01 julio 2010

Nowhere man
por George Walden (New Statesman)

El hombre de ningún lugar
David Cameron es la apoteosis del político posmoderno. Una nube de irrealidad e inautencidad envuelve todos sus movimientos.
"Una de las razones por las que los seguidores angloamericanos de Jean Baudrillard fueran objeto de burlas es que nunca vieron el lado juguetón del travieso teórico francés. Su fuerte fue el simulacro, o la imperfecta imitación de la realidad, y su gradual disolución en un estado nihilista, hacia el cual, según estaba convencido, se encamina la sociedad como un todo. Si esto es el caso - y no estamos escasos de indicios - no parece que haya razón para excluir a los primeros ministros de esta huida general de la realidad.
Y la verdad, viendo a David Cameron en los debates de candidatos, a Cameron posando ante el número 10 de Downing Street, a Cameron encarnando un plebeyo en Whitehall, un fantasma entre las masas, ¿quién no ha sentido una sensación alucionatoria, un sentido de insustanciabilidad?"