El molesto factor humano
por Rafael Argullol (El País)"De dar crédito a lo que oí en el pub de la City, el emprendedor ideal de nuestra época es, casi, un habitante del mundo de las ideas platónico: encarna la idea del beneficio sin límites, del utilitarismo sin concesiones, de la eficacia sin la coacción de una moral, y en especial de aquella rancia moral burguesa en la que los empresarios simulaban estar preocupados por el bien común de las naciones y por el destino de sus trabajadores.
Para aquellos tres alegres bebedores de cerveza, la crudeza, e incluso la gélida belleza, del beneficio puro excluía cualquier atención al factor humano. No debería negarse la posibilidad de que aquellos tres antiguos alumnos de una buena escuela de negocios hubieran coronado la fantasía de suponer que en el mundo de los grandes números los hombres habían acabado siendo una sombra superflua. [...]
No pasa día sin que nuestros políticos, de cualquier ámbito, fustiguen nuestros vicios mientras alaban las virtudes de la eficiencia universal que se encarnan en el todopoderoso y endiosado mercado. Tenemos que arrepentirnos porque estamos al borde del precipicio. Puede ser cierto. Pero los súbditos del mercado que de tanto en tanto aspiramos a ser ciudadanos aún esperamos una explicación democrática de por qué somos o seremos precipitados al abismo.Es verdad que, como nos aseguran, somos culpables de haber querido vivir demasiado bien, sin que el mundo esté hecho para esos lujos, pero quisiéramos que se nos hablara asimismo de la inmensa codicia, corrupción y torpeza que nos ha llevado adonde estamos. Los que deberían hablar callan porque no están en condiciones de decir la verdad que les hundiría."