18 noviembre 2009

Estamos muertos
por Gabriel Albiac (ABC)

"Hacer que los jueces suplan al ejecutivo y que den a los delincuentes trato preferencial, por completo distinto al que recibiría cualquier pobre diablo que no posea la capacidad de chantajear al Estado, no es sólo una repugnante cobardía. Es la destrucción del derecho. La destrucción, por tanto, de la democracia. Porque, desde que el abad de Sieyès lo formulara en el verano de 1789, no hay más especificidad de una democracia moderna que la ficción jurídica que nos trueca a todos en iguales a la hora de responder ante ley y jueces. Que pueda existir un juez, que pueda existir una fiscalía, dispuestos a hacer un uso diferenciado de las leyes cuando los intereses de un gobierno así lo dicten; que se pueda tratar de diferente modo a un pirata somalí que a un criminal vallecano, es el fin -el fin- de la democracia.