La reforma (laboral) que surgió del ‘lobby’por Carlos Sánchez (El Confidencial)
"La Seguridad Social registra la existencia de 1,4 millones de empresas inscritas dentro del régimen general, y de ellas nada menos que 554.435 tienen un solo trabajador. Pero es que otras 541.839 empresas cuentan con una plantilla inferior a cinco trabajadores, mientras que 284.404 tienen menos de 50 trabajadores. ¿Qué quiere decir esto? Pues que más del 95% del tejido empresarial español no está afectado por convenios de empresa, y por eso articular una reforma laboral en torno a esa figura es simplemente un disparate. Básicamente por una razón: apenas 2.021 empresas -han leído bien- tienen en España más de 500 trabajadores. Sin duda, los excesos de la política de subcontrataciones tiene mucho que ver con la reducida dimensión de la empresa española.
La reforma, por el contrario, obvia los principales problemas de las pymes, y que tienen que ver, es evidente, con los costes salariales, aunque también con los extrasalariales (cotizaciones). Pero también con las cargas administrativas, la fiscalidad o los costes de los insumos. En su lugar, mantiene la jungla de contratos temporales (ahora hay uno más), que empobrece a la propia empresa y a los trabajadores. Hasta el punto de que cuando se tiene mano de obra de usar y tirar a través de la temporalidad lo que se sacrifica en realidad es la formación y la fidelidad laboral. ¿Alguien en su sano juicio puede pensar que son necesarios 364 días de trabajo en periodo de pruebas (sin indemnización ni preaviso) para saber si un empleado está capacitado para ser contratado en una empresa?
El resultado, como se sabe, es que cada año se produce un número de despidos colosal, inimaginable en cualquier país europeo. Existe, en este sentido, un reciente estudio de dos economistas del Banco de España –Laura Hospido y Juan Francisco Jimeno- que merece la pena rescatar y que dice que entre 2002 y 2009 se produjeron anualmente como media nada menos que 9,28 millones de bajas laborales en las empresas españolas.
Se trata de una cifra verdaderamente descomunal que viene a representar que cada año rota la mitad de la fuerza laboral. Y aquí está la sorpresa. Tan sólo el 5,15% de esas bajas tiene que ver con un despido del trabajador. Por el contrario, el 66% se deriva de la extinción del contrato, el 18% por voluntariedad del empleado y el 10% restante por otras causas.
Los datos son todavía más espectaculares si se tiene en cuenta que los despidos por causas objetivas –precisamente los que trata a fondo la reforma laboral- representan apenas el 3,17% del conjunto de bajas iniciadas por las empresas. Pues bien, sobre ese 3% gira la reforma laboral, lo cual no parece muy razonable. Y lo es mucho menos si se tiene en cuenta, como han explicado los expertos Blanchard y Tirole -el primero economista jefe del FMI, lo que le impide ser considerado un 'rojo' peligroso-, que es beneficioso que existan indemnizaciones, pues obligan a los empresarios, como recuerda Samuel Bentolila, a tener en cuenta los efectos negativos del despido. El análisis científico ha demostrado que la indemnización también puede servir para cubrir el coste social de las prestaciones por desempleo.
La causa del desatino probablemente tenga que ver con la capacidad de influencia de los grupos de presión, que legítimamente defiende los intereses de las grandes empresas, sin dudas las más beneficiadas por la reforma laboral. En particular las que tienen por delante todavía algunos procesos importantes de restructuración de plantillas (sector financiero, medios de comunicación…), muy afectadas por el coste de despido. Pero ya se sabe que en ocasiones lo que es bueno para General Motors no es bueno para el país."