16 diciembre 2015

Todo lo que se encuentra en Mazar por Ulrich Ladurner y Giuliana Sgrena (Die Zeit)

Imagen del documental de Jamie Doran Afghan Massacre: Convoy of Death

Was man in Masar alles findet
por Ulrich Ladurner y Giuliana Sgrena (Die Zeit)

Todo lo que se encuentra en Mazar
Durante la campaña de Afganistán hubo una masacre en Mazar-i-Sharif. Los testigos dicen que en ella participaron soldados de Estados Unidos. Esto aún no es una prueba. Una búsqueda de huellas.

"Es un día de viento. La arena se agita en el aire y ciega los ojos - como si el desierto de Dascht-i-Lailii quisiera ocultar sus secretos a los visitantes. Aquí, a una escasa hora en coche de la ciudad de Schebargan, puede encontrarse una fosa común; una fosa, que podría llenar de vergüenza a los occidentales.

Hombres montados a camello, que emergen de la nada, nos muestran finalmente el camino. Señalan a una hilera de arena, que a primera vista no se diferencia de una duna. Sólo más de cerca puede verse que aquí no hay ni los arbustos ni las matas de hierba que son innumerables en este desierto. Las huellas de vehículos pesados, probablemente excavadoras, han quedado marcandas profundamente. Pasaron por aquí para enterrar los muertos de diciembre de 2001, después de que los habitantes del cercano pueblo de Pul Korasan hayan protestado por el insoportable hedor a putrefacción.


A comienzos de mayo la tierra fue removida nuevamente. Esta vez por una comisión de investigación de la ONU, entre ellos dos forenses. A una profundidad de metro y medio la comisión encontró dieciocho cadáveres. A tres les fue practicada la autopsia. El resultado aún no ha sido publicado, pero según indicaciones de Manoel de Almeida de Silva, el portavoz de la ONU en Afganistán, se comprobó que los muertos pertenecían al pueblo de los pastunes, quienes mayoritariamente apoyaban a los talibán. Fisonomía corporal, ropa y turbanes permiten llegar a esta conclusión, dice de Silva. Como si el viento quisiera subrayar esta afirmación, agita un jirón de tela, tela negra. Negros eran los turbanes de los hombre que visitaron al menos cuatro años una escuela religiosa, una madrassa, o eran sajed, seguidores del profeta Mahoma. El color negro era también el símbolo del talibán.

"¿Por qué deberíamos sorprendernos por una masacre?"

Una habitante del pueblo Pul Korasan da voluntariamente información sobre los sucesos. Lo llamaremos Mir, pues por razones evidentes no quiere facilitar su verdadero nombre.

"He contado al menos trece contenedores, Fueron transportados en camiones. Era de día cuando llegaron." - "¿Cuándo fue eso?" - "Exactamente después de la batalla de Konduz." (En diciembre de 2001, N. del redactor) - "¿Podría decir cómo han muerto estos hombres? - "Se nos dijo que se ahogaron en los contenedores. Pero algunos contenedores estaban manchados de sangre."

Mientras Mir cuenta esto llegan dos camelleros. Informan de que ellos en el mismo período han visto hombres con las manos atadas a la espalda. No muy lejos de aquí han sido fusilados y enterrados.

"¿Eran afganos?" - "No eran pakistaníes, chechenos y árabes - "¿Quién los fusiló?" - "Los soldados del general uzbeko Raschid Dostum. Pero también estaban presentes americanos."

Volvemos a preguntar. Ninguna duda sobre la participación de los americanos. Dudas sobre eso no hay ni siquiera en las autoridades más altas. "¿Por qué deberíamos sorprendernos por eso? Los americanos dirigen la campaña antiterrorista. Ellos son responsables de las consecuencias, es igual si ellos han tomado parte en un acto particular o no" dice un funcionario de la ONU en Mazar-i-Sharif. Tampoco él quiera decir su nombre.

Pero, ¿de qué deberían ser responsables los americanos? ¿Qué sucedió realmente en diciembre en Mazar-i-Sharif?

Comprobado está lo siguiente: después de que las tropas de la Alianza del Norte, unidas a los americanos, habían avanzado hasta Kabul, los talibán decidieron —entre ellos muchos árabes, como se llama aquí a todos los seguidores extranjeros de la al-Qaida de Osama bin Laden— ofrecer resistencia. Después de una lucha que duró varios días se rindieron alrededor de cinco mil talibán. Entre quinientos y ochocientos (las cifras varían según las fuentes) fueron llevados como prisioneros a Mazar-i-Sharif, a la fortaleza del famoso general uzbeko Raschid Dostum, al que llaman Qala-i-Janghi.

La fortaleza que data del siglo XIX está alejada unos veinte kilómetros de Mazar-i-Sharif. Rodeada por un muro de un kilómetro y un metro de altura, y protegida por un foso, es una vista imponente en medio del desierto. Los prisioneros fueron encarcelados en uno de los edificios del interior, en una construcción de una sola planta, que normalmente sirve como almacén. En el muro exterior pueden verse aún los cráteres abiertos por las bombas de los aviones americanos. Soldados americanos presentes en la fortaleza tuvieron que pedir la ayuda de Black Hawk y AC-130 para, según se dijo, para reprimir una rebelión armada de los prisioneros.

¿Cómo consiguieron los prisioneros armas? "Cuando los talibán fueron llevados allí, era de noche. Eran alrededor de quinientos. Nosotros les hemos quitados las armas", dice el general Scheja al-Din, uno de los responsables de la seguridad en Masar, "pero después descubrimos que algunos llevaban granadas de mano en el cuerpo. Tres prisioneros, esa misma noche, se han volado por las aires. También uno de nuestros generales ha muerto. Al día siguiente intentamos repartirlos en pequeños grupos, por ello nuestros soldados también fueron atacados. La lucha empezó."

Las televisiones transmitieron en directo esta cruel batalla — fueron de las pocas imágenes que mostraron lo que en realidad era la guerra en Afganistán. Según las indicaciones del general Scheja al-Din 80 de sus hombres perdieron la vida. Murió también un agente de la CIA presente en la prisión. De los prisioneros sobrevivieron sólo 86.

Haq Mohammed es uno de oficiales responsables del acceso a la fortaleza. "Los prisioneros recibieron el depósito de armas en su mano", dice Haq Mohammed y señala a un almacén que está detrás del edificio en el que los talibán estuvieron alojados. "Normalmente aquí no se aloja a prisioneros. Tampoco hoy." El oficial da a entender que considera el encarcelamiento en esta casa al menos como una imprudencia. "El general Raschid Dostum y cinco oficiales americanos llevaban en aquel momento el mando"

Los 86 supervivientes de la rebelión fueron trasladados, nadie sabe a dónde. En cambio se enterró a los muertos en fosas comunes alrededor de Mazar-i-Sharif. De 5000 talibán capturados en Konduz llegaron sólo una pequeña parte a Qalal-i-Janghi. La mayoría fueron llevados a la prisión de la ciudad de Scheberghan alejada 150 kilómetros —300 en cada container. El problema es que de los aproximadamente 5000 prisioneros sólo 3400 llegaron a Scheberghan. Este es el número oficial que indica el director de la prisión, General Akhtar Mohammed. John Hefferman y Jennifer Lessing, los dos autores de una investigación de la organización americana de derechos humanos Physicians for Human Rights, hablan incluso de 3000 prisioneros en Schebergahn. Si se resta de los 5000 los 3000 o 3400 y los alrededor de 600 muertos de la prisión de Qala-i-Janghi, sigue abierta la cuestión: ¿Qué sucedió con los al menos 1000 talibán restantes?

No es difícil encontrar hombres en Shebergahn que puedan hablar de los sucesos del desierto de Dascht-i-Laili. Informan sin excitarse de ejecuciones y talibán ahogados en contenedores. Pero nadie quiere denunciar lo sucedido, por ejemplo, ante la representación local de la ONU. ¿Es el miedo del general uzbeko Raschid Dostum, el señor de Schebergan lo que se lo impide?

La verdad es más sencilla y espantosa. Los hombres en Scheberghan no son conscientes del significado y el peso de sus testimonios. ¿Cómo podrían serlo? Después de 23 años de guerra, después de la invasión soviética, después de la guerra civil y el terror talibán no existe conciencia de sus propios derechos, por no hablar de las reglas del derecho internacional. La única ley, que aquí se reconoce, es la ley de la venganza. Los hombres consideran la masacre como una justa revancha contra los talibán, los paquistaníes y los árabes.

"Los talibán se merecían ese final"

"¿Por qué tendríamos que haber denunciado los fusilamientos?", pregunta Mir, el testigo del pueblo Pul Korasan. "Los talibán han enterrado aquí a cerca de 3000 Hazara, que fueron asesinados después de la conquista de Mazar-i-Sharif. Es justo que hayan tenido el mismo final". Mazar-i-Sharif se convirtió en la tumba de los talibán y no sólo desde el final de los actos de guerra en diciembre del año pasado.

Mazar-i-Sharif, la más abierta al mundo de las ciudades del país, fue para los fanáticos religiosos de los talibán durante mucho tiempo inaccesible. En mayo de 1997 una querella interna entre los uzbekos les ofreció finalmente una oportunidad. El general Malik se había enemistado con su señor, Raschid Dostum, y prometió su apoyo a los talibán. Dostum tuvo que huir de repente de Mazar-i-Sharif. Malik creyó erróneamente alcanzar su objetivo y esperó poder compartir el poder con los talibán. Pero los talibán aspiraban a un poder exclusivo. Se produjo una rebelión, dirigida por los grupos de Hazara asentados allí. Malik se sobrepuso y los talibán se dieron a la fuga. El legendario señor de la guerra Schah Achmed Massud, asesinado en un atentado, les cerró el camino de vuelta a Kabul. 3000 talibán desaparecieron entonces en el desierto Dascht-i-Laili. Fue hasta aquel momento su más severa derrota.

La de Pul Korasan es, por tanto, sólo una de las muchas fosas del desierto de Dascht-i-Laili. Pero es la primera que podría llegar a ser un caso internacional. Physicians for Human Rights entregó en enero un informe de 20 páginas sobre las fosas comunes a los gobiernos de Afganistán y EEUU, así como a la representación de ONU en Afganistán. Exigen preservar las fosas comunes, para evitar una posible eliminación de pruebas. La ONU se unió a esta petición, pero hasta hoy nadie reaccionó. Ni el gobierno de Afganistán ni los líderes de la lucha contra en terror: los Estados Unidos.

Está indiferencia y la preocupación de que puedan desaparecer las pruebas llevaron al documentalista iraní Jamie Doran a presentar ante la opinión pública su inacabado documental Masacre en Masar. Las declaraciones son tan contundentes que a principio de julio el parlamento europeo quiere debatir sobre ellas.

Los EEUU rechazan todos los cargos

El ministerio de defensa en Washington ha desmentido oficialmente toda participación en las masacres. También rechaza el pentágono el cargo de tortura, que es planteado en el documental. Por ejemplo, dice un testigo: "He visto como un soldado americano ha desnucado a un prisionero y como a otro le ha echado ácido en la cara."

Hemos tratado de aclarar estas acusaciones, pero en el curso de nuestra investigación en Mazar-i-Sharif no hemos podido reunir ninguna incriminación directa. Sin embargo, hemos encontrado hombres que pudieron visitar a los prisioneros. Nos informaron de prisioneros con lesiones nerviosas irreversibles a consecuencia de haberles atado demasiado tiempo las manos a la espalda. Otros padecían fuertes dolores de espalda por los golpes recibidos y que probablemente aún recibían. En todo caso se sabe que algunos prisioneros —según John Hefferman de Physicians for Human Rights fueron 120— fueron interrogados por soldados de EEUU y agentes de la CIA. No se sabe nada más.

En la fortaleza de Qala-i-Janghi ya no hay prisioneros. Pasamos por una serie de celdas que están aisladas en una patio. Los prisiones hablan libremente y no actúan intimidados por la presencia del director de la prisión.

Describen un suceso, que en la carnicería general y en el relativo y escaso suministro de información hasta ahora no fue conocido, un caso de estrategia brutal digno de mención: cuando la Alianza del Norte ya había entrado en Mazar-i-Sharif, se atrincheraron más de medio millar de talibán en la escuela Sultan Rasia, en el centro de la ciudad. Eran paquistaníes, chechenos y árables. Prestaron amarga resistencia. También en este caso su resistencia fue vencida por las bombas americanas. El resultado: 570 víctimas. La Cruz Roja reunió después los cadáveres. Los enterradores recibieron un dólar por día. La historia de la escuela no la confirma Nasrin, una activista de una organización de mujeres afgana. Los muertos de Sultan Rasia no merecieron hasta ahora ni una línea en las noticias.

¿Qué sucedió con los prisioneros en Scheberghan? El complejo de la prisión tiene proporciones enormes, dos muros externos lo circundan. Detrás del muro exterior están alojadas oficinas y una clínica. Detrás del muro interior viven los prisioneros. La puerta principal a esta parte está cerrada para nosotros. Delante del cuarto del director beben soldados de vigilancia té. El General Akhtar Mohammed informa: "Hoy viven aquí 1270 prisioneros, entre ellos 579 talibán. En los últimos meses hemos puesto en libertad dos grupos de aproximadamente 600 personas. Esperamos que pronto podamos poner en libertad a todos."

El director admite sin tapujos que las condiciones en su prisión son extremadamente duras. Los informes de los liberados confirman esto: apenas hay qué comer, la mayoría se alimentan de agua con azúcar, las enfermedades y la violencia entre los propios reclusos hacen estragos.

Al menos los prisioneros de Scheberghan han sobrevivido, al contrario de los al menos 1000 que jamás alcanzaron la prisión, los alrededor de 600, que perdieron la vida en la fortaleza de Qala-i-Janghi, y los 570 de la escuela de Sultan Razia. Que una parte de los 1000 desapareció, y otro murió asfixiada en los contenederos, está fuera de toda duda. Si esto sucedió con participación de los soldados americanos no se puede manifestar de una manera que no deje lugar a dudas. Para ello se precisa más que unas cuantas declaraciones de testigos. No podrá ser probado en tanto que no se investiguen las fosas en el desierto.

Y en tanto esto no sucede la vida seguirá igual para Afganistán: reinará la venganza. En un pueblo a las puertas de Kabul, los habitantes mataron, durante la retirada de los talibán el pasado noviembre, a un "árabe". Lo quemaron y lo colgaron de un farol. Para que sirviera de disuasión. Representantes de la ONU han intentado quitar el cadáver y enterrarlo. Los habitantes del pueblo lo han evitado. El cadáver aún sigue allí."