30 junio 2010

Eficacia constituyente
por Gabriel Albiac (ABC)

"Una Constitución —había establecido Sieyès en 1788— es, en rigor, el código actual y transitorio que se otorga un sujeto constituyente —el pueblo constituido en nación—, que la precede y la sobrevive. De ahí que «no sólo la nación no esté sometida a una Constitución, sino que no pueda estarlo, ni deba estarlo». Y ello por lógica elemental: la Constitución sólo materializa un episodio temporal en el flujo perenne del sujeto constituyente que es la nación. «La voluntad nacional —concluye el padre del constitucionalismo moderno— no precisa más que de su propia realidad par ser legal». Decir naciónes decir aquello que decide acerca de las efímeras constituciones. Todo sería imposible, de otro modo. Porque «dejaría de haber Constitución a la menor dificultad que surgiese entre las partes, si una nación no existiese con independencia de toda regla y de toda forma constitucional». El alma de una Constitución no está en ninguno de sus artículos. Está en los Preliminares que, al definir la nación que opera como sujeto constituyente, fijan el límite para las sucesivas Constituciones, a lo largo de las cuales un pueblo permanece mientras sus normas cambian. La «nación catalana» del Prólogo del Estatuto no tiene «eficacia jurídica», en la medida misma en que concentra en sí toda la eficacia constituyente. Si Cataluña es una nación, el sujeto fijado por la Constitución de 1978, la nación española, ha dejado de existir, y la Constitución con ella. Y no queda ya más que convocar nuevas Cortes Constituyentes."