19 noviembre 2015

Truthdigger de la semana: Jeremy Scahill por Alexander Reed Kelly (Truthdig)

Truthdigger of the Week: Jeremy Scahill 
por Alexander Reed Kelly (Truthdig)
Truthdigger de la semana: Jeremy Scahill
«El objetivo de revelar la verdad en toda su crudeza ha sido siempre el trabajo del periodista independiente. Con su nuevo libro, Guerras sucias.  El mundo es un campo de batalla (Dirty Wars. The World Is A Battlefield),  Jeremy Scahill renueva esta tradición sacando a la luz con la mayor claridad posible la última década de guerras clandestinas llevadas a cabo por el gobierno estadounidense.
Empleo las palabras "con la mayor claridad posible" porque en lo que respecta a los gobiernos, las verdades más horribles y más importates quedan siempre sepultadas por sus responsables. Las posiblidades que abre la tecnología para la comunicación en la era de Internet ha llevado a los funcionarios del gobierno a realizar unos esfuerzos sin precedentes a la hora de intentar mantener en secreto el asesinato innecesario de miles de inocentes y supuestos militantes en el extranjero, algunos de ellos ciudadanos estadounidenses. El fracaso de mantener al público confundido sobre estas materias podría propiciar un rechazo popular a estas políticas y una pérdida de poder político. Como resultado, la población (y los editores sentados en sus mesas de la industria editorial) dependen de periodistas que obligados por su conciencia arriesgan sus vidas y reputaciones para mostrar al resto de nosotros lo que los verdugos del mundo preferirían mantener oculto.

Es gracias a periodistas de investigación como Scahill que conocemos detalles no autorizados detrás de las escenas de la guerra de Estados Unidos en el siglo XXI. Tuvimos una prueba de ello en 2007 con el primer libro de Scahill, Blackwater: El ascenso del ejército mercenario más poderoso del mundo. Y el hecho se confirma con Guerras suciasEn el trailer (disponible más adelante) de un documental basado en el libro, Scahill cuenta su constatación de que las primeras líneas oficiales en la guerra contra el terror en Afganistán e Irak eran sólo una parte de la historia. "Hubo otra guerra, oculta en las sombras", dice.
Tanto el libro como el documental informan sobre  las guerras encubiertas de Estados Unidos en lugares a los que muchos estadounidenses no dedican ni un minuto: Afganistán, Pakistán, Somalia y Yemen. Los soldados en estas batallas, procedentes de las filas de los militares de EE.UU., las fuerzas mercenarias como Academi (antes conocida como Blackwater), y las tropas extranjeras,  "operan a nivel mundial y dentro de los Estados Unidos con órdenes de la Casa Blanca para hacer lo que sea necesario para cazar, capturar o matar a las personas designadas por el presidente como enemigos". No hay arma o táctica que no esté disponible para ellos. Ellos "se involucran en asesinatos selectivos, secuestran y retienen personas, y aviones no tripulados, AC-130, y misiles de crucero golpean" hoy en día con una legitimidad que sólo un presidente demócrata sonriente puede conferir.
Más allá de los datos que ofrece, el mayor valor del libro de Scahill puede estar en su confirmación de que en la guerra contra el terror no se trata de acabar con el terrorismo, y su verdadero propósito es mantener y expandirla. No hay duda de que la intervención militar estadounidense ha creado muchos más yihadistas dispuestos a dar la vida por la oportunidad de devolver el golpe en el imperio del mal de los que nunca existieron antes de los ataques del 9/11. Como el Truthdigger de la semana anterior,  Tom Engelhardt, escribió en una reseña en TomDispatch del libro de Scahill, inmediatamente después de los ataques, la administración Bush envió a sus soldados y agentes "para recoger inteligencia, entrenar a las fuerzas extranjeras... y sobre todo cazar y matar a los terroristas".  Iban, cita Engelhardt, "a salir a  'preparar el campo de batalla'". Lo extraño, sin embargo, continúa, es que el campo de batalla estaba "notablemente, extrañamente vacío".
No sería por mucho tiempo. El rugido de los motores y los disparos pronto provocó que los afganos y los iraquíes que se oponían a la ocupación de su país asumieran una posición defensiva. La situación se agravó cuando el gobierno de Obama llenó el cielo de Oriente Medio con aviones no tripulados cada vez con más frecuencia. Ahora la gente que vive allí lo hacen con el temor constante de ser asesinados desde el cielo sin previo aviso por un enemigo invisible. Estas políticas aseguraron que el previamente vacío campo de batalla pronto se llenara de oponentes. "Al mismo tiempo", escribió Engelhardt, Washington produjo "una máquina de matar y una máquina de generar terror."
En 2010, Scahill testificó en una audiencia del Comité Judicial de la Cámara sobre las guerras en la sombra de los Estados Unidos en Oriente Medio y el mundo árabe. "La actual estrategia de EE.UU.", dijo a los legisladores allí reunidos, "se puede resumir de la siguiente manera: Estamos tratando de matar nuestro camino hacia la paz. Y los campos de la muerte están creciendo en número". Una parte importante de la opinión pública estadounidense ha aceptado el argumento manifiestamente absurdo de que dejar a su gobierno matar es el camino a la resolución de sus problemas con el resto del mundo. Como Engelhardt nos recuerda, esto no fue cierto en Vietnam y no es cierto hoy en día. Este malentendido por parte de la opinión pública es el resultado de los esfuerzos oficiales y los medios de ocultar el hecho de que el gobierno ha desempeñado un papel destacado en la creación del panorama actual de hostilidad.
Durante su tiempo como corresponsal de seguridad nacional para la revista The Nation, Scahill ha publicado una serie de grandes historias sobre las actividades militares del gobierno estadounidense. En Guerras sucias, tenemos la cuenta, al mismo tiempo,  más detallada y fácil de leer de horrores como el asesinato del gobierno por aviones no tripulados de ciudadano estadounidense de dieciséis años Abdulrahman al-Awlaki, el hijo de un clérigo musulmán radical asesinado de la misma manera dos semanas antes. Gracias a periodistas como Scahill, los estadounidenses que están perturbados por los asesinatos que su gobierno lleva a cabo en todo el mundo, tienen acceso a la información necesaria para entenderlo. Por proporcionar este servicio vital, honramos a Jeremy Scahill como nuestro Truthdigger de la semana.»