30 junio 2013

No es el descontento, es la desafección por José Ramón Montero y Mariano Torcal Loriente (El País)

No es el descontento, es la desafección
por José Ramón Montero y Mariano Torcal Loriente (El País)
Si los ciudadanos pasan de los políticos, no les piden cuentas, no castigan a los corruptos y no premian a los que se lo merecen, ¿quién controlará a los partidos o a los Gobiernos? ¿Cómo se les obligará a cambiar?
«En buena parte de los países europeos, el incremento de la insatisfacción con la democracia ha dado nacimiento durante las últimas décadas a los denominados ciudadanos críticos. Su principal rasgo es que intervienen activamente en la vida política para así modificar el funcionamiento e incluso los rendimientos del sistema político que les disgustaban. Los políticos deben necesariamente prestar atención a la voz de esos actores si quieren evitar su castigo electoral en forma de no reelección. En España, sin embargo, las principales características de los desafectos han radicado en la desinformación, la pasividad y el rechazo indiscriminado de partidos y dirigentes políticos. Exceptuando algunas minorías muy movilizadas, la participación política de los españoles para expresar sus preferencias y necesidades ha sido escasa. Ello ha aumentado la brecha entre los ciudadanos y los políticos, y sobre todo ha concedido a estos últimos una enorme capacidad de maniobra para actuar al margen (y casi siempre en contra) de los ciudadanos. Cuando llegaban las elecciones, la rendición de cuentas ha sido muy deficiente y la posibilidad de castigar a estos malos políticos resultaba aleatoria.»