy Wall Street me parece una evolución de las protestas sin líder de los críticos de la globalización. También hay similitudes entre las consignas de los rebeldes durante la crisis económica de Argentina en 2001 y las de los Indignados en España diez años después. La metáfora del topo no es perfecta, pero ayuda a mantener el ánimo. 
ZEIT Campus: A diferencia que durante la Revolución Francesa en Occupy Wall Street no se erigió ni una sola guillonina.
Hardt: Un momento, ¿cree que lo lamento?
ZEIT Campus: No necesariamente, pero...
Hardt: Bueno, mi madre me enseñó a no hablar de guillotinas delante de una grabadora.
ZEIT Campus: De todos modos, 2011 no cambió nada en Europa y los Estados Unidos.
Hardt: Sí. En Estados Unidos hoy es muy diferente la discusión sobre la pobreza y sobre el poder de los mercados financieros. Los medios de comunicación se han dado cuenta de la conexión entre el orden social y la desigualdad. Esto puede no parecer revolucionario, pero es un éxito de las protestas, lo que puede provocar el cambio a largo plazo.
ZEIT Campus: A menudo se dice que esta es la peor crisis económica desde la Gran Depresión en los años treinta. Luego se siguieron en muchos países grandes cambios políticos: New Deal, el fascismo, el estalinismo. ¿Por qué no vemos nada así hoy en día? 
Hardt: De esa comparación no tengo nada que decir. Los años treinta no se repitarán. 
ZEIT Campus: Aún así: a pesar de la indignación no hay una mayoría en contra del capitalismo. ¿Por qué no hay quien le pueda? 
Hardt: Lo considero más un muerto viviente, como un zombie: el capitalismo está acabado intelectualmente, pero todavía anda por la zona, causando daños. Somos conscientes de sus deficiencias, pero no podemos imaginar algo mejor. Fredric Jameson escribió, hoy se nos hace más fácil imaginar el fin del mundo que el final de nuestro sistema económico. Hay algo de verdad en ello.
ZEIT Campus: ¿Cuál es el auténtico fin para usted un mundo sin propiedad privada? 
Hardt: No, eso podría ser un medio, no un fin. El objetivo de un cambio revolucionario es una sociedad que nos permita a todos mejorar para desplegar nuestro potencial. Para muchas personas hoy no hay ninguna posibilidad de hacer lo que podrían hacer si pudieran. Es brutal ser privado de sus capacidades porque no hay trabajo ni participación. Así comenzaron las protestas en Túnez. 
ZEIT Campus: En las democracias liberales en Europa y los Estados Unidos, el individuo está en el centro de la política. Usted escribe en sus textos siempre de colectivos. ¿No cree que una persona puede cambiar algo? 
Hardt: En estos países la dominación se basa en convertir a las personas en individuos y así separarlos unos de otros. No venimos al mundo como individuos, vivimos en relaciones sociales.
ZEIT Campus: ¿No trata también el liberalismo de relaciones?  Es una idea liberal que todos puedan decidir por sí mismos con quien quieren hablar, dormir y vivir.
Hardt: Es una gran diferencia filosófica si usted cree que es un individuo que decide si y con quien entra en relación, o que está inmerso desde el principio en relaciones, de las cuales a veces puede separarse. 
ZEIT Campus: ¿Qué significado posee eso para las protestas políticas?
Hardt: Bien, los movimientos de los últimos años tienen también en común esta idea filosófica: no estamos solos con nuestra impotencia, pobreza o endeudamiento. Estos movimientos nos enseñan a reconocer nuestros rasgos comunes e imaginar alternativas al sistema dominante.
ZEIT Campus: ¿Es revolucionario soñar?
Hardt: Depende. Si con ello se refiere a despertar nuestra fantasía, estoy de acuerdo. Pero si se refiere a distracciones ociosas, individuales, entonces no. Revolucionario es el sueño común con los otros que se convierte en realidad.»